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11 preguntas que harán más feliz a tu hijo

14/06/2015 09:56 CEST | Actualizado 14/06/2016 11:12 CEST

¿Vives feliz y despreocupado por naturaleza? Si la respuesta es afirmativa, probablemente se deba a una mezcla de tus genes (los gemelos idénticos criados por separado normalmente tienen el mismo nivel de felicidad) y tus elecciones personales en cuanto al modo de vida. El campo de la psicología positiva se centra en la idea de que la gente puede ser más feliz simplemente cambiando su forma de pensar y actuar. La felicidad se conceptualiza más como un hábito que como un don divino. Y, si bien es cierto que una parte de la felicidad está biológicamente determinada, hay muchas cosas que pueden hacerte más feliz.

Estas 11 preguntas aspiran a que tus hijos descubran cómo ser más felices. Al final, los niños las interiorizarán y se lo preguntarán ellos mismos. Entonces les habrás hecho el regalo de la felicidad, lo cual también te hará -¡adivina!- más feliz.

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1. ¿Cuál ha sido tu parte favorita del día?

Ésta es una buena pregunta para hacer en la cama, para ayudar a tu hijo a sentirse contento y feliz antes de dormir. También les inculca el hábito de concentrarse en lo mejor en vez de en lo peor que les ha ocurrido durante el día. Si incorporas esto a la rutina de noche, ya os saldrá directamente por naturaleza.

2. ¿Hay algo por lo que estés agradecido?

Es una buena pregunta para hacer en la mesa. Todos los miembros de la familia pueden decir por turnos por qué dan gracias ese día. Existe un fuerte vínculo entre la felicidad y la gratitud, así que esta cuestión vale la pena.

3. ¿Y qué vas a hacer al respecto?

Cuando tu hijo te cuenta un problema, pregúntale con tono cercano y curioso. No te lances a solucionar su problema; ¿cómo les va a ayudar esto a largo plazo? Al menos, dales la oportunidad de resolverlo por sí mismos y regálales tu confianza, que se hace evidente con esta pregunta. Así les das a entender que ellos son capaces de pensar en las soluciones a sus problemas. Si el niño te contesta: "No lo sé", puedes decirle: "Yo tampoco estoy seguro, vamos a intentar resolverlo juntos". Las personas felices son aquellas que consideran superables los problemas y se consideran a sí mismas eficaces.

4. ¿Cómo te hizo sentir?

Aun a riesgo de sonar cursi, hay una parte esencial de la felicidad que consiste en ser capaz de descubrir y expresar tus propias emociones. Si puedes verbalizar lo que sientes, puedes darle sentido, puedes procesarlo y puedes lograr la ayuda de los demás. Es una pregunta perfecta para plantear a tu hijo cuando te cuenta que le ha pasado algo malo, en vez de restarle importancia ("no es para tanto") o de intentar arreglarlo ("¡deja que te ponga hielo!"). Enseña a tu hijo a ser consciente de sus sentimientos y a utilizar esta información de forma efectiva.

5. ¿Cómo crees que se siente él/ella?

En cualquier situación puedes cultivar la empatía pidiendo a tu hijo que se pregunte cómo se siente alguien. La empatía hará a más feliz tu hijo; desarrollará relaciones interpersonales más fuertes, se sentirá mejor consigo mismo por pensar (y ayudar) a los demás y sacará más significado a la vida.

6. ¿Cómo se puede mirar el lado bueno de las cosas?

Conviene enseñar a tu hijo que de cualquier circunstancia se pueden extraer experiencias positivas. Con preadolescentes o adolescentes, puede que esta pregunta suene cursi, pero a los niños pequeños les gustará. También les puedes enseñar la expresión sacar limonada de un limón y preguntarles cómo se puede sacar algo bueno de una mala experiencia. Por ejemplo: "Te caes y te haces daño, eso es el limón, pero luego te ponen una tirita de Campanilla y eso es la limonada".

7. ¿Cuál es la parte de esa historia que más te puede enseñar?

