Pocos lo saben pero el creador del bolígrafo Bic llegó con 5 años a un pueblo minero de Córdoba: aprendió español mientras su padre construía "inventos imposibles"
Creció familiarizado con un mundo marcado por la ingeniería y la innovación.
Seguro que alguna vez en la vida has tenido un bolígrafo BIC entre las manos. Es uno de esos objetos tan cotidianos que apenas nos paramos a pensar de dónde viene o quién está detrás de él. Sin embargo, la historia de su creador está mucho más ligada a España de lo que podría parecer. El inventor pasó parte de su infancia en un pequeño pueblo minero de Córdoba, donde aprendió español mientras crecía rodeado de los curiosos inventos de su padre.
A comienzos del siglo XX, Marcel Bich llegó a Pueblonuevo del Terrible, en la provincia de Córdoba, cuando apenas tenía cinco años, en una época en la que la localidad vivía volcada en la actividad minera. Su familia formaba parte de la colonia extranjera vinculada a la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya, y su padre, Mario Bich, trabajaba como ingeniero en la mina Antolín. Allí, el pequeño Marcel comenzó a familiarizarse con un mundo marcado por la ingeniería y la innovación.
Su padre tenía fama de ser un hombre inquieto y aficionado a construir todo tipo de máquinas y artilugios, hasta el punto de que algunos vecinos los consideraban auténticos “inventos imposibles”, tal y como recorre El Día de Córdoba. Mario Bich también fue responsable de uno de los primeros vehículos a motor que circularon por la localidad, un ambiente que probablemente despertó en Marcel una temprana curiosidad por los mecanismos y la precisión.
Casi un lustro en Córdoba
Marcel había nacido en Turín en 1914 y llegó a Pueblonuevo del Terrible siendo todavía un niño. Allí acudió al colegio francés de Presentación de María y aprendió español, aunque su estancia cordobesa no fue sencilla. Marcel sufrió episodios de paludismo, una enfermedad especialmente presente en aquella zona durante esos años. En 1923, cuando tenía nueve años, la familia abandonó Pueblonuevo y se trasladó a Madrid.
Posteriormente, Marcel fue enviado a un internado de la costa atlántica para recuperarse de sus problemas de salud. Décadas después, se recuperó por completo y, en los suburbios de París, comenzó a fabricar componentes para instrumentos de escritura. En 1950 presentó el Bic Cristal, utilizando tecnología de precisión de la relojería suiza para conseguir una punta capaz de proporcionar una escritura fluida y fiable.
El resto es historia, ya que aquel sencillo bolígrafo terminó convirtiéndose en uno de los productos de escritura más populares del planeta. En 1953, Bich eliminó la "h" de su apellido para crear una marca corta y fácil de recordar: Bic. Hoy, 76 años después del lanzamiento del Cristal, la compañía sigue presentando aquel modelo como su producto más icónico. Además, resulta curioso pensar que uno de los objetos más cotidianos del mundo tuvo parte de sus primeros recuerdos en un pueblo minero de Córdoba.