POLÍTICA

Entrevista a Mar Cambrollé: "Soy una mujer con pene y feliz, no una enferma"

04/07/2015 10:44 CEST | Actualizado 04/07/2015 11:19 CEST

"Yo sé quién soy", le decía Alonso Quijano -ya Don Quijote en su sesera- a su estupefacto vecino Pedro Alonso. Hablaba enloquecido, sin tino. Cuando la frase la repite Mar Cambrollé, en cambio, la verdad se despliega sin posibilidad de duda, dentro y fuera de ella, para sus vísceras y su cerebro y para la sociedad que primero la maltrató y ahora la respeta y entiende.

"Yo sé quién soy", repite. Es una señora, una empresaria, una activista transexual que ha dedicado su vida a pelear por la libertad sexual. Una mujer de verdad como se titula su biografía, que ahora ve la luz editada por La Calle y escrita por el periodista Francisco Artacho.

Cambrollé quizá no es conocida para el común de los españoles, pero es una institución en Sevilla, de donde procede. Allí es sinónimo de pelea y pasión, la abanderada de una causa relegada durante años al pilón. Es la mujer que lidera la Asociación de Transexuales de Andalucía y que ha logrado, sacando los colores a todos los grupos políticos, que el Parlamento andaluz fuese el primero, el año pasado, en legislar para despatologizar a los trans. Porque, en el siglo XXI, todavía hay quien cree que lo que necesitan es sanar. "Yo soy una mujer con pene y feliz, no una enferma", replica Mar.

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Francisco Artacho y Mar Cambrollé, autor y protagonista de la obra, durante su presentación en la Casa de la Provincia de Sevilla.

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Protesta durante la Transición.

UN DESCUBRIMIENTO LENTO Y DOLOROSO

Al teléfono, antes de marcharse a Huelva para participar en una de las charlas con las que se conmemora la Semana del Orgullo, Cambrollé recuerda para El Huffington Post su travesía vital, muy dolorosa. Y eso que ella la narra casi sin adjetivos, limpia y dura. "En mi infancia lo pasé mal. Mi padre me obligaba a cortarme el pelo, me amarraba las piernas...", relata. Su familia, humilde, la llevó por El Pumarejo y Las Letanías, dos de las zonas más inflamables de Sevilla. Barrios en los que espabilar, sin miramientos. A los seis años, Francisco José Cambrollé Jurado -que es como se llamaba Mar inicialmente- ya se iba más a jugar con las niñas que con los niños. A los 12 salía a pasear con sus amigas, que le prestaban vestidos para que no hubiera bronca en casa. A la incomprensión por su identidad se sumó el abandono temprano de la escuela. A los 13 años ya estaba trabajando en lo que caía.

No fue casi a clase, pero Cambrollé no es ninguna analfabeta. Y mucho menos alguien conformista. Con el paso de los años tomó más conciencia de su diferencia sobre lo establecido como "normal" -a ver quién se atreve a definir lo que es eso- y en 1976 creó el primer grupo organizado en Andalucía para defender la libertad sexual: el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR). Fueron años de asambleas, encuentros furtivos, conexiones con la izquierda, con las juventudes obreras católicas... una siembra clandestina.

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Mar (Francisco José Cambrollé), a la derecha, durante la época de las primeras movilizaciones.

"En este libro lo de menos es hablar de mi vida. Lo que quería era recuperar la memoria histórica del movimiento en Andalucía, contar cómo surge la lucha, vivo el dictador incluso. Tenemos una importante hemeroteca, todo es demostrable. Pero no se había hecho este ejercicio de memoria", lamenta. ¿Y por qué se ha sepultado de la historia? "Todo ocurrió en un contexto bastante politizado. Luego, con el tiempo -porque una sabe más por vieja-, encontré una explicación: la instrumentalización política de las luchas sociales en cada momento, que quiere asociaciones adiestradas, que acudan donde hay que aplaudir y también sepan callarse. Con nosotros, con los trans, ellos no podían rentabilizar sus planes porque aún éramos muy ambiguos y no se había asumido plenamente que la libertad y el respeto al fin debían ser parte de su agenda política. Nuestro mensaje se tapó. Parecía increíble. Después de que llegó incluso la amnistía política, pensamos que vendría la social, pero no, amar siguió siendo un delito durante dos años más. No les rentábamos políticamente. Los gays, así, en general, sí, eso vino más adelante, cuando vieron que podían tener nueve millones de votos", abunda. ¿Habla o no habla claro Mar Cambrollé?

Se siente herida, porque tras aquellos años tan complejos, el colectivo gay fue "injusto e insolidario" con los transexuales, que son los que primero empezaron a mostrarse, afrontando el reto de la visibilidad. "Fuimos golpeadas, detenidas, torturadas... mientras muchos homosexuales se casaban para aparentar y se dejaban un respetable bigote. Ellos, maricas y bollos, nos deben mucho, porque pagamos un precio más alto por amar libremente", reivindica.

