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Yo sí castigo (a grandes y a pequeños)

16/10/2017 07:28 CEST | Actualizado 16/10/2017 07:29 CEST
Getty Images

Cada vez parece más generalizada la opinión de que los castigos son malos.

Sin embargo, creo que estaremos todos de acuerdo en que hay que "motivar" a algunos niños y adultos para que dejen de hacer determinadas conductas (insultar, pegar, robar, ...)

Permíteme, en primer lugar, que explique qué se entiende por refuerzo y qué por castigo:

El refuerzo es aquello que hago o digo con la intención de que la persona que lo recibe aumente la frecuencia de una determinada conducta. Per ejemplo, felicito a mi hija cuando recoge sus juguetes con la esperanza de que continue haciéndolo en el futuro, o en el caso de los adultos, el jefe prima al empleado para que siga trabajando con la misma intensidad.

Está demostrado que el refuerzo, a la larga, aumenta la frecuencia de la conducta deseada.

Si cuando una persona hace algo que me parece molesto la ignoro, y cuando hace lo que considero agradable la premio, poco a poco (porque nos gustan los premios) irá reduciendo la conducta molesta al tiempo que aumenta la conducta agradable.

Por otro lado tenemos el castigo como el acto de hacer o decir algo desagradable a quien ha dicho o hecho algo que me daña o perjudica. Por ejemplo si mi hija pega, la riño, y se queda sin juego de manera inmediata, o en el caso de los adultos cuando alguien pega, roba, viola, etc., con suerte, el juez lo castigará privándole de algo que desea (la libertad).

Sabemos que el castigo reprime, es decir, no cambia la conducta de manera voluntaria, tan sólo hace que desaparezca ante el miedo de perder un privilegio (el juego o la libertad), por lo tanto, la persona castigada lo haría de nuevo de tener la certeza que no sería nuevamente castigada.

Esta es mi fórmula: 90% refuerzo y 10% castigo, porque ese 10% es el que asegura el respeto por el bienestar del otro.

Entonces, quizás te preguntes, ¿por qué castigar?

Castigo a mi hija para proteger a otros niños mientras madura y desarrolla la empatía, al tiempo que aprende las consecuencias de sus actos.

Me alegra de que se aprese a quien hace daño a la sociedad porque sé que mientras está encarcelado el resto podemos estar tranquilos.

En cambio, no estoy de acuerdo con el castigo cuando alguien roba para comer. En estos casos la inversión en cárceles y carceleros sería mucho más provechosa en escuelas y profesores.

No me gustan las cárceles para quienes han dañado sin querer, para quienes estén en ellas por opinar diferente...

Veremos qué ocurre en el futuro con esta generación de niños sin límites, con los que no son reñidos por insultar, con quienes pueden tirar las cosas, con los que sus padres acarician y besan tras pegar mientras intentan corregir sin poder decir la supuesta "palabra maldita": NO.

Hoy son niños, mañana adultos que no han sido corregidos tras insultar, tirar las cosas e incluso pegar.

Confío en que estos padres y madres que besan a quien pega, actúen antes de que sea tarde.

No permitamos que los niños se comporten como no queremos que lo hagan después los adultos, ya que los adultos de hoy son los niños de ayer.

Esta es mi fórmula: 90% refuerzo y 10% castigo, porque ese 10% es el que asegura el respeto por el bienestar del otro.

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