En cualquier programa de televisión, cualquier libro, cualquier excursión, básicamente en cualquier situación, hay algo que aprender. Mírate a ti mismo, Súper Padre, tienes un móvil al alcance de tu mano. Utilízalo para enseñar a tu hijo que la vida está llena de oportunidades de aprendizaje. Las personas felices siempre tienen curiosidad y ganas de aprender. Así que, cuando veas la tele y alguien diga Bonjour!, puedes ponerte a mirar imágenes de Francia o una canción de Youtube cantada en francés. Cuando tus hijos se den cuenta de que con esta cuestión vas a sacar el móvil y a enseñarles algo nuevo y especial, te lo pedirán todo el tiempo. Y así es como acabas mirando fotos de inmobiliarias en Nebraska con tu hijo de cuatro años. No me preguntes por qué.

8. ¿Qué quieres hacer el fin de semana?

Las investigaciones demuestran que anticiparse a las experiencias positivas aporta más felicidad que las experiencias en sí mismas. Cuando tu hijo sea lo suficientemente mayor como para darse cuenta de que mañana no es hoy, incúlcale el hábito de la anticipación positiva de los pequeños placeres. Un niño que está emocionado por que llegue el fin de semana para comerse un yogur helado es un niño feliz, al igual que un adulto que planifica unas vacaciones con tiempo es más feliz durante esos seis meses.

9. ¿Qué podemos hacer para ayudar a alguien a ser feliz?

Puedes llevarte a tu hijo para que te acompañe a visitar a un pariente enfermo o a alguien que se está recuperando de una operación, o que haga de voluntario contigo en un comedor solidario. Le harás un regalo increíble. Tu hijo se sentirá incluso más orgulloso de este comportamiento si es él quien propone la actividad (por ejemplo, preparar galletas, pintar una tarjeta...). Las investigaciones demuestran que cuando somos generosos liberamos oxitocina y endorfinas, o sea, que es como una droga con la que volverse adicto. Involúcralo en tus actividades altruistas, directamente relacionadas con la felicidad (y con ser buena persona, que tampoco está nada mal).

Incorpora un espíritu de generosidad en la vida cotidiana de tu hijo. Cuando estés fuera, compra algo pequeño para alguien. Cuando colorees, haz un dibujo para alguien. Regalar cosas nos hace más felices que comprarnos algo para nosotros mismos y enriquece las relaciones personales.

10. ¿Qué quieres hacer hoy fuera?

Salir a la calle y hacer ejercicio físico con tu hijo es una forma maravillosa de inculcarle el hábito de no quedarse en casa sin hacer nada. El ejercicio libera endorfinas y es tan efectivo como el SSRI (inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) para tratar la depresión. Y la mejor forma de enseñar a tu hijo es haciéndolo tú mismo. Un estudio demuestra que cuando las madres hacen ejercicio, es más probable que los niños practiquen deporte. La luz del sol también puede subir el ánimo y regular los ritmos circadianos, por lo que el niño dormirá mejor y os hará a todos más felices.

11. ¿Cuándo te sientes más feliz?

Si diriges la atención de tus niños a las experiencias de las que más disfrutan, empezarán a darse cuenta de que pueden decidir aumentar de forma proactiva el tiempo que emplean en actividades que les hacen sentirse mejor consigo mismos. De acuerdo con el investigador Mihaly Csikszentmihalyi, el flujo es el estado mental operativo en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta, perdiendo por completo el sentido del tiempo y sintiendo totalmente el momento. Si tu hijo es lo suficientemente afortunado y ha encontrado la actividad que le hace sentir ese flujo, está bien que se lo muestres y que le des tiempo para alcanzar ese estado. Un apunte: para muchos niños, se alcanza con los videojuegos, lo cual no está mal, ya que muchas investigaciones señalan los numerosos beneficios psicológicos del juego (como anécdota, conozco a muchas personas que conocieron a su pareja jugando y, de hecho, si ambos participan en el videojuego, se sentirán más unidos). En el mejor de los casos, tu hijo encontrará una carrera que le haga llegar a ese flujo y, entonces, no verá su trabajo como una pesada carga.

Hasta que nos volvamos a encontrar, queda a vuestra disposición la blogapeuta que hace muchas de estas preguntas. Y si yo puedo hacerlo con tres hijos y una paciencia limitada, ¡tú también puedes!

La doctora Rodman escribe en Dr. Psych Mom. También la podéis encontrar en Facebook y Twitter @DrPsychMom.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

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