¿Puede caer realmente el régimen iraní?
Las protestas masivas por la crisis económica, desconocidas en años y empapadas en sangre, muestran la clara vulnerabilidad de los ayatolás, pero eso no augura la derrota inminente. Ha habido levantamientos antes, sin éxito. ¿Qué cambia ahora?

Irán afronta su tercera semana de furiosas protestas populares, un levantamiento masivo contra el régimen teocrático sin precedentes en los tres últimos años y que pone al líder supremo, Ali Jamenei, y a su círculo ante la angustia de sobrevivir. A la suma, ya lacerante para la población, de mala gestión, corrupción y represión se ha añadido ahora una crisis económica que ha sacado a la calle hasta a los tibios.
Pesa, sobre todo, el desplome del rial y la elevada inflación, pero como siempre que hay una rendija por la que escapar, lo que empezó siendo sólo pecuniario se ha convertido, con los días, en un grito para demandar, también, respeto a los derechos humanos y democracia, tras una Revolución Islámica vieja de hace 47 años.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre después de que los comerciantes del Gran Bazar de Teherán, la capital, organizaran una huelga cuando la moneda nacional iraní alcanzó un mínimo histórico frente al dólar estadounidense en el mercado abierto. Desde entonces, las protestas y manifestaciones se han intensificado y se han extendido a más de cien ciudades y pueblos en las 31 provincias de Irán, según grupos de derechos humanos.
Se han registrado enfrentamientos violentos entre manifestantes antigubernamentales y fuerzas de seguridad y fuentes como la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, afirma haber verificado la muerte de 495 manifestantes y 48 agentes de seguridad en todo el país. Otras 10.600 personas han sido detenidas durante las semanas de disturbios, añade. Para Jamenei, son "alborotadores", que sencillamente están tratando de "complacer al presidente de EEUU", Donald Trump. Se han impuesto apagones generalizados de Internet y teléfono durante las protestas, lo que limita la visibilidad de la situación sobre el terreno y da la medida del temor del régimen.
La Administración norteamericana ha amenazado con intervenir si sigue la violencia contra los civiles. Aunque dice Trump que ha recibido llamadas de Teherán para hablar, también recuerda que su Ejército está dispuesto para golpear si es necesario y lo está estudiando "muy seriamente". "Irán busca la LIBERTAD, quizás como nunca antes”, publicó Trump en redes sociales el sábado. "¡Estados Unidos está listo para ayudar!". Ya hay un precedente, el de la Guerra de los 12 Días, del pasado verano.
La CNN dice que desde el Despacho Oval manejan todas las posibilidades pero que el mandatario aún no ha tomado ninguna decisión, y de momento lo que ha anunciado son aranceles del 25% a cualquier país que "haga negocios" con Irán. Mientras, el ministro de Exteriores de Teherán, Abbas Araghchi, ha dicho en una comparecencia ante embajadores extranjeros que su país "no busca la guerra", que "no atacará primero", pero que está "listo para la guerra". Avisa a otros países -léase EEUU e Israel- ante posibles "errores de cálculo" que luego deban pagar.

La foto fija
Ese es el resumen, en caliente, de lo que pasa en Irán, pero vamos a detenernos en la foto fija, en cómo está el régimen, para analizar cuánto puede aguantar, si esta será o no la revuelta definitiva que se lo lleve por delante o lo fuerce a ceder.
Desde que llegó al poder en 1989 –una década después de que una enorme revolución expulsara del poder al autoritario Sha de Irán, respaldado por Washington, y marcara el comienzo de la República Islámica–, el líder supremo, Jamenei, ha enfrentado una serie de desafíos políticos y de seguridad importantes. Lo de ahora no es nuevo, pero es más intenso que años atrás, incluso que cuando hubo protestas por el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la Policía de la Moral, acusada de ni llevar bien puesto el velo obligatorio. Intensidad aparte, importa que cada vez pasa menos tiempo entre un levantamiento y el siguiente: 1990, 2009, 2022, 2023, 2024... Los iraníes son más desafiantes porque están más cansados e impacientes.
El líder ha mantenido en estos años el respaldo de algunos leales e instituciones estatales, empezando por el Ejército y la todopoderosa Guardia Revolucionaria, pero sus políticas represivas han encontrado un apoyo público menguante. La frustración por la crisis económica iraní ha aumentado incluso provocando el enfado en un sector habitualmente afín a los clérigos, como el del comercio.
El régimen ha perdido el atributo más básico de un Estado funcional, el control de su moneda, y eso lo cambia todo. Cuando la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el del mercado alcanza 35 a 1, el rial deja de funcionar adecuadamente como dinero. Los ahorros pierden valor, los contratos pierden credibilidad y la planificación económica se desmorona.
La economía socializada de Irán agrava el daño. El combustible se vende en el país a precios muy subsidiados. Intermediarios vinculados al régimen lo compran barato, lo exportan ilegalmente y se embolsan la diferencia. El público absorbe la escasez; los de adentro se apropian del resto, denuncian los opositores.
