Un día después de que el avión de Ryanair en el que viajaba experimentase una despresurización de cabina y tuviese que dar la vuelta, Laura Gutiérrez respira un poco más tranquila. "Sientes que te vas a matar. Yo iba sentada en el asiento del medio y no quería ni mirar por la ventanilla porque estaba asustadísima. Pensaba: ¡Que tenga suerte, que tengo 24 años!", recuerda.

El avión en el que viajaba cubría el trayecto entre Madrid y Gran Canaria y, ahora, ya en las islas, Laura tiene claro que no va a volver a viajar con la compañía irlandesa: "Para mí, Ryanair se acabó. Tenía el vuelo de regreso con ellos, pero invertiré el dinero que me han devuelto para comprar el billete con otra compañía", relata. Porque la aerolínea, después de ponerles pegas en un primer momento, les ha reembolsado el importe íntegro del billete.

"NI UN VASO DE AGUA"

"Cuando regresamos a Barajas, queríamos poner una reclamación y nos dijeron que para eso teníamos que llamar por teléfono a un número de pago o por correo postal, en inglés, a Dublín", lamenta, a la vez que se queja del trato que recibieron los pasajeros de Ryanair: "Soy consciente de que una cosa así te puede pasar en cualquier vuelo, pero lo que no veo normal es el trato que nos dieron después, porque nos alarmaron y no nos ofrecieron ni un vaso de agua".

Laura relata que, al subir al avión en Madrid, ya detectó algo raro. "Entraron dos operarios en la cabina y estuvieron allí más tiempo de lo normal. Luego, al despegar, el avión hacía movimientos muy bruscos, extraños, y a la media hora de despegar, sin previo aviso, cayeron las mascarillas de oxígeno. Teníamos la sensación de que ni siquiera las azafatas sabían lo que pasaba, porque se miraron sin saber qué hacer y corrieron a sentarse asustadas", relata.

"Luego, el piloto nos dijo muy alarmado, nada tranquilo, que nos colocásemos las máscaras, pero la megafonía se entrecortaba. Pero las máscaras no empezaron a funcionar hasta diez minutos después. Olía muchísimo a quemado en el avión, casi no se podía ni respirar. Se me ha quedado grabado el sonido de las mascarillas, había gente llorando, aunque tratamos de conservar la calma. Sólo los niños chillaban", continúa.

TODO EN INGLÉS

"Pensamos que nos íbamos a matar, porque el avión descendía muy rápidamente y teníamos un dolor de oídos increíble, así que cogí el móvil y mandé un mensaje para despedirme de mi familia, como hizo otra mucha gente", recuerda. "Menos mal que al final el mensaje no llegó. Les hubiese pegado un susto de muerte", añade. 16 personas tuvieron que ser atendidas por mareos, dolor de cabeza, hemorragias y problemas en los oídos

Laura lamenta que todas las instrucciones que recibieron en el avión fueran en inglés. "El único momento en que se perdió la calma fue cuando un chico argentino gritó a un azafato, el único que hablaba castellano: "¡Hablad en español!" A partir de ahí, ese miembro de la tripulación nos explicó todo y nos dijo que la situación ya estaba bajo control".

"Cuando llegamos a la terminal, no había nadie allí para atendernos y, después, en la oficina de Ryanair nos dijeron que allí solo estaban para hacer pagos y que fuésemos a poner una reclamación a Aena. Allí nos dijeron que llevaban todo el verano recibiendo quejas de esa compañía". El Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla) ya criticó que los últimos incidentes que ha sufrido la compañía irlandesa no son "nada habituales" y denunciaron la presión que, según ellos, podrían sufrir los pilotos que trabajan para Ryanair. A los problemas técnicos que han sufrido últimamente los aviones de la compañía, se añade lo ocurrido este viernes, cuando los pasajeros de un vuelo de Ryanair llegaron a Roma con picaduras de chinches.

"También nos sentó muy mal que cuando estábamos en la cola para hablar con la compañía y la gente decía que no quería montar otra vez en el mismo avión y que era mejor que nos pusieran otro, un miembro de Ryanair nos dijo que si era el mismo avión se arreglaba y ya está, que allí se arreglaban un montón de aviones todos los días", narra Laura.

VIAJE EXTRAÑO

"Me monté de nuevo en el avión que nos pusieron después porque me conozco, y si no montaba entonces me iba a dar miedo montar más. Pero iba continuamente mirando si había rendijas en los compartimentos de las mascarillas de seguridad para comprobar que no era el mismo avión", explica.

Añade, además, que el viaje posterior a Gran Canaria fue extraño porque les pidieron disculpas e intentaron no molestarles. "De hecho, ni siquiera pasaron vendiendo los productos como hacen siempre", agrega. Cuando Laura consultó el correo electrónico por la noche, encontró un email de Ryanair. "Se disculpaban y decían que para ellos lo más importante es la seguridad de sus pasajeros y que por eso el avión dio la vuelta. Por las molestias, procedían a devolvernos el dinero y que querían seguir viéndonos a bordo en un futuro".