Un vuelo entre Australia y Papua Nueva Guinea alojó a un particular viajero: una serpiente pitón de tres metros de largo.

El reptil estaba alojado en una de las alas de la nave QF191 y fue localizada a los 20 minutos del vuelo por una pasajera, quien advirtió a la tripulación de cabina de que había “una serpiente en el ala del avión... Se le puede ver la cabeza y si se mira fijamente, una parte de su cuerpo”, según recoge el diario australiano The Sydney Morning Herald.

Uno de los pasajeros ha señalado que en ningún momento cundió el pánico y nadie pensó que hubiera otras serpientes en el interior de la nave.

No hubo miedo, pero sí cierta empatía con el animal, que libraba una prodigiosa lucha por la vida encima del ala, a 12 grados bajo cero y con vientos de hasta 400 kilómetros por hora. Según relatan los pasajeros, todos siguieron los esfuerzos del reptil por no ser arrastrado por el viento. La pitón lo consiguió durante varios minutos, pero al final sucumbió al poder de la naturaleza.