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El PP gana las elecciones pero tiene muy difícil formar Gobierno

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El PP ha ganado las elecciones generales, pero en la noche del 20 de diciembre nada garantiza que vaya a ser el partido que gobierne España los próximos cuatro años. Más bien todo lo contrario: el escenario que queda es tremendamente endiablado y exigirá acuerdos a varias bandas.

Los resultados de las elecciones —que han registrado una participación del 73,20%, casi cinco puntos más que en 2011— han confirmando lo que todas las encuestas llevaban avisando desde hace un año: las campanas del bipartidismo tocan a muerto con la irrupción de Podemos y Ciudadanos como formaciones que tendrán parte de la llave de un futuro ejecutivo. Aun así, PP y el PSOE suman más de 12 millones de votos (213 escaños), lo que representa un 50,72%. En total, ambas formaciones han perdido 83 escaños respecto a 2011, un 22,66% menos.

Pese a su victoria, el PP ha conseguido sus peores resultados desde los obtenidos por José María Aznar en 1989 al quedarse con 123 escaños, el 28,7% de los votos (7,1 millones). Unos datos insuficientes para que Mariano Rajoy pueda formar gobierno en solitario y muy alejados de los 176 escaños que otorga la mayoría absoluta. El PP no ha mejorado el resultado que le auguraba la última encuesta del CIS, a pesar de que los populares aseguraban que tenía mucho oculto que emergería el 20-D. El batacazo es extraordinario: pierde 63 escaños y un 16% del apoyo que obtuvo hace cuatro años.

Mariano Rajoy ha subrayado en el balcón de la sede del partido en la calle Génova de Madrid que "quien gana las elecciones debe intentar formar Gobierno". En su caso ha garantizado que será "un Gobierno estable con el único objetivo de servir a los intereses generales de los españoles". "España necesita estabilidad, seguridad, certidumbre y confianza", ha señalado para agregar que a partir de ahora "será necesario hablar mucho, dialogar más, llegar a entendimientos y acuerdos". "Y yo lo voy a intentar", ha remachado.


El PSOE ha salido bastante mejor parado de lo que auguraban las encuestas. Es cierto que cierra el peor resultado conseguido nunca en unas elecciones en la democracia y que pierde la cota psicológica de los cien escaños, pero se consolida como principal partido de la oposición al lograr 90 asientos en el Congreso de los Diputados (22% de los votos y 5,5 millones de papeletas). Son 19 escaños menos que en las últimas elecciones, cuando el candidato era Alfredo Pérez Rubalcaba, pero aun así representa todo un balón de oxígeno para Pedro Sánchez, cuyo futuro político dependía sobre todo de no perder la segunda posición.

Sánchez ha avanzado que el PP debe "intentar formar gobierno", aunque ha matizado que "España quiere izquierda y quiere cambiar". El líder socialista interpreta que los resultados de las elecciones abren "una nueva etapa política" hacia un "periodo de diálogo". El PSOE, ha dicho, "está dispuesto a dialogar, a debatir y a acordar" para "defender los intereses generales del país".

LOS PARTIDOS EMERGENTES

Podemos ha hecho bueno su lema de campaña (“Remontada”) y ha pasado de la cuarta posición que le daban todas las encuestas antes de la campaña electoral a la tercera que le han dado los españoles. La formación de Pablo Iglesias logra por sí solo 42 escaños, pero gracias a sus alianzas —en Cataluña con En Comú Podem (12 escaños y un 3,7 % de los votos), en la Comunidad Valenciana con Compromís (9 y un 2,7 %) y En Marea en Galicia (6 y un 1,6 %)— se va hasta los 69 asientos.

"España ha votado cambio de sistema", ha subrayado Iglesias, quien cree "inaplazable" e "imprescindible" un blindaje constitucional que garantice el derecho a una vivienda digna, la sanidad y la educación pública, y la inclusión de una moción de confianza ciudadana al Gobierno para comprobar el cumplimiento de su programa. "Un Gobierno que no cumpla podrá ser revocado", se ha comprometido.

