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¿Estamos a salvo del agua radiactiva de Fukushima?

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EFE
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El terremoto de Japón de 2011 creó un tsunami con olas de más de 40 metros de altura que arrasaron todo lo que encontraron en su camino, provocando una gran cantidad de pérdidas humanas y económicas, y supuso un gran golpe para el país. Entre los desastres ocasionados por esta catástrofe se produjo una rotura en los sistemas refrigeración de varios reactores de la central nuclear de Fukushima I, una de las de mayor capacidad del mundo. A lo largo de marzo y abril de 2011 se sucedieron varias explosiones en su interior y se confirmó la fuga de agua radiactiva al mar.

El océano tiene capacidad para diluir el agua radiactiva, pero el principal problema proviene de la incorporación de los isótopos radiactivos hacia la cadena alimenticia, incorporándose en los tejidos de los organismos. En accidentes de centrales nucleares que han ocurrido en Francia e Inglaterra se encontraron concentraciones elevadas de cesio y plutonio en focas y cetáceos que se habían alimentado de pescado contaminado. Todavía no se conocen con exactitud cómo afecta la contaminación radiactiva sobre la vida marina y el contacto de ésta con el hombre. Hoy en día se desconoce cómo pueden reaccionar los isótopos radiactivos con moléculas presentes en el agua marina, y si se quedan flotando en el agua o bien precipitan al fondo marino. Esta cuestión es de vital importancia para determinar la superficie de afección de agua radiactiva que puede ser desplazada grandes distancias por la dinámica marina.

Lamentablemente las consecuencias del accidente de la central de Fukushima no las conoceremos hasta dentro de varios años, tal y como sucedió con el accidente de Chernóbil en Ucrania. Sin embargo, los científicos han empezado a considerar la contaminación radiactiva procedente de Fukushima como la responsable de varios fenómenos que han ocurrido en el último año y de los que no existen precedentes. Por ejemplo, las poblaciones de salmón Chinook en la costa oeste de Canadá han experimentado una disminución muy acusada y que ha sorprendido a todos. En las últimas semanas se han encontrado águilas calvas, símbolo nacional de Estados Unidos, moribundas y con síntomas desconocidos en el estado de Utah; algunas voces señalan a la radiación procedente de Fukushima como causa probable. En Canadá han observado que es la contaminación radioactiva una de las responsables de la mortalidad masiva de estrellas de mar, conjuntamente con la cantidad de desechos procedentes del tsunami y que han llegado a la costa oeste americana y canadiense a través de las corrientes oceánicas.

Resulta inquietante pensar que los efectos del tsunami y la contaminación radioactiva se manifiesten más de dos años después en puntos localizados a 6.000 kilómetros de distancia.

Pero éstos son los primeros síntomas. ¿Qué sucesos ocurrirán en los próximos años en otros puntos afectados?