Cinco conciertos que no vas a olvidar (y cinco lugares que los hacen mejores aún)
Paradores vuelve con su ciclo más especial: artistas de primer nivel, música íntima, cenas de autor y escenarios que parecen sacados de una película.

Hay experiencias que transforman un día corriente en algo extraordinario. A veces son pequeños gestos, como abrir un vino bueno un martes por la noche para ponerle un broche digno a un día agotador o desviarte diez minutos en un viaje solo para ver “ese mirador del que todo el mundo habla”. Y a veces, son planes muy especiales, que quedarán para siempre en tu memoria y que te darán para miles de conversaciones y recuerdos. Momentos que, sin exagerar, lo cambian todo.
En esa categoría sublime están los Caprichos Musicales, el ciclo cultural de Paradores que vuelve este verano con una serie de conciertos íntimos, auténticos y profundamente emocionales. Directos que suceden a la luz de un atardecer que parece pintado a mano o entre columnas centenarias que han escuchado más historias de las que podríamos imaginar.
Nada de carreras para llegar a la primera fila, ni pulseras vip, ni ese ruido que no te deja escuchar al de al lado. Aquí reina la cercanía, esas voces próximas, al alcance de los ojos, esa respiración que se escucha casi en estéreo, esas canciones que se sienten en la piel y esos silencios cálidos y elocuentes. Tan íntimos que, si estornudas, el propio artista te dedica un guiño o te dice “salud”.

Y todo esto toma forma en una programación que apuesta por la emoción: canción de autor, flamenco, copla, folclore canario y fado llenarán el verano con actuaciones íntimas de grandes voces. Hablamos de José Mercé, Sílvia Pérez Cruz, Miguel Poveda, Israel Fernández, Valeria Castro y Carminho, que llevarán su arte a lugares tan especiales como el claustro de un monasterio, el patio de un castillo o un jardín junto al mar.
Paradores recupera así, para su tercera edición, una experiencia que ya han disfrutado más de 1.500 asistentes en ciclos anteriores con artistas como Estrella Morente, Chucho Valdés, Buika, Jorge Drexler o Ara Malikian y que este año, promete de nuevo una experiencia total: con cóctel de bienvenida, cena de degustación, concierto con aforo muy reducido y alojamiento, y con un cartel de primer nivel.

Cinco grandes artistas, cinco escenarios y cinco planes muy distintos entre sí, de la costa al interior, para una de las experiencias más apetecibles y especiales que se presentan en las próximas semanas. Aún estás a tiempo.
El verano empieza cuando canta Mercé
Hay voces que anuncian el verano mejor que cualquier calendario y la de José Mercé es una de ellas. Tiene esa mezcla de raíz, tradición y modernidad que hace que incluso alguien que no escuche flamenco acabe diciendo “yo a este hombre lo veo en directo”. Detrás de la figura del cantaor gaditano hay más de un millón de discos vendidos, un Premio Ondas, la Medalla de Andalucía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes… Así que disfrutarlo en vivo, al caer la tarde junto al Mediterráneo, en el Parador de Málaga Golf el próximo 6 de junio, será una experiencia casi mágica.

Y el contexto lo propicia. El alojamiento se encuentra junto a una preciosa playa de arena fina y a apenas 10 kilómetros de la ciudad, y cuenta con un campo de golf de casi un siglo de historia y presume de unas puestas de sol que parecen pedir acordes de guitarra. Un lugar que lo tiene todo para que esta escapada musical, que incluye cóctel de bienvenida, cena de degustación, concierto íntimo y noche en el Parador, sea redonda. Es decir, llegar, brindar, cenar rico (cocina malagueña), emocionarte con Mercé y dormir con la ventana entreabierta escuchando el mar.
No se nos ocurre un plan mejor para darle la bienvenida al verano.

Una voz para la historia
Hay artistas que no necesitan presentación: sólo basta apenas unos segundos para entenderlo todo. Sílvia Pérez Cruz, con dos Premios Goya a Mejor Canción Original y tres nominaciones a los Latin Grammy, es una de ellas. Su voz tiene esa cualidad extraordinaria de lo íntimo: parece que canta para miles, pero te habla a ti. Flamenco, canción popular, jazz, clásica, experimentación… da igual la etiqueta; lo que importa es esa emoción que te deja un segundo en silencio antes de aplaudir. Y si eso ya impresiona en un teatro, imagínate dentro de un castillo del siglo XII.

