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Por qué Alberto Garzón puede merendarse a Pablo Iglesias

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Foto: EFE

Había una vez una niña adorable que quería mucho a su abuelita. Se llamaba Caperucita Roja, debido a la capita tan roja -como la bandera de IU- con que se cubría.... En los últimos días, esa niña ha cambiado el nombre por el de Alberto Garzón, un joven político presuntamente ingenuo que va a ser devorado por el Lobo Feroz, de nombre Pablo Iglesias. Este es el cuento al que más interpretes se han apuntado a la hora de valorar el pacto Podemos-IU acordado por sus dos líderes. Sin embargo, como en el relato, los acontecimientos pueden desarrollarse de forma diferente a como se intuía en el inicio.

La cesta con la merienda que lleva Alberto Garzón a casa de Podemos, donde espera su abuelita, esconde más dulces de los que el lobo puede comer sin indigestarse y ser finalmente devorado por la angelical criatura de la capucha roja. Estas son las principales golosinas envenenadas:

Garzón, el adorado

Su talante y su aspecto de buen chico son un plus. Es tan valorado entre los votantes de Podemos como el propio Pablo Iglesias. Es más, mientras el líder de IU obtiene un 6,79 entre los votantes de Podemos, Iglesias no llega al aprobado entre los de Garzón, un 4,99. Como se sabe, gracias a las encuestas del CIS, de los nuevos líderes, Pablo Iglesias es el que más ha caído desde que existe Podemos. Su nota solo la empeora Mariano Rajoy, que carga con el desgaste del Gobierno y la corrupción del PP. "Alberto es un hombre de Estado nato pese a su edad. Asombra su madurez. Ha bregado muchísimo dentro de IU, y eso curte", asegura una fuente de su partido.

Garzón blanquea a Iglesias (pero también mide su envergadura política con él)

Arropado por el acuerdo con IU, más los que se mantienen con las confluencias, los estrategas de la formación morada pretenden amortiguar la polarización que despierta el líder de Podemos -o le aman o le odian-. Esta es otra de las razones por las que Iglesias ha decidido abrazarse a la imagen del economista de Izquierda Unida con menos reparos que antes elecciones del 20D del año pasado, cuando el propio Garzón reconocía en privado haberse sentido humillado por el altivo Iglesias.

Ahora, los electores van a tener ocasión de comparar a ambos líderes a los largo de estas semanas. Aunque hagan campañas separadas, IU gana visibilidad y presencia en los medios, algo para lo que "Alberto se ha desgañitado", matiza un amigo del de IU.

La naturalidad de Garzón

Frente a la impostura de un Pablo Iglesias en permanente pose para los medios, resalta todavía más la sencillez de Garzón. "A Iglesias le han dicho que tiene que ser amable, que se quite la arruga del entrecejo y abandone ese tono tan bronco que ya resulta hasta monótono, y tan impostado, que agrede al telespectador. Y dado que va a hacer la campaña yendo de programa en programa, le conviene cambiar de registro. Mientras que Alberto Garzón transmite naturalidad e incluso humildad, aunque no sea cierta", explica un asesor de imagen próximo a la izquierda. "No parece tener problemas con su ego, y si los tiene, lo sabe administrar muy bien", aseguran en el entorno de Garzón. El mismísimo Julio Anguita, con su gran YO, ha resaltado la "lección magistral de humildad" que ha dado el joven número uno.

La credibilidad de Garzón frente a la incoherencia de Iglesias

Alberto Garzón e IU se han movido muy poco de donde estaban. Garzón ha sabido a qué partido y con qué ideología se incorporaba. Un partido de izquierdas, con un poso comunista fuerte que había que cambiar, como en su día evolucionaron Berlinguer o Carrillo, pero siempre un partido de izquierdas. Iglesias ha jugado en una formación que apostaba por el arriba-abajo y lo caduco que quedaba lo de ser de izquierdas. Ha hecho un viaje muy largo para acabar donde no quería, abrazándose a la izquierda radical y renunciando quizá al voto transversal. "Supone apostar por un proyecto (no ya una organización, que también) cuyo abandono supuso la razón de ser de Podemos. Si decíamos que la izquierda no consigue construir pueblo porque divide por abajo, cuando los ejes de significación política debían ser precisamente verticales y no horizontales, este viraje ahora no tiene sentido", apunta una voz crítica desde Podemos.

La experiencia es la madre de la ciencia

No hace falta recurrir al CIS ni a ninguna otra encuesta. Hasta entre los miembros de Podemos se reconoce que Alberto Garzón es mucho mejor parlamentario y diputado que Iglesias desde la tribuna del Congreso. "Pablo no distingue aún entre estar en un mitin o estar en la tribuna y eso le convierte en desagradable para todos", critica un sociólogo que sigue la trayectoria de los de la Complutense desde el primer día. "Alberto es mucho más frío que Pablo, controla los tiempos y se ha llevado ya muchos palos, por lo que no es fácil calentarle. Deja trabajar a la gente, ni domina ni controla. Delega y confía, aunque en ocasiones suponga decepciones. Tal y como se ha visto, tiene más cintura política", matiza un colega de ambos.

Tiempo queda por delante para observar quién devora a quién. Un aliciente más para esta penosa campaña y los inicios de legislatura.