Un médico de urgencias, sobre las piscinas: "Cuanto más fuerte huele a cloro, más saturada está el agua de residuos orgánicos como sudor y orina"
El olor a cloro no debería interpretarse como una señal de limpieza.

Con la llegada del verano, las piscinas se convierten en uno de los refugios favoritos para escapar del calor por su agua fresca, tardes interminables y ese pequeño alivio que supone sumergirse cuando las temperaturas no dan tregua. Pero detrás de ese agua aparentemente cristalina hay algo que no siempre tenemos en cuenta: el olor a cloro, que muchos relacionan con limpieza, puede estar contando una historia muy diferente.
Y es que ese olor tan característico no procede exactamente del cloro que se añade al agua para desinfectarla. Aparece cuando el producto entra en contacto con el sudor, la grasa corporal, restos de cosméticos y hasta la orina que dejan los bañistas, dando lugar a unos compuestos llamados cloraminas. Cuanto mayor es su presencia, más intenso puede resultar ese olor y mayor puede ser también la irritación de ojos, piel y vías respiratorias.
De hecho, el médico de urgencias Christophe Prudhomme resume la situación de forma contundente. "Cuanto más fuerte huele a cloro, más saturada está el agua de residuos orgánicos como sudor y orina", asegura en declaraciones recogidas por 20 Minutes. Por eso, ese olor intenso no debería interpretarse como una señal de que el agua está especialmente limpia, sino más bien como un aviso de que algo está ocurriendo en ella.

Una avería que acaba en susto
El riesgo de una piscina mal gestionada no es solo una cuestión de olor o molestias leves. Hace apenas unas semanas, un hotel de Benahavís, en Málaga, vivió un episodio que puso de manifiesto lo que puede ocurrir cuando falla el sistema de tratamiento del agua: más de 60 personas, entre ellas varios niños y mayores, tuvieron que ser atendidas tras una avería. El incidente obligó incluso a desalojar el área y volvió a poner sobre la mesa la importancia de controlar correctamente los niveles de cloro y pH.
En realidad, el cloro utilizado para desinfectar el agua apenas desprende olor, por lo que si al llegar a una piscina percibimos un aroma fuerte es porque ha reaccionado con sustancias orgánicas que dejan los bañistas. Además, el agua que permanece en el oído después de nadar puede crear un ambiente favorable para determinadas bacterias y provocar la llamada otitis externa u "oído del nadador". Una infección que puede causar dolor, picor y molestias y está relacionada con la proliferación de microorganismos en el conducto auditivo externo.
Para evitar este tipo de problemas, la prevención muchas veces empieza antes de entrar al agua. Ducharse durante aproximadamente un minuto ayuda a eliminar buena parte del sudor, la suciedad y otros restos que terminan reaccionando con los productos desinfectantes. De la misma forma, también conviene no bañarse cuando se está enfermo, evitar tragar agua y secarse bien los oídos después de nadar.
