Va al centro de salud por comer con ansiedad, espera durante horas y lo que le dice al médico es oro: aplauso atronador
Lo cuenta un hombre en 'La Ruina' robándose el show.
En el popular espectáculo de La Ruina han encontrado a un invitado que se ha robado el show. Como suelen hacer habitualmente, sientan a alguien en la silla para que cuente una historia, y la que ha contado el hombre de la camisa azul ha hecho no solo reír a todo el público presente, sino que se ha llevado un aplauso atronador.
En redes sociales como X ya se han hecho eco, pero el vídeo es un extracto del perfil oficial de La Ruina que ya ha alcanzado más de 770.000 visualizaciones y más de 87.000 'me gusta'. Lo que más ha gustado de este hombre es que muchos han coincidido en que perfectamente podría ser cómico, por la forma de relatar la historia y por el carisma que ha demostrado en el escenario.
"Yo estaba intentando adelgazar y salió muy bien", pronunció al principio de la historia, ya arrancando la carcajada de gran parte del público e incluso de los presentadores, Tomás Fuentes e Ignasi Taltavull.
La historia comienza en el endocrino, al que acudió a través de la Seguridad Social. Según él, cometió dos errores. El primero fue decirle al que le atendió que comía "con mucha ansiedad". "Me dijo: no, no, tú tienes que ir a un psicólogo", ha contado.
Horas de espera al psicólogo
Eso le pareció algo extraño: "A ver, que como deprisa, que tampoco me veo muy... Pero bueno, yo qué sé, nunca había estado en ningún psicólogo, pero dije que igual es una ocasión muy buena de conocerme más a mí mismo".
Llegó al centro de salud poco antes de las 11:00 horas. Al principio no había nadie y estuvo esperando hasta casi las 13:00 horas: "Entra alguien en el centro y se mete en el despacho. Era la psicóloga".
Por fin le atendió y tras comentarle su caso, le preguntó qué le provocaba la ansiedad: "Pues no sé qué decirte, igual me pongo nervioso". Tras ser preguntado por qué es lo que le ponía nervioso y que le pusiera un ejemplo, la respuesta no tiene ningún desperdicio: "Hombre, pues que me hagan esperar más de dos horas en el centro de salud".
Y de receta... un curso
La historia no termina aquí. El final ya ha sido desternillante: "Me mandaron a un curso de control de la ira de cinco semanas de duración. En ese curso iba gente con problemas de verdad. Se hacía en una mesa redonda. La gente empezaba: mi familia no me habla, mi hijo no habla conmigo. Cuando me toca a mí digo: yo estoy aquí porque como demasiado deprisa". Las carcajadas volvieron a resonar por el escenario.