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21/12/2015 00:44 CET | Actualizado 20/12/2016 11:12 CET

El 20-D aprieta pero no ahoga a Sánchez

A pesar de la sangría de votos, los de Pedro Sánchez no lo dan todo por perdido. La izquierda suma un millón de votos más que la derecha. España ha votado cambio y, aunque al PP como primera fuerza política le corresponde formar gobierno, la suma con Ciudadanos no le da. Y si no le da, será el segundo, o sea el PSOE, quien tratará de impulsar una alianza de cambio.

Y hubo tanto ruido

Que al final, llegó el final.

Mucho, mucho ruido...

Lo cantó Sabina, pero se vivió así la noche electoral en el PSOE, y no sólo en la sede de Ferraz. En Andalucía, en Extremadura, en Castilla-La Mancha, en Asturias... Los socialistas se jugaban el ser y el estar; el perder o el perderlo todo y ocurrió lo primero. Pero el cisma está y estará.

Una sangría en votos (casi dos millones menos que en 2011); un descenso notable en escaños (19) y 6 puntos por debajo del partido más votado.

Aún así los de Sánchez no lo dan todo por perdido. La izquierda suma un millón de votos más que la derecha. España ha votado cambio y, aunque al PP como primera fuerza política le corresponde formar gobierno, la suma con Ciudadanos no le da. Y si no le da, será el segundo, o sea el PSOE, quien tratará de impulsar una alianza de cambio. ¿Con quien? La aritmética no da para mucho. España se acuesta, a priori, ingobernable. Pero hay quien sueña con un tripartito PSOE-Podemos-IU condicionado por nacionalistas e independentistas. Un alto precio que no todos los socialistas están dispuestos a pagar. Antes, prefieren nuevas elecciones en mayo. Una opción que para otros beneficiaría a un PP que en ese caso sí sacrificaría a Mariano Rajoy como candidato.

Calma, prudencia y análisis frío pedían anoche los barones desde sus territorios. Demasiados escenarios, demasiadas cábalas y una sola certeza: que el PSOE ha registrado el 20-D el peor resultado de la historia (5.300.000 sufragios, 90 escaños y sólo un 22 por ciento de los votos). Así que los datos requieren de una digestión larga, si bien el primer titular es que el escrutinio aprieta pero no ahoga a Pedro Sánchez, de momento. Quienes querían su defunción la noche del 20-D tendrán que esperar. "Primero España y después el PSOE", advertía un secretario general reticente a concertar con precipitación estrategias orgánicas.

El hecho de que el PSOE mantenga la segunda posición del tablero y acaricie la idea de un gobierno en minoría pospone la necesaria catarsis de un partido que no acaba de encontrar el rumbo ni en lo orgánico ni en lo político y que, a tenor de los resultados, necesita inexorablemente del apoyo de Podemos. Pablo Iglesias ya ha dejado claro su precio: una España plurinacional, después de una reforma constitucional que incluya una consulta sobre el encaje de Cataluña en España.

¿Lo pagará Sánchez? ¿Se lo permitirá el PSOE? De todo esto y de mucho más se hablará en la Ejecutiva Federal. Pero si quieren alguna pista, escuchen las palabras de Sánchez tras conocer los resultados: "España quiere izquierda y quiere cambiar". Y dijo más: "Hemos hecho historia y hemos hecho presente. El futuro es nuestro". Quien pensara en renuncias o dimisiones tras el peor resultado de la historia del PSOE tendrá que esperar. Incluida la federación andaluza, que anoche mismo se atribuyó el mérito de que Podemos no diera el sorpasso en España. Uno de cada cuatro diputados socialistas es andaluz, el 25 por ciento. Susana Díaz se ha impuesto a los de Iglesias en Andalucía por 625,000 votos y 15 puntos. Aún así, la reina del Sur de nuevo tendrá que esperar...

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