Saba, española en Suiza: "Soy mayormente lavaplatos, tengo las manos destrozadas y llevo dos semanas sin librar, pero estoy viviendo en un sueño"
La joven tarifeña desmonta el mito del "sueño helvético" y relata la cruda realidad física y mental de empezar de cero en la hostelería de un país tan frío como hermético.

Vivir en Suiza es el sueño dorado de muchísimas personas. Por norma general, se percibe a este país como una suerte de El dorado laboral, gracias a unos sueldos estratosféricos si los comparamos con los de España o el resto de Europa
No es ninguna mentira, los trabajos en Suiza gozan de una alta remuneración económica. Sin embargo, a menudo se ignoran los duros peajes que hay que pagar y que desromantizan por completo el cuento de hadas helvético.
Saba Branchizio es una joven española que ha decidido relatar su cruda experiencia a través de su canal de YouTube. Esta tarifeña confiesa a corazón abierto que su proceso de adaptación no ha sido ni mucho menos un camino de rosas, y no tiene tapujos a la hora de mostrar la cara B de su nueva vida.
Un trabajo 'todo terreno' desde lo más abajo
Saba explica que encontrar un empleo en Suiza no es tarea fácil para un extranjero. La alta competencia en el mercado laboral y la enorme barrera del idioma (alemán, francés o italiano, dependiendo del cantón) limitan drásticamente las oportunidades.
La joven reside actualmente en Klosters, un pintoresco pueblo alpino cercano a Zúrich donde predomina el alemán, un idioma que ella no domina.
"Trabajo como all-rounder en un restaurante, que es básicamente hacer un poco de todo. Soy mayormente lavaplatos, pero bueno, yo sabía que para venir a Suiza iba a empezar desde lo más bajo para luego ir subiendo poco a poco. Porque no hablo alemán y tampoco tengo muchísima experiencia", explica.
Manos destrozadas, jornadas maratonianas y una sociedad de hielo
El desgaste físico de este tipo de empleos es brutal, especialmente en picos de trabajo.. "Tengo las manos destrozadas, hoy estoy librando, pero venía trabajando todos los días seguidos durante básicamente dos semanas y media y de verdad que yo estaba reventada", complementa, dejando claro que detrás del jugoso cheque a fin de mes hay un sacrificio físico descomunal que no todo el mundo está dispuesto a soportar.
Más allá del cansancio laboral, Saba sostiene que el golpe más duro ha sido enfrentarse a la frialdad del ámbito social. Acostumbrada a la sangre caliente del sur de Andalucía, el contraste ha sido demoledor. "La gente en Suiza no es para nada sociable; al venir aquí se pueden dar cuenta de que la gente no te va a sonreír en la calle, no te va a saludar, no te va a dar los buenos días ni las buenas tardes", lamenta.
Para ella, la calidez humana es algo que no se paga con francos suizos. "La gente mayormente risueña y sociable se encuentra mayormente en España e Italia; yo vengo de culturas que son muy calurosas, es decir, que la gente viene hacia ti, te abraza, te habla", concluye con cierta nostalgia por su tierra, demostrando que la cuenta corriente no siempre compensa la falta de abrazos.