Como explica Francisco Artacho, el autor de la biografía, Mar fue quien dio "el principal golpe de efecto" en el movimiento LGTBI, donde la "t" estaba prácticamente olvidada, "cuando los trans son posiblemente los que más han sufrido". "Ella es pasional, inteligente y dura, porque hay que serlo para no desfallecer en esta lucha. Ha pasado por todo para pelear la libertad", abunda.

UNA REVISTA, UN FOGONAZO

Mar Cambrollé estuvo pensando, hasta los 23 años, que era homosexual. "No había en apariencia otras alternativas", dice. Pero un día cayó en sus manos una revista en la que vio la batalla del movimiento trans en Londres o Nueva York. "Y dije: esto es lo que soy". Ahí empezó a virar su lucha activista, hacia el que sentía que era su camino. "Nos robaron la infancia, nos robaron el yo. O eras maricón o era bollera, nada más. Ahora queda claro qué es orientación -lo que te gusta- y qué es identidad -quién soy-. En la naturaleza nada se repite, no hay nada igual. Mejor estudiar la antropología de siglos que atender a esos médicos que en su discurso equivocado hablan de enfermedad", clama.

Superado el limbo, asumido el yo, había que encajarlo y vivir con ello. Pero no era sencillo. El rechazo, los prejuicios, eran inmensos en aquella larga Transición. Fueron tiempos ingratos para Cambrollé, que la llevaron incluso a la prostitución. Honesta, explica en el libro su decisión, consciente y no obligada, aunque durísima. Ejerció en Madrid, Barcelona y Milán, de forma esporádica. Reconoce que ganaba dinero "rápido, pero no fácil". Su postura es clara: defiende la prostitución ejercida sin presiones, "porque hay quien no se da cuenta de que, en este mundo capitalista, también vende su inteligencia o su fuerza de trabajo, y es menos grave ser prostituta que ser un político que, en vez de defenderte, te roba". Y condena "sin duda" las mafias, la trata, el abuso de menores. "Eso no hay ni que decirlo, por supuesto, es evidente que lo rechazo absolutamente, pero también hay que poner matices cuando se condena el ejercicio en libertad. Mi coño no lo nacionaliza nadie", concluye.

Mujer inquieta, de acción, Mar se fue transformando, cincelando ella misma sus formas: apostó por la moda y se convirtió en la primera empresaria que iba y venía de Londres a Sevilla cargada con las tendencias de todas las tribus urbanas del momento. Moderno, en esos años y en esa ciudad, sólo era quien pasaba por su puesto en la Plaza del Duque, un tenderete por el que peleó y que hoy es, multiplicado por 20 o 30 stands, el mayor mercadillo de Sevilla. Luego vino su tienda, más asentada, grande y diversa. Francisco José había pasado por estos años como Paqui, la que tanteaba el terreno en busca de una losa firme en la que sentirse segura, y al fin era Mar, era ella.

LA PELEA POLÍTICA

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Mar Cambrollé protesta en el Parlamento andaluz.

Mar Cambrollé es el alma de la Ley de Transexualidad aprobada en 2014 por Andalucía. Y el corazón de esa ley es la eliminación de toda referencia a la transexualidad como enfermedad. La identidad ahora puede ser elegida libremente, sin un certificado médico, sólo por la voluntad de la persona. La conquista fue "un triunfo", pero ahora su nuevo objetivo es "que se haga efectiva esa ley, más allá de las palabras". Denuncia que se aplica con lentitud, de ahí que haya iniciado una nueva ronda con grupos políticos en el Parlamento, buscando apoyos.

"Hay que lanzar un mensaje: tan cruel es que no te quieran y no te respeten como que te quieran normalizar. Eso no va a ser nunca posible porque no es natural. Tenemos una circunstancia adicional en nuestras vidas, que es como el color de pelo o de ojos. La sociedad debe asumirlo, que amamos nuestras diferencias y con nuestras diferencias", reclama.

Pese a la lentitud de las normas, se siente "razonablemente satisfecha" del cambio que ha experimentado España, donde ahora hasta se atiende a los niños que, desde bien temprano, tienen claro que su camino no es el marcado por los genitales. "Se nos asigna una genitalidad, pero hay que ver realmente lo que somos. Creo que se ha avanzado mucho y es un triunfo del colectivo trans y de la sociedad", se felicita.

Tras tanta lucha, ¿se siente hoy respetada Mar Cambrollé? Dice que sí, que sin duda. Habla entonces más rápido -entusiasmada- de los avances en asociacionismo, de la información que hay en las ong o en internet, de la concienciación de los que antes se anclaban "en un modelo binario, asimétrico, jerárquico y excluyente" que no iba más allá del hombre-mujer. "Ahora hay respuestas", resume.

Mar es feliz, lo repite insistente en la entrevista. Y rezumando optimismo la cierra, con una especie de epitafio en plena existencia. "Mira, yo me agarro a la vida como a un clavo ardiendo, estoy enganchada a la vida. Hoy ya se nos ha borrado la cara triste, ¿sabes? Ya no hay que afrontar la vida escondiéndose o con dudas. Tuvimos el electroshock y ahora tenemos respeto, como una expresión más de la diversidad humana. Si mañana me voy, será con la satisfacción de haber tocado con mis manos la utopía".

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