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Cambio de hora octubre 2012: En la madrugada del domingo a las tres serán las dos

26/10/2012 13:46 CEST | Actualizado 26/10/2012 13:46 CEST

La madrugada del próximo domingo deberán retrasarse los relojes una hora -a las 03.00 hora peninsular habrá que atrasar las manillas a las dos-, con lo que el día 28 tendrá oficialmente una hora más.

Este cambio de hora, que en las Islas Canarias será de las dos de la madrugada a la una, se produce todos los años el último domingo de octubre en cumplimiento de una directiva europea, por tanto afecta obligatoriamente a todos los Estados miembro de la UE. La medida, según cálculos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía, supone un ahorro del 3 % en iluminación entre los meses de marzo a octubre, lo que equivale a 300 millones de euros.

De esa cantidad, noventa millones corresponden al potencial de los hogares españoles -alrededor de seis euros por hogar-, mientras que los 210 millones restantes se ahorran en los edificios del terciario y en la industria, explica el IDAE en una nota. Para alcanzar este potencial de ahorro, no obstante, hay que ser responsable en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando es innecesaria, y emplear tecnologías que aprovechen mejor la luz natural en edificios del terciario y en industrias.

De todos modos, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y el IDAE aconsejan a los ciudadanos contribuir al ahorro de energía durante todo el año, tanto en iluminación como en la calefacción, electrodomésticos, etcétera.

MÁS DURO EN VERANO QUE INVIERNO

El cambio permite ganar sesenta minutos al fin de semana, pero no todo son buenas noticias: de ahora en adelante la luz se irá antes y los cambios anímicos son mayores que los biológicos. El cambio al horario invernal es menos duro que al veraniego. Ocurre lo mismo cuando se viaja: el jet lag es mucho más intenso si se va de oeste a este. Si se hace al contrario, se gana tiempo al tiempo y las consecuencias para el organismo son menores -es la situación que se vivirá en la madrugada del sábado al domingo-.

En una entrevista con Efe, el jefe de Neurología del Hospital Infanta Cristina de Parla (Madrid), David Pérez, explica que "en el cambio del horario primaveral las consecuencias duran tres o cuatro días, pues perdemos una hora, pero en el invernal, en un día estaremos adaptados sin necesidad de realizar adaptación alguna los días previos".

Según Pérez, que es también director de la Fundación del Cerebro, no se sabe el porqué pero el cuerpo está más habituado a tener jornadas más prolongadas de veinticuatro horas que al contrario. "Cuando se han realizado experimentos se observa que el horario circadiano (ritmo biológico durante un día) no es de veinticuatro sino que se prolonga a veinticinco o más horas y está muy influido por estímulos externos como el sol, etc. Pero cuando un sujeto se encuentra en una cueva o en una estación espacial, y come o duerme cuando quiere, los tiempos tienden a prolongarse", añade.

NIÑOS Y ANCIANOS, LOS MÁS AFECTADOS

Esta medida, que aplican todos los Estados miembro de la Unión Europea, también influye más en ancianos y en los más pequeños, aunque estos últimos tienen una gran facilidad de adaptación. En el caso de los ancianos, sus horarios de sueño son más cortos, y por tanto el cambio, en el porcentaje de sueño total, es mayor, señala el especialista.

Las personas que sufren enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer o el Parkison, lo sufren mucho más. "Estos pacientes -agrega Pérez- tienen un caos en el ritmo biológico, somnolencia durante el día, insomnio por la noche. Si añadimos cambios horarios producidos por el ser humano las consecuencias pueden ser peores".

No caben excusas "físicas" el próximo lunes tras el cambio horario, pero puede que el ánimo se vea afectado. "Podemos estar influenciados, no tanto por el cambio de horario de sueño, que influye de manera indirecta, sino por las horas de oscuridad. Manteniendo los horarios, la actividad que hacíamos antes, lograremos mantener el ritmo previo al cambio horario sin notarlo especialmente", aconseja el doctor.

A pesar de sentirnos extraños o un poco más bajos de ánimo, no debemos automedicarnos. "El cambio de horario y luminosidad del verano al invierno es una circunstancia normal de la vida que no hay que medicalizar. Nos puede costar un poco, pero no hay que recomendar ninguna medicación", afirma.