España es, tras Estados Unidos, el país del mundo que consume más fármacos por habitante. Dato estadístico inquietante para cualquier sociedad. Esto no ha sido siempre así. Nuestros abuelos apenas se medicaron. La mayoría de los españoles adultos tomó pocos fármacos en su infancia. Lamentablemente hoy lo habitual es que cualquier niño haya tomado antibióticos en muchas ocasiones, además de cantidades significativas de paracetamol e ibuprofeno. Esta última sustancia alcanza concentraciones altísimas en las aguas de ciertos ríos españoles, donde terminan la mayoría de los componentes farmacológicos que el cuerpo elimina por la orina.
Probablemente sea posible inferir que un consumo excesivo de pastillas (al igual que uno muy deficitario) sea un indicador de mala calidad de salud. El sobreuso producirá problemas como efectos secundarios, interacciones entre medicamentos, reacciones alérgicas y otros muchos.
Lo principal es dilucidar si los fármacos ofrecen respuesta o solución a los problemas para los que la gente los toma. En la mayoría de los casos buscamos en ellos respuesta a síntomas puntuales. Si nos duele la cabeza tomamos un calmante. Si nos molesta el estómago tras una comida un antiácido. Olvidamos lo que decían los sabios, tiene más importancia tratar la causa que la consecuencia. Parece más sensato que si la cabeza duele por haber pasado el dia al sol sin protección nos pongamos la gorra, o si el estómago protesta por un abuso dietético tratemos de comer con más mesura. Sin embargo el verdadero problema no está en hechos puntuales como estos, sino en procesos o conductas repetitivas que terminan saturando la capacidad de adaptación del cuerpo y la mente humanos. Una situación de estrés mantenido en el ambiente laboral o familiar producirá indefectiblemente algún síntoma en el cuerpo si no ponemos remedio. Muchos dolores de cabeza, lumbares o estomacales tienen esta causa. Flaco favor haremos poniendo remedio a la punta del iceberg si no atendemos lo que está por debajo.
Esta labor implica a menudo la ayuda de un profesional de la salud. Si tenemos la suerte de acudir a alguno que tenga el suficiente tiempo para atendernos, escucharnos y explorarnos, que tenga la suficiente formación y cuya actitud sea adecuada tal vez nos pueda ayudar a desenmarañar la causa de nuestro mal y buscar el remedio más adecuado. Pero para ser realistas en muchas ocasiones no se dan todos los elementos necesarios. Nos solemos encontrar con profesionales agobiados y sobrecargados, con muchos pacientes esperando, que nos miran por encima y nos despachan en cinco minutos, no disponen de más, con una receta como respuesta.
Uno de los elementos terapéuticos más potentes es la escucha atenta, también es de los más caros. Pero me pregunto si a largo plazo no será más eficiente, no ahorrará costes económicos y humanos. Dar respuesta farmacológica a todos los problemas no es una buena práctica. Perdemos todos, profesionales sanitarios, pacientes y sociedad.
Reconducir la situación para que las familias aprendan a no medicalizar la infancia de los más pequeños ni tampoco sus vidas es una prioridad importantísima. No debería ser una cuestión de recortes impuestos sino de toma de conciencia. Para ser feliz no hacen falta pastillas.
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Supongo que, al fin y al cabo, será la intención del artículo.
"menos medicarse y más responsabilizarse"
"el cuerpo cura al cuerpo"
ahí queda eso,
saludos!
Luego no conocía a ningún niño hiperactivo, cuando iba al colegio (en los 80), los pocos que existían de verdad tenían un trastorno. Hoy los niños están acelerados, y muchas veces se dan falsos diagnósticos, y sobre todo, medicamentos que no son necesarios e interfieren en el buen desarrollo de nuestros niños. La causa de tener a los niños tan acelerados es la falta de ejercicio físico, la gran cantidad de hidratos de carbono, y sobre todo, azúcares industriales que ingieren, y la falta de socialización, de jugar. Los niños necesitan actividad física, y no deben de tomar bollería industrial, ni cereales con azúcar etc etc etc... La solución es simple, pero cuando hay una explicación más fácil, como "Es que es hiperactivo", nos volvemos cómodos y no queremos reflexionar sobre nuestros hábitos de vida.
