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Manolo Blahnik sigue marcando el paso

15/12/2012 10:03 CET | Actualizado 13/02/2013 11:12 CET

¿Cómo se convierte el hijo de una platanera canaria en el mejor diseñador de zapatos del mundo? Despertando el deseo.

Manolo Blahnik (La Palma, Canarias,1942), el reciente ganador del Premio Nacional de Diseño, deja huella, pero ninguna duda. Él es el responsable directo del delirio de la mujer moderna por el calzado, el creador del zapato joya, y el que abrió las puertas a otros diseñadores, hoy igual de famosos, que nunca serán legendarios. No es el que más vende, ni tampoco el que más gana... Pero desde Cenicienta, nadie ha conseguido enfocar nuestra mirada de manera tan obsesiva en un zapato.

¿A qué se debe esta perturbación anímica incontrolable? Los Manolos fueron el quinto personaje de la serie Sex in the City. Imposible olvidar la escena en la que Carrie Bradshaw le entrega sumisa a un ladrón su bolso, sus joyas, su reloj pero le grita "noooo" cuando le pide sus Manolo Blahnik.

Estilizados, recios y etéreos, la serie los convirtió en el símbolo fálico preferido de las mujeres. Madonna llegó a comentar "son tan buenos como el sexo... y duran más tiempo". Aunque el diseñador insiste en no entender el fetichismo de sus zapatos, es indudable el poder erótico que tienen.

Jackie Kennedy, Bianca Jagger, Anjelica Huston, Diana de Gales, Kilye Minogue, Jessica Biel, Katy Perry, Miranda Kerr, Jennifer Aniston, Rihanna, Katie Holmes, Diana Kruger, Blake Lively, Milla Jovovich, Kate Moss... Sus acólitas celebridades son tan famosas como sus zapatos.

Victoria Beckham, que le confío los zapatos de su primer y exitoso desfile, ha dicho que lo primero que rescataría de su casa en llamas sería sus Manolos. Lady Gaga, en su canción Fashion, dice amarlos y Paloma Picasso afirma que se siente desnuda si no los lleva puestos. En la tercera parte de la trilogía de 50 sombras de Grey, la protagonista los luce en una fiesta. Y Bella, la novia de Crepúsculo, se casó vistiendo uno de ellos.

Sus fieles consumidoras destacan que son tan cómodos que podrías usarlos para escalar el Everest. Y es que la exageración es superlativa cuando se trata de expresar la pasión que sus amigas, clientes y sobre todo, adictas, sienten por sus zapatos.

Hijo de padre checo y madre canaria, nació en la isla de la Palma y creció junto a su hermana Evangelina en una plantación de plátanos propiedad de la familia. Su paraíso particular del que salía excepcionalmente para viajar a París cada temporada para acompañar a su madre a renovar su vestuario en Balenciaga.

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Manolo Blahnik con Suzy Menkes, editora de moda del 'Internacional Herald Tribune'. Foto: Getty Images.

Empezó Derecho internacional en Ginebra, pero lo abandonó y se trasladó a París a estudiar Arte. En 1970 se instaló en Londres donde empezó su verdadera vocación.

"Si el mundo es puro teatro, un par de Manolos son el mejor escenario para salir a escena". Así piensa su amiga Paloma Picasso, que en 1971 le presentó a Diana Vreenland. La poderosa fashionista le dijo: "Enfócate en las extremidades. Haz accesorios, zapatos". Y le convenció de que era un buen momento porque el éxito de la minifalda centraría toda la atención en el calzado.

Sin embargo, fue un grave error lo que originó el inicio de su larguísima historia de éxito. En 1972, Ossie Clark -el diseñador de culto del momento-, pidió que colaborase en su colección. Todo Londres asistió al Royal Court Theatre. Entre las modelos de ese desfile Twiggy y Amanda Lear. Los maravillosos zapatos azul real con el interior verde ácido y suela crepe de caucho empezaron a balancearse sobre el talón de las modelos provocando en ellas un movimiento extraño. Blahnik no se dio cuenta de que los estilizados tacones necesitaban en su interior una columna de acero. Y creyó que esa sería la última noche de su carrera.

Pero a la gente le fascinó la manera insegura y diferente de caminar de las modelos y hasta el prestigioso fotógrafo Cecil Beaton le felicitó efusivamente al acabar el show. Desde entonces su obsesión por el detalle le persigue día y noche.

El señor Blahnik es un perfeccionista compulsivo que a pesar de haber realizado más de 25.000 pares de zapatos sigue buscando el modelo perfecto. Sus creaciones tardan meses en realizarse y originan kilométricas listas de espera porque sólo se confeccionan 80 pares al día.

Él es el único que dibuja sus bocetos, los esculpe a mano en madera de arce y los pinta y recorta personalmente. Una vez hecho el prototipo, los envía a Italia -cuna de los zapateros más expertos del mundo- para que superen más de 50 procesos de producción. Ninguno tan exigente como probárselos él mismo. Una costumbre que mantuvo hasta que se rompió los ligamentos y los médicos le prohibieron subirse a un tacón.

