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Pablo Iglesias e Irene Montero entran al club de las parejas del poder

21/02/2017 20:50 CET | Actualizado 21/02/2017 22:40 CET

Teodora y Justiniano de Bizancio, Catalina y Pedro El Grande, Eva Duarte y Juan Domingo Perón, Elena y Nicolas Ceaucescu, Jiang Qing y Mao Zedong, los Kirchner, Aznar y Botella. Son algunos de los miembros más conocidos del club de parejas del poder, unos hicieron historia en mayúscula y otros en minúscula. Son parejas en las que la relación personal y profesional se funde formando un binomio imparable. Libres ya de la 'carabina' de Errejón y sin que nadie se interponga en su camino, Iglesias y Montero han protagonizado hoy una foto que la historia se encargará de decidir si es para un párrafo o una línea.

En solo un año, la actual número dos de Podemos ha pasado de sentarse en la fila de detrás de Iglesias a desbancar a Carolina Bescansa y a Iñigo Errejón. Fue el 13 de enero de 2016 cuando Pablo Iglesias le hacía monerías al bebé de Bescansa ante un Errejón que parecía no tener muchas ganas de participar de la escena. La desaparición de Bescansa fue rápida. El 1 de marzo pasó a sentarse en el escaño de Montero mientras está ocupaba el suyo. Once meses después es Errejón el que se sienta en el que fuera primer escaño de Montero, fuera ya del núcleo de Podemos.

A Montero hay que reconocerle que pocas veces en la historia la pareja de un líder ha tenido un ascenso tan rápido, pese a la velocidad de ese partido. La Influencia de Irene como poder emergente de la formación morada se veía venir desde que pisó el Congreso. Su fuerte carácter, la enorme capacidad de trabajo que hasta sus adversarios reconocen, y su peso como pareja de Iglesias hacían imparable la escalada.

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La historia esta repleta de parejas que forman equipo en lo público y en lo privado y que han dejado una huella imborrable. Si nos remontamos a la historia antigua, ahí está la gran Teodora de Bizancio, la actriz que llegó a esposa y emperatriz con Justiniano -hoy ambos son santos en la Iglesia ortodoxa-. Le costó bregar años y años con los turcos y mediar entre diferentes facciones religiosas, pero logró hacerse popular y muy querida entre los bizantinos. Eso sí, tuvo que morir antes que su querido Justiniano.

Dando otra patada a los siglos, nos plantamos en el Imperio Ruso, en plena época gloriosa de los Romanoff. A la campesina Catalina I le costó soportar todo tipo de humillaciones por parte de Pedro El Grande, desde vivir en la sombra hasta tener que casarse con él en secreto -ya estaba casado con una noble antes- pero tras décadas de servicio leal al emperador, Catalina I logró coronarse emperatriz y no lo hizo mal; aunque no tan bien como Catalina II, la gran Catalina de Rusia, de nombre Sofia, que se casó con Pedro III, un nieto bastante bobo de Pedro el Grande.

A Catalina II -más culta y formada que la primera, una auténtica ilustrada amiga de los hombres de la Enciclopedia Francesa- no le costó mucho que la corte de los Romanoff y las principales familias de la nobleza rusa se dieran cuenta de lo tonto que era Pedro III. Hasta tal punto que logró que le descabalgaran del trono y ella -sin ser una mujer con sangre de la dinastía sino consorte- saltó al trono. Para Rusia, lo hizo estupendo, rematando la obra de Pedro el Grande.

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Ya en el siglo XX tampoco es difícil encontrar esposas o compañeras de líderes políticos que llegaron a ejercer una influencia tremenda -cuando no el poder- sobre los pueblos o naciones donde gobernaron, de la mano de sus maridos, amantes o compañeros. La actriz y luego esposa de Juan Domingo Perdón, Eva Duarte de Perón, líder arrolladora de los obreros argentinos, renunció a la vicepresidencia del Gobierno -su marido era presidente- el 31 de agosto de 1951, entre otras cosas porque ya estaba enferma de cáncer. Pero su popularidad y su imagen atraviesan la segunda mitad del siglo XX y marcaron una parte de la historia argentina, proyectada también sobre los Kirchner. Cristina Fernández de Kirchner llegó a la presidencia a la muerte de su marido, Néstor Kirchner, a lomos de la imagen de Evita Perón y ahí ha estado, hasta hace bien poco.

En el bloque "rojo" del siglo XX también hubo parejas interesantes que compartieron el poder. Es el caso de Madame Mao, Chiang Ching para Occidente y Jiang Qing para los chinos, dirigente de la Revolución Cultural, cuarta esposa de Mao Zedong, de infausto recuerdo para los chinos, y luego miembro de "La Banda de los Cuatro" a la muerte de Mao. Con todo, el final de Chiang Ching no tiene nada que envidiar al de Elena Ceaucescu, viceprimera ministra y esposa del presidente de Rumania, Nicolas Ceaucescu.

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La última comparación de los Montero-Iglesias ha sido con los Botella-Aznar, aunque estos últimos entrarían con minúsculas en la historia. Montero siempre tendrá a su favor que ella ha logrado su escaño en las urnas y un asiento a la derecha del gran líder en tan solo un año. Además ha sido refrendada por la militancia de Podemos en Vistalegre 2 hace diez días, convirtiéndola en la cuarta más votada.