El Parador de Sigüenza, donde actuará el 4 de julio, es uno de esos lugares que te invitan a escuchar mejor y a sentir la música. Un castillo medieval que ha dado cobijo a reyes, monjes y abades, en lo alto de la ciudad, con un patio tapizado de piedra antigua y cercado por gruesos muros y balconadas de madera. Histórico telón de fondo al que Sivia Pérez Cruz le pondrá su propia banda sonora.
La experiencia incluye copa de bienvenida, una cena que mezcla tradición castellana con guiños actuales, el concierto en el patio del castillo y una noche en una de sus increíbles habitaciones.

Una noche para mirar Toledo… y escuchar a Poveda
Miguel Poveda tiene una presencia que llena cualquier escenario. Premio Nacional de Música de España, cinco nominaciones a los Latin Grammy al Mejor Álbum Flamenco y una prolífica carrera que mezcla tradición, copla y poesía musicalizada. En directo, Poveda tiene una intensidad que sobrecoge, emociona y eriza la piel del público.

El 12 de julio cantará en el Parador de Toledo, en el Cerro del Emperador, uno de esos lugares que te obligan a parar aunque tengas prisa. Desde allí, la ciudad se despliega como una maqueta iluminada: el Alcázar, la catedral, el Tajo rodeándolo todo. Es una vista que no necesita filtros ni explicaciones.
El mes de julio en Toledo tiene su propio ritmo: días calurosos, noches cálidas y terrazas que se llenan de conversaciones que se alargan más de lo previsto.
El pack incluye cóctel, cena de degustación, concierto íntimo y noche en el Parador. Es fácil imaginar el plan: llegar con tiempo para ver cómo cae el sol sobre la ciudad, cenar con vistas, escuchar a Poveda mientras Toledo brilla al fondo y terminar la noche en una habitación desde la que la ciudad parece un cuadro. Un plan que convierte un domingo cualquiera en una historia que contar.

Cuando el flamenco entra en un monasterio
Israel Fernández es una de las voces más influyentes del flamenco actual. Moderno sin perder la raíz y profundo sin caer en solemnidades. Premio Odeón al Mejor Artista Flamenco y varias nominaciones a los Latin Grammy, el cantaor tiene esa autenticidad que en directo se vuelve casi física.

El 11 de agosto actuará en el Parador de Santo Estevo, un monasterio benedictino con más de mil años de historia, que se extiende en torno a tres claustros espectaculares en un entorno idílico repleto de bosques y leyendas, en plena Ribeira Sacra. No se puede pedir más.

La experiencia está pensada para entrar en modo “retiro musical”. El ambiente monacal lo da: una bienvenida tranquila, una cena que mezcla producto gallego con cocina contemporánea, el concierto en uno de los claustros y una noche en una habitación desde la que se huele el bosque y la piedra antigua.
Dos voces para despedir el verano sin nostalgia
Hay combinaciones que resultan tan maravillosas y funcionan tan bien que resultan necesarias. Como la de la canaria Valeria Castro —Premio Ondas 2025, tres Premios de la Academia de la Música, con tres nominaciones consecutivas a los Latin Grammy, dos nominaciones a los Premios Goya, y los Premios de la Academia de la Música— y Carminho, una de las grandes voces del fado contemporáneo, —nominada también a los Latin Grammy, Premio José Afonso y el Globo de Ouro a Mejor Intérprete, además de haber colaborado con grandes figuras como Caetano Veloso, Chico Buarque y Pablo Alborán— que estarán juntas en un escenario.

La sensibilidad de Valeria y la profundidad de Carminho prometen una noche de emociones, de esas que te dejan sin habla un rato al salir.
Será el próximo 26 de septiembre, en los jardines del Parador de Mazagón, un refugio entre pinares y playas salvajes, dentro del Parque Nacional de Doñana para recrear un escenario inolvidable para dos voces únicas.

El plan está pensado para ofrecer el mejor cierre posible al verano: una bienvenida con sabor a costa, una cena que mezcla producto onubense con cocina actual, el concierto al aire libre con la brisa del Atlántico y una noche en una habitación donde el silencio del pinar hace el resto. Una despedida de música y mar.

