José Luis tiene 60 años y lleva más de cuatro y medio en el paro. Su tono de voz salta de la impotencia a la tristeza y luego a la indignación. “He perdido totalmente la esperanza de volver a trabajar”, lamenta, mientras recuerda aquellos otros tiempos, que ahora le parecen tan lejanos, en los que acudía a reuniones con personas de todo el mundo: “He sido siempre comercial, tengo mucha experiencia en compañías importantes como Johnson and Johnson”. Quizá sin darse cuenta, utiliza el pasado para describir su profesión. En estos cuatro años y medio en el paro no ha conseguido ni una sola entrevista de trabajo.

Según la última Encuesta de Población Activa (EPA), que elabora el Instituto Nacional de Estadística, cerca de 530.700 personas en España se encuentran en una situación muy similar a la de José Luis: son mayores de 55 años y están en el paro, lo que les convierte en demasiado mayores para la inmensa mayoría de las empresas pero en demasiado jóvenes para jubilarse.

El número de desempleados mayores de esa edad se ha multiplicado por más de cuatro desde que comenzó la crisis, desde los 131.700 que registró la EPA en el tercer trimestre de 2007. Ahora, el 77% de ellos considera poco o muy poco probable que vaya a encontrar trabajo en el próximo año, según la última encuesta el CIS.

Muchos han empezado a denominar a esas personas ‘generación sándwich’, dado que están en una especie de limbo entre la jubilación y el trabajo. José Luis, que pertenece a la asociación Parados en Movimiento de Valladolid, no es tan poético. “Ni sándwich ni nada. Lo que yo tengo es la sensación de haber sido borrado del mapa, de que para la sociedad no cuento en absoluto. Me siento como cuando ya no se quiere un coche y lo llevan al desguace”, asegura antes de recordar que, hasta hace no mucho, tenía un buen nivel de ingresos. “En el año 2000 ingresé 10 millones de pesetas y de la noche a la mañana me veo así, comprobando cómo la calidad de mi posible trabajo no se valora. La experiencia ya no cuenta para nada”, lamenta.

José Luis relata que a pesar de que busca trabajo a través de varios portales de Internet y mediante las oficinas de empleo, en sus más de cuatro años y medio en el paro no ha conseguido ni una sola entrevista: “Envié el currículum a la única oferta que me llegó a través de la oficina, para un trabajo en otra ciudad. Ni me contestaron”.

EL SUBSIDIO, AHORA MÁS DIFÍCIL

Desde la semana pasada, además, la situación de muchos parados mayores de 55 años se ha complicado más todavía, dado que el Gobierno ha endurecido las condiciones para acceder al subsidio a ese grupo de edad. Ahora, aunque el parado mayor de 55 años carezca de rentas, no podrá cobrar el subsidio si tiene cónyuges o hijos menores de 26 años "cuando la suma de las rentas de todos los integrantes de la unidad familiar dividida por el número de miembros que la componen, no supere el 75% del salario mínimo interprofesional, excluida la parte proporcional de dos pagas extraordinarias".

La medida ha indignado a los que se encuentran en esa situación. Javier, 55 años y tres y medio en el paro tras trabajar en una empresa de artes gráficas, muestra su enfado: “Todos en este país las estamos pasando canutas, pero nosotros somos uno de los colectivos más sufridos, maltratados y sin esperanza porque esto no lo aguanta ni el más optimista del mundo. Escuchar y ver a los políticos decir que toman medidas así para activarnos me provoca ganas de vomitar. Lo que tenían que hacer es incentivar a los empresarios para contratarnos. En lugar de eso, nos están masacrando”.

“40 AÑOS DE BAGAJE, A HACER PUÑETAS”

Javier López, miembro de la Asociación de Parados Mayores Activos, resume el pensamiento de muchos parados mayores: “Vale, dentro de dos o tres años la situación económica mejorará y se empezará a crear empleo. ¿Y quién me va a contratar a mí con 58 años? Es completamente desalentador y desolador. Es para estar desesperanzado porque mis 40 años de bagaje se van a ir a hacer puñetas”.

Este parado, que vive en Santa Coloma de Gramenet, cree que los mayores de 55 tienen aún más dificultades para encontrar un trabajo por los “clichés” que tienen los empresarios. “Muchos me han reconocido que tiran los currículos de los mayores de 50 sin mirar ni la foto”, lamenta. Añade que otros admiten que quieren jóvenes porque los demás están “acostumbrados” a buenos sueldos y que son personas “bregadas en el sindicalismo” que pueden “alborotar el gallinero” porque no son tan “maleables como los jóvenes”. “El único cliché que admito que puede ser cierto es que ya tenemos una familia con hijos y nietos y nuestra movilidad geográfica es prácticamente nula, pero se compensa con la capacidad de sacrificio y trabajo”, asegura.

Javier recalca que si no se ha producido ya un estallido social es gracias a la economía sumergida. “Los políticos no meten mano ahí, y no la van a meter en la puñetera vida, porque no interesa, porque mucha gente se quedaría sin ingresos y entonces sí que saldríamos hasta a las barricadas si hiciese falta”, asegura.

Eduardo –nombre ficticio- es la prueba de que en esas palabras hay parte de razón. Con 58 años y casi cuatro en el paro, este granadino genera ingresos gracias a “chapuzas varias”. Utiliza su experiencia como mecánico para arreglar los coches de conocidos “siempre bajo cuerda” y completa sus ingresos extra haciendo la limpieza de su propio portal y del de varios bloques de viviendas cercanos al suyo. “No es lo ideal, pero tengo que admitir que no me siento mal por hacerlo ¿Qué hago si no? ¿Esperar y ver cómo me muero de hambre o deprimido en una silla?”