Iglesias ha rechazado hablar de "entendimientos" con el PSOE esgrimiendo que hoy "no toca" abordar esas cuestiones, sino hablar de "reformas constitucionales". "Los 69 diputados de Podemos van a tender la mano a las fuerzas políticas para hacer cambios constitucionales antes de hablar de cualquier otra cosa", ha avisado

El pinchazo lo ha sufrido Ciudadanos, que pese a ser sus primeras elecciones, se ha quedado como cuarta fuerza cuando hace un mes algunas encuestas le situaban en una cómoda segunda posición. El partido de Albert Rivera ha conseguido 40 escaños y más del 13% de los sufragios. Según ha aclarado, el resto de partidos "no van a ser mis enemigos, sino mis compatriotas", ha señalado al tiempo que ha calificado el resultado de "histórico" y a Ciudadanos como el "nuevo centro político" en España, que se convertirá en "eje de una nueva transición".

Unión Popular, la formación de Alberto Garzón, ha logrado 2 escaños, constatando que buena parte de su electorado se ha movilizado hacia el partido de Pablo Iglesias. El candidato de IU ha reconocido que se ha quedado lejos del objetivo de tener grupo parlamentario propio en el Congreso con cinco diputados y un 5% de votos estatales. Se ha quedado con el 3,67%.

A juicio de Garzón, tampoco se ha conseguido que el bipartidismo perdiera el número de votos suficiente para generar "una nueva etapa de políticas de izquierdas" en el poder. Tampoco ha querido avanzar si los dos diputados de IU apoyarían una posible coalición de izquierdas porque es "absolutamente precipitado".

Las elecciones de este 20-D también suponen un cambio para los partidos nacionalistas, que en otras legislaturas han dado la estabilidad a gobiernos de PP o el PSOE. En su conjunto han perdido poder, con las excepciones de ERC —multiplica por tres sus escaños, al pasar de 3 a 9— y el PNV, que se mantiene en los seis asientos. Democracia y Libertad, el partido de Artur Mas, consigue 8 escaños tras su separación de Unió. Amaiur, ahora EH Bildu, pierde 5 y logra sólo 2. Coalición Canaria, por su parte, pasa de dos a uno.

UPYD, Unió, BNG y Geroa Bai desaparecen del Congreso al no haber conseguido ni un sólo escaño.

EL LÍO DE LOS PACTOS

Ante este panorama tan atomizado cualquier formación de gobierno pasa por alcanzar pactos. Pero es que ni siquiera será posible un acuerdo a dos (PP-Ciudadanos o PSOE-Podemos), ya que ninguna combinación así da los 176 escaños de la mayoría absoluta necesarios para el el pleno de investidura.

Rajoy cuenta con 123 diputados de su partido y sumando los 40 de Ciudadanos se queda a 13 de la mayoría absoluta. La suma de los diputados del PP y del partido de Albert Rivera da 163, cuatro más que la suma de los de PSOE (90) y Podemos (69). PSOE y Podemos necesitarían 17 diputados más para llegar a la mayoría absoluta.

Si les bastara con la mayoría relativa, es decir más votos a favor que en contra, tendrían que sumar tres diputados de otras fuerzas políticas. Podrían lograr el apoyo de los dos diputados de IU, pero necesitarían uno más proveniente de DiL (8 escaños), PNV (6) o Coalición Canaria (1), por un lado, y ERC (9 escaños) o EH Bildu (2) por otro.

En el caso de que en la primera votación Mariano Rajoy no alcanzase los 176 escaños, a las 48 horas se convocaría una segunda votación en la que se requiere mayoría simple. Si en esta segunda ronda Rajoy tampoco consigue más apoyos que rechazos, se celebrarían sucesivas votaciones de otros candidatos con esta misma fórmula. En el peor de los escenarios, si dos meses después de la primera votación de investidura no se ha conseguido formar Gobierno, se convocarían nuevas elecciones generales.

España afronta una situación que, como se ha encargado muchas veces de recordar Mariano Rajoy, estará definida por el lío.

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