Irán sigue enfrentándose a fuertes sanciones internacionales, incluyendo la reactivación de las llamadas sanciones de "reinicio rápido" relacionadas con su programa nuclear. Eso lastra su economía enormemente. Los líderes de los países que impusieron esos castigos a menudo dicen que las medidas pretenden ejercer presión sobre el Gobierno y los líderes nacionales. Sin embargo, también han paralizado a la clase media iraní –la base del movimiento reformista del país– ,que ve pocas oportunidades de crecimiento o, peor en los últimos tiempos, tiene problemas para algo tan básico como llegar a fin de mes.
El liderazgo iraní se encuentra en una situación vulnerable después de que varios de sus puntos de influencia hayan sido neutralizados, de forma muy vergonzante, además, a ojos de todos. Por ejemplo, desde 2023, los ataques israelíes en todo Oriente Medio a los grupos armados regionales de Irán, como Hamás, Hezbolá o los hutíes de Yemen -el llamado Eje de Resistencia- han erosionado el poder regional de los iraníes, sus tentáculos para extender su amenaza. Irán también perdió un aliado crítico, en diciembre de 2024, cuando el presidente sirio Bashar al Assad fue derrocado. Sin esa muleta, su equilibrio se resiente.
En paralelo, los ataques estadounidenses de provocaron daños significativos al programa nuclear del país, en cuyo desarrollo el Ejecutivo ha gastado miles de millones de dólares, con bombardeos en complejos científicos y militares, incluso en Teherán, la capital.

Todo eso, más la anulación de derechos esenciales y el sometimiento represivo, ha llevado a que se instale un sentimiento anti-régimen históricamente alto, aunque no total. Por ahora, la orden es silenciar esas voces críticas. No ha habido, en estos días, más que mano dura y una asunción por parte del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian (reformista), de que no puede dar soluciones inmediatas y completas a las reclamaciones de su gente.
"He encomendado al ministro del Interior que escuche las legítimas demandas de los manifestantes mediante el diálogo con sus representantes, para que el gobierno pueda actuar con todas sus fuerzas para resolver los problemas y responder con responsabilidad", publicó en X el 29 de diciembre.
Queda la impotencia y queda la mano dura porque, dice, quienes se levantan no dejan de ser "terroristas". “Si la gente tiene preocupaciones, es nuestro deber resolverlas, pero el deber más importante es que no debemos permitir que un grupo de alborotadores venga y perturbe a toda la sociedad”, dijo en un discurso televisado, el sábado pasado.
Sin recursos, con armas, ¿con apoyos?
Los analistas coinciden, en estas horas de incertidumbre, en que estamos ante un pico de protestas potente, nada desdeñable, no menor, que estalla en un momento de enorme desgaste del régimen, con sus aliados regionales borrados o dañados, como su programa atómico, y con Jamenei discutido, con 86 años y sin sucesor. Y, sin embargo, "la vulnerabilidad no es lo mismo que la derrota", como escribe en Time el comentarista Bobby Ghosh. "El régimen aún controla un formidable aparato represivo" y eso es clave en la respuesta. No ha sacado aún ni una mínima parte de su poder, avisa.
Los medios oficiales tratan de mostrar en estas horas contramanifestaciones para superar el relato de la disidencia, dando a entender que son más los que toman las calles para defender al régimen, pero el problema, añade David Satterfield, exenviado para Oriente Medio del presidente norteamericano Joe Biden, es que "saben que no pueden abordar las causas de la protesta". Y eso genera miedo. En declaraciones a BBC 4, explica que el escenario es mucho más sensible esta vez porque hablamos de servicios básicos, "agua, combustible, electricidad y alimentos a precios asequibles, no sólo para las clases bajas, sino también para las clases altas y medias-altas".
Es algo que afecta a todos los iraníes, en lo esencial. En movilizaciones previas, que él llama "culturales", los ayatolás han podido salir adelante flexibilizando algunas cosas. Cita, tras el caso Amini, cierto "alivio de las sanciones a las mujeres, la flexibilización de los códigos de vestimenta y o el hecho de que la policía religiosa dejó de exigir que se cubrieran el cabello". Esto es otra cosa. "Si lo que se busca es un salario digno, una moneda que no se deprecie, combustible, electricidad y agua, eso no es algo a lo que el régimen pueda recurrir fácilmente", sentencia.
Si no tiene cómo superar las sanciones ni cómo atender a esas necesidades, a priori lo que se teme es que la represión aumente, hasta silenciar a los críticos, coinciden los dos expertos. Y, por ahora, el sistema de seguridad y represión sigue intacto. Hasta el momento no se han producido deserciones graves de la élite ni de las fuerzas de seguridad. Si no llegan, es poco probable que cualquier intervención de EEUU sea muy útil a corto o medio plazo. Tras los bombardeos del verano, que acabaron con la vida de un importante número de altos mandos iraníes -nunca afinados por el régimen- se produjo un relevo de fieles.
