POLÍTICA

La nueva política municipal: un partido nuevo cada día

09/05/2015 10:21 CEST | Actualizado 09/05/2015 12:07 CEST
EFE

El número de partidos registrados en el Ministerio de Interior no nos dice cuántos partidos resultarán elegidos, ni siquiera si todos ellos se presentarán, ni hasta qué punto todos ellos son verdaderos partidos o simples plataformas locales o pantallas para reservar (o bloquear) denominaciones potenciales de candidaturas propias o de la competencia.

Pero es un indicador sencillo e inteligible para saber cuántos ciudadanos quieren presentarse a las elecciones al margen de las siglas ya existentes. Y por tanto, a través de los movimientos de este Registro, podemos intuir cuál es el grado de renovación potencial que una democracia puede generar.

Cada vez se están registrando más partidos. Y el actual ciclo electoral alcanza el récord. Desde 2008 se han creado más de 1500 nuevos partidos. Solo desde enero de 2014 se han incorporado 614 nuevas formaciones: 38 partidos al mes, uno cada día. Inédito.

¿Qué significa este incremento sin precedentes? La mayoría son proyectos de orientación localista, que aspiran a disputar el espacio de los partidos ya establecidos en el ámbito municipal. También surgen muchas nuevas plataformas electorales impulsadas o inspiradas por los nuevos partidos, como Podemos o las candidaturas locales Ganemos. Algunos de ellos se aliarán con otros partidos para presentarse a las elecciones, muchos fracasarán en el intento y solo unos pocos abordarán un proyecto de ámbito estatal y llegarán a ser realmente conocidos por el amplio público.

Este incremento trepidante en la inscripción de nuevos partidos es el reflejo de un fenómeno gestándose en silencio en el ámbito municipal: el cuestionamiento del papel de los grandes partidos (no solo de PP y PSOE) en la arena subestatal o local, allí donde las condiciones son más favorables para emprender una empresa política de carácter electoral.

En último extremo, se trata de un buen reflejo de cómo existe una insatisfacción con la vieja política, representada por las formaciones tradicionales, que los nuevos aspirantes tratan de sustituir con nuevas siglas y denominaciones.

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