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Los desahucios

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Día de la Almudena. (Las distintas secuencias se montarán en paralelo).

1.Baracaldo. Calle Escuela de Artes y Oficios, nº11.
Un grupo de funcionarios del Juzgado número 4 , acompañados por un cerrajero, comprueban que no tiene sentido llamar al portero automático porque el portal del edificio está abierto.

2. Piso 4º A del mismo inmueble.
Una mujer rubia de 53 años coloca una silla junto a la ventana.

3. Madrid. Catedral de la Almudena.
Un grupo de personas, vestidas y peinadas para la ocasión, celebran la fiesta de la patrona madrileña. Oficia la eucaristía el cardenal arzobispo de Madrid Rouco Varela. Ana Botella, la alcaldesa de Madrid, se dirige a los pies de la Virgen y se coloca frente a un micrófono.

4. Baracaldo. Interior del inmueble.
El grupo de funcionarios, más un cerrajero, suben por la escalera o van dentro del ascensor. Se detienen en el cuarto piso de la escalera B.
En el interior del 4ºA, la mujer de 53 años, Amaia Egaña, se sube a la silla, junto al borde de la ventana. Oye voces en el descansillo y ruidos del cerrajero abriendo la puerta de la que hasta esa mañana ha sido su casa.

5. Madrid. Catedral de la Almudena.
Ana Botella, frente al micrófono, reza a la Virgen por la situación que atraviesan numerosas familias a causa de la crisis económica. Primer plano de la Virgen a la que van dirigidas las palabras de la alcaldesa.

6. Barakaldo. Piso 4ºA, escalera B.
El cerrajero acaba de abrir la puerta del piso de Amaia Egaña, los funcionarios irrumpen en el interior. Da la impresión de que no hay nadie en la casa. En ese momento Amaia Egaña yace tendida en la acera de la calle (un momento antes de que la comitiva entrara en el piso ella se arrojó por la ventana.)
Cuando el grupo de funcionarios busca alguien en la casa y salen al balcón, descubren la silla y el cuerpo de Amaia agonizando en el suelo de la calle, se escucha en off la voz de Ana Botella confiándose a la Virgen: "Somos una gran nación... unidos siempre somos más fuertes para salir triunfantes de todos los desafíos que debemos afrontar..."

7. Barakaldo. Calle Escuela de Artes y Oficios, nº 11.
La voz en off de Ana Botella se extingue con la llegada del médico de la UVI móvil que certifica la muerte de Amaia Egaña.

Los desahucios son una verdadera catástrofe que, al igual que tornados, huracanes y terremotos, requieren de los gobiernos unas medidas inmediatas y eficaces que solucionen la situación de desesperación y absoluto desamparo de sus víctimas.

Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca el número de desalojos durante el primer trimestre del año alcanza la cifra de 46.559, es decir, 517 desahucios al día. La perspectiva de que este mismo lunes pueda haber quinientas diecisiete personas a las que, cuando miren por la ventana de su casa amenazada, se les pase por la cabeza que arrojarse al vacío sea la única solución de que disponen, resulta terrorífica e insoportable.

No han bastado las incesantes muestras de preocupación y solidiaridad ciudadana, la protesta de 46 jueces decanos, las críticas de la UE declarando abusivos los contratos hipotecarios españoles, las miles de familias, con niños pequeños y ancianos condenados a la indigencia. Nada de esto ha sido suficiente para que nuestro gobierno pusiera en su lista de prioridades el problema de los desahucios. Han hecho falta dos suicidios para que Rajoy diga "espero que paralicemos el lunes los casos de familias vulnerables", aunque viniendo de él esto puede significar cualquier cosa.

¿Incluirá Rajoy entre "las familias vulnerables" a las personas que avalaron con su casa la hipoteca de sus hijos, personas mayores que también están siendo amenazadas con el desahucio? Porque a las víctimas en primer grado de este perverso sistema hipotecario hay que sumarle un segundo grado de afectados, los padres que avalaron a sus hijos con su único bien, su propia vivienda, fruto de toda una vida de trabajo, ahorro y sacrificio. ¿Se les puede reprochar a estos abuelos haber vivido por encima de sus posibilidades? Hace unos días, una mujer mayor se encadenó junto a su marido a una sucursal de Unicaja y un juez le puso una multa de 200 euros porque dañó un cristal de la puerta al encadenarse. A este tipo de sucesos nos referimos cuando acusamos al gobierno de falta de sensibilidad.

Hablando de sensibilidad, aunque en ella habría que calificarlo de sensiblería, la alcaldesa de Madrid ha estado sembrada en cualquiera de sus reacciones a propósito de las tragedias que la rodean. No voy a insistir en el asunto del spa portugués, ya se ha hablado bastante de ello en los últimos días. La sociedad española espera que se aclaren las responsabilidades en todo lo relacionado con el caso Madrid Arena, donde murieron cuatro adolescentes en una avalancha. Si como se ha demostrado, el local no reunía las condiciones de seguridad necesarias para promover una macrofiesta como la del jueves día 1, esto significa que el Ayuntamiento está incumpliendo su propio reglamento en temas de seguridad de actos públicos, donde las aglomeraciones son más que previsibles.

Si el motivo del incumplimiento es recaudar dinero por el alquiler a la empresa organizadora del evento, se da la paradoja de que el Ayuntamiento no solo no es el principal garante de la seguridad de los ciudadanos, sino un peligro para los jóvenes a los que debería proteger. Tiene razón Ana Botella en su plegaria a la Virgen de la Almudena cuando dice que "todos los madrileños han sentido como propio el dolor de los familiares de las víctimas, muy especialmente los que son padres... ". Los que no somos padres también lo hemos sentido. Y unos y otros estamos a la espera de que, si la justicia y la policía demuestran que las muertes fueron debidas a fallos de seguridad, el ayuntamiento estará en primera línea de responsabilidad.