Blahnik no sigue las tendencias. Crea piezas que sobrepasan el concepto de moda para convertirse en obras de arte que ya se subastan con precios de salida importantes. Su innovación se debe a la mezcla de estilos y referencias artísticas del pasado. Colores preciosos, texturas, tejidos, y formas que te hacen experimentar la misma sensación que si admiraras un cuadro. Una forma de teatralidad en cada detalle, incluidos los nombres con los que bautiza sus creaciones -Tormento, Misericordia, Refugio...-

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Sus tacones son altos sin excederse. Pocas veces sobrepasan los once centímetros y se caracterizan porque dibujan una curva imitando el movimiento femenino de las caderas. Sus zapatos no pesan y la suela, de piel muy fina, permite que el pie se adapte al zapato y se fije al suelo..

Aunque trabaja diferentes alturas, sorprende que su favorita sea la de tres centímetros y medio -hasta cinco-, su creación llamada kitten heel, la han vuelto a poner de nuevo de moda Michelle Obama y Carla Bruni. Mujeres que, a pesar de ser altas, no prescinden del tacón como gesto imprescindible de elegancia.

Mantiene que como mejor se lucen unos Manolos es con un largo de falda a media pierna. Así que no es de extrañar que para el señor Blahnik, las últimas mujeres que caminaron de manera elegante sobre unos tacones fueron las de la década de los 50.

Su secreto es sugerir el escote del pie mostrando solamente el nacimiento de los dedos. ¿Qué opina entonces de los Peep Toes?

"¿Esa ventanita que deja ver el dedo gordo? El colmo de la vulgaridad".

Los historiadores dicen que cuando más deprimida está la economía más desafiantes son los tacones. Y lo hemos comprobado. En los últimos años, los talones se han elevado por encima de toda lógica, gracias a la ayuda de plataformas y cuñas que para el diseñador son de una vulgaridad sin límites. Manolo las detesta. Aunque comenzó su andadura y las diseñó en el boom de los 70, prometió que jamás volvería sobre ellas.

Mantenerse fiel a su estética de elevar a la mujer sin auparla a unos zancos redujo su mercado. Louboutin y Jimmy Choo desafiando la gravedad por encima de los 15 cms han multiplicado sus clientas. Sus discípulos hoy le pisan los talones, y ya facturan más en internet.

Siempre ha reconocido que los zapatos que más le gustan son los que menos venden. "No pretendo responder a todas las necesidades de la gente. De todos modos... ¿quién quiere salir corriendo con unos zapatos de tacón?"

Las plataformas elevan vertiginosamente y son más cómodas porque el arco del pie se curva menos. Pero resultan menos estéticas. El mercado se resiste a abandonarlas. Y Letizia también. En una ocasión, en una comida con periodistas de moda, la princesa de Asturias nos preguntó si creíamos que las plataformas estarían de moda mucho tiempo. Para ella es la forma de equilibrar la altura del príncipe y de soportar largas jornadas oficiales. Aunque en los momentos más importantes de su vida, su boda y los bautizos de sus hijas, su elección ha sido Blahnik.

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Bautizo de la infanta Leonor. Foto: Getty Images.

El diseñador canario nunca ha tenido la tentación de vender su firma. Podría haberse hecho inmensamente rico. Y no ha querido. Su estilo de vida es envidiable, pero su fortuna no se corresponde con lo que cabría esperar.

También se ha resistido a entrar en la guerra del logo. Sus zapatos no son un accesorio, sino un privilegio identificable sin necesidad de que una suela roja a cada paso grite el precio.

En Bath, en la elegante ciudad georgiana donde vive -según él porque no puede permitirse una casa en Londres- , tiene su particular mausoleo de zapatos. Mantiene una copia por cada ejemplar creado. Y no es el único. Porque los Manolos no se acumulan, se coleccionan.

A pesar de vivir en Inglaterra desde hace más de cuarenta años, siempre se ha sentido orgulloso de su origen español. Según él, cuantos más años cumple, más latino se siente. Y lo demuestra. Habla fuerte, con pasión. Trabaja libre, sin más presión que la de su propia exigencia. Los treinta mil euros del Premio Nacional de Diseño los ha destinado a su isla, La Palma. Este merecido galardón, más que un reconocimiento al genio, es un gran premio al mundo de la moda español.

Dice sentirse honrado, pero créame señor Blahnik, el honor sobre todo es nuestro. Gracias por demostrar con tanto orgullo cuánto Manolo hay todavía en su interior.

En una ocasión su amigo el fotógrafo Eric Boman le dijo señalando el tacón de uno de sus zapatos. "¿Manolo, pero se puede andar con eso?" "¡Pues claro! -respondió-. Siempre y cuando no vayas muy lejos".

Aunque a él sus tacones le han permitido llegar lejísimos. Un largo camino de éxito el de nuestro genial artista español.

En esta fotogalería de The Huffington Post puedes ver algunas ilustraciones del libro Manolo Blahnik and the Tale of the Elves and the Shoemaker:

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