Vanesa, francesa que ha montado su negocio de artesanía en un pueblo de Cuenca: "La idea es que nuestro cuero comunique la vida en el pueblo"
Un proyecto que combina oficio tradicional y herramientas digitales.
Cada vez son más las personas que deciden dar el paso de emprender en el medio rural, convirtiendo pueblos que durante años han sufrido la pérdida constante de habitantes en espacios de oportunidad. Frente a las cifras que durante décadas han dibujado un mapa de despoblación en amplias zonas de la ‘España vaciada’, surgen iniciativas personales y empresariales que demuestran que vivir y trabajar en estos territorios es posible.
Este es el caso de Vanesa, francesa de nacimiento y con raíces conquenses, que ha encontrado en Santa Cruz de Moya el lugar perfecto para hacer realidad un proyecto que combina oficio tradicional y herramientas digitales: Bakubag Artesanía. Junto a su marido Rafael ha montado en este pequeño municipio serrano un taller donde trabajan el cuero para crear bolsos, cinturones y piezas personalizadas con apoyo de impresoras 3D y corte láser.
Su apuesta por mantener el trabajo manual mientras integran tecnología sirve de ejemplo local de la tendencia que empieza a invertir la sangría demográfica en Castilla-La Mancha. “La idea es que nuestro cuero comunique la vida en el pueblo”, subraya la artesana en un vídeo compartido en las redes sociales de ‘Nosvamospalpueblo’. En Bakubag Artesanía confeccionan piezas a mano, abiertas a encargos a medida y con un fuerte componente identitario, ya que buscan que el material y el diseño transmitan historias del territorio.
“Tenemos fibra y buena conexión”
Su relato refleja una realidad creciente: emprendedores agrícolas y artesanos que encuentran en la España vaciada no sólo un remanso de vida, sino también oportunidades económicas. En el vídeo, Vanesa recuerda los veranos de su infancia en la Serranía Baja de Cuenca, donde conoció a Rafael: “mi novio de verano con ocho años”, cuenta entre risas. Ambos decidieron fijar su vida y su negocio en Santa Cruz de Moya, un municipio de poco más de dos centenares de habitantes que ha recuperado algo de brío demográfico en los últimos años.
Desde su taller, la pareja trabaja el cuero de forma artesanal pero apoyándose en la red: venden por internet, usan maquinaria digital para series cortas y personalizaciones, y han convertido la conectividad en una aliada clave para llevar su proyecto más allá del ámbito local sin renunciar a vivir en el pueblo. “Aquí tenemos fibra y buena conexión”, explican, un factor decisivo para poder gestionar pedidos, comunicarse con clientes y desarrollar su actividad profesional.
Este taller no es un caso aislado, ya que en la misma localidad hay otros proyectos, como la plantación de lúpulo promovida por el ingeniero agrónomo Rubén Poza Antón, que ilustran cómo actividades diversas pueden generar rentas suficientes para sostener familias y dinamizar la comarca. Los promotores de estas iniciativas defienden que, con conexión, ideas y acceso a mercados digitales, vivir y emprender en el medio rural es viable.