La comida era escasa, frugal, pero nada que ver con el fast food de ahora. Por cierto, alguno sonreirá por no creerlo y otros tal vez por recordarlo de sus abuelos. El pelo se les caía mucho menos, literalmente, y es que al parecer tenían la creencia (no se si certeza) que aplicarse petróleo el de quemar y alumbrar, como loción (en lugar de colonias y champús personalizados como ahora) les fortalecía el pelo. Ah y de sedentarios no tenían nada, por no tener, ni televisión en el caso de mis pobres y queridos abuelos. Pero la esperanza de vida era mas corta y la tasa de mortalidad infantil altísima por aquellos entonces. Aunque no seré yo quien contradiga ni al articulista y la ministra. O, no
Pero si estoy de acuerdo en una cosa, tanto fármaco no puede ser bueno, pues todos tienen sus efectos secundarios negativos en su abuso.,no como advertencia, realmente y en ocasiones es peor el remedio que la cosa a tratar.
1º Tal vez eso era lo que quería decirnos la ministra de sanidad cuando dijo que tomáramos remedios caseros de la abuela, de los de toda la vida, o, no.
2º Me parece entender que, según el articulista (y medico de familia), la sociedad española, infantes incluidos, es fármacodependiente, en grado sumo, con la colaboración inestimable y necesaria de médicos, ministerio y Estado.
Eso también es lo que dice el gobierno al justificar el repago de recetas en la sanidad publica. Que los abuelos (al parecer los actuales no son ya como antes) como se aburren, van en excursiones espontáneas, a la farmacia a proveerse innecesariamente de medicinas que luego almacenan. No seré yo quien lo niegue, ni afirme. O, no.
3º Se remonta el articulo a nuestros abuelos, para decir que apenas se medicaban y tiene razón y mucha. Aunque si nos remontamos a los tatarabuelos, estos ya ni poco ni mucho, no se medicaban, por diversa razones. Los citados venerables abuelos de todos nosotros, ademas de medicarse poco, también comían poco y cuando podían lo poco que comían era bueno, mas natural u orgánico que se dice ahora.
salu2
Como ocurre con el tema del adelgazamiento..., que queremos perder peso sentados en el sofá, comiendo barritas de no sé qué, con una máquina que hace vibrar nuestro cuerpo como un flan, y viendo la tele, en lugar de caminar y comer menos...
La industria farmaceútica ha encontrado un buen chollo en nuestros insanos hábitos, y en nuestro desconocimiento de las plantas, que esconden todos (o casi todos) los remedios que necesitamos.
El artículo en sí está claro en su titulo, pero eso no es lo realmente importante, se como desde la atención primaria se envian por ejemplo al Cardiologo sin pruebas previas (electro, analítica o rx de torax) a eso le llamó quitarse al paciente de encima y claro para eso no necesita mas que un minuto para hacer un volante de derivación, podía seguir de como van al Traumatologo sin un diagnóstico y pruebas complementarias previas (texto: pacientes con dolor el la rodilla de tres meses de evolución) y sin ninguna radiografía, yo personalmente alucino con estas cosas, evidentemente no todos son iguales, pero mas que el tema de los medicamentos o si orinamos o no el ibuprofeno a nuestros ríos, hay que tener cultura sanitaria, eso es lo que realmente hace falta.
yo entiendo en este articulo, una crítica a los recortes y a la falta de médios en la medicina actual, donde prima la receta a la prevención, pero por parte de todos, médicos y pacientes.
He entendido, lo mismo estoy equivocado, que la falta de tiempo que tiene el médico a la hora de poder tratar al paciente, deriva o puede derivar en la solución facil, te duele la cabeza, pues te tomas una aspirina, y si te duele mucho.... pues dos.
Que tiempos aquellos donde Don Valentín A.G. (mi médico de cabecera) se sabía todo el historial de memoria tanto mio, que yo era un crio, como el de la familia, disponia del tiempo preciso para poder diagnosticar y actuar, y por cierto, no nos cambiaron de médico hasta su jubilación.
Igualico, igualico que ahora.
Hasta que no entendamos el asunto de forma integral (organismo con mente) solo habrá
soluciones como éstas.
Por donde no entro es en eso de que la religión y especialmente la confesion sean un método terapeutico, la religión nunca ha sido buena para nada. Señor Casado los adoctrinamientos en su casa.
Sin ir más lejos, yo fui tratado por un siquiatra con tranquilizantes y antidepresivos. Posteriormente, un año después, cuando pude ser atendido por un traumatologo, inicié un tratamiento para tratar una artrosis degenerativa. Esta dolencia es la que ocasionó que no durmiera bien en dos años, que tuviera una época en la que sufrí 5 crisis de ansiedad y 8 crisis epilépticas.
De haberme atendido a tiempo, de haberse invertido más dinero en la sanidad publica, las arcas del estado se hubieran ahorrado 5 meses de baja laboral, 9 meses de tratamiento siquiatrico y el gasto ocasionado por las visitas al hospital, con modificación innecesaria del tratamiento con anti convulsivos.
No busquemos culpables donde solo hay victimas de un sistema injusto.