No obstante, los problemas financieros de toda la nación también han llegado a sus Fuerzas Armadas, que cada vez tiene más problemas para modernizarse y financiar proyectos -aún así son temibles por sus misiles balísticos y sus drones, sin ir más lejos-. Esas carencias pueden generar malestar en las filas militares pero, si es así, no ha salido a la luz ni ha cristalizado en rebelión.
Ghosh plantea también el dilema de cuánto apoyo tiene aún el régimen, que no es desdeñable. "Quienes han pasado tiempo en Irán saben que, a pesar de la impopularidad del régimen, la mayoría de los iraníes temen más al caos que a la libertad. Los iraníes han visto cómo Siria, Irak, Libia y Yemen se hunden en el caos y una violencia terrible. Saben que el colapso del régimen no garantiza la democracia; con la misma facilidad puede producir violencia prolongada y desintegración", expone.
"Si la República Islámica cae, será porque los iraníes dentro del país se organizan, movilizan y, en última instancia, obligan a elementos del aparato de seguridad a cambiar de bando, no porque un político en el exilio prometa una transición fluida. La revolución de 1979 en Irán triunfó porque el ayatolá Jomeini cooptó a sectores de las fuerzas armadas. Todavía no se observa una división comparable", constata.
El exembajador británico en Irán, Rob Macaire, durante un evento del tanque de pensamiento Atlantic Council (radicado en EEUU, no partidista) a propósito de esta crisis, entiende que hay un doble problema para Jamenei: que "no tiene las respuestas a ninguno de los desafíos que enfrenta" y que, además, apoyo al régimen entre los iraníes es escaso y se está "reduciendo". A medida que el círculo de poder en torno a Jamenei se estrecha cada vez más "al régimen le resulta muy difícil hacer otra cosa que cerrar filas y redoblar su política represiva". No es optimista, no espera calma. "El régimen tiene una enorme cantidad de poder represivo que en realidad ni siquiera ha comenzado a utilizar todavía", advierte.
Ahora Teherán sabe, además, que Trump puede atacar de veras, que no va necesariamente de farol, como no lo fue en la operación Martillo de Medianoche, hace medio año. Acaba de llevarse por las bravas al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y si ya en verano amenazó con defenestrar a Jamenei... No hay que ser un genio para sacar esa ecuación.
Así que lo que necesitan los iraníes críticos para dar la vuelta a su realidad de 2026 es solidaridad internacional con los manifestantes, sanciones específicas contra funcionarios del régimen, apoyo a los medios de comunicación independientes y presión diplomática en favor de los derechos humanos.

Los escenarios
Michael Doran, director del Centro para la Paz y la Seguridad en Oriente Medio del Hudson Institute, un think tank norteamericano conservador, reconoce, como sus colegas, que está todo demasiado abierto como para saber si puede o no caer el régimen iraní, aunque sí entiende que se está "desmoronando". "Pase lo que pase ahora, no hay ningún escenario en el que la República Islámica sobreviva a 2026 con su poder intacto", afirma. "Han sucedido demasiadas cosas; demasiados factores incontrolables, pero entrelazados, conspiran para erosionar el poder del régimen. Pero eso no significa que la revolución sea inevitable y que Irán vuelva a florecer como una sociedad libre y abierta", asume.
Reconoce que en las dos últimas décadas se ha repetido la fórmula en otras protestas en Irán: primeros levantamientos, consolidación y ampliación de las manifestaciones, represión gradual y fragmentación final de los opositores. Y, sin embargo, recuerda que "la Historia importa, pero ya no gobierna el momento presente", porque Jamenei y su gente no tienen la misma "autoridad, cohesión y capacidad" del pasado. Así que ahora, quizá, todo puede ser distinto.
El politólogo, que ha sido profesor en las universidades de Princeton y Harvard, plantea, a la luz de esta radiografía, tres escenarios para Irán.
- ESCENARIO 1: colapso del régimen. "La inestabilidad persistente fractura a la élite, lo que provoca deserciones dentro de los servicios de seguridad y la ruptura del control centralizado".
- ESCENARIO 2: transformación parcial del poder. El líder "podría morir -o ser destituido-, allanando el camino para que un hombre fuerte de la Guardia Revolucionaria tome el poder. Dicha figura ajustaría las políticas nacionales e internacionales para ganar tiempo. El Estado podría perdurar, pero el régimen tal como lo conocemos hoy no: la autoridad ideológica se erosionaría y la cohesión institucional se debilitaría".
- ESCENARIO 3: El tercer escenario es salir adelante "a duras penas". "La dirigencia reprime las protestas hasta que se disipan. El sistema sobrevive sin cambios formales. Pero emerge aún más débil que antes: más paralizado, más aislado y más dependiente de la fuerza para funcionar".
Habría un cuarto escenario que, por ahora, sitúa en otro plano porque Jamenei lo ha descartado: ceder a EEUU, esto es, desmantelar tanto el programa nuclear como el de misiles balísticos y poner fin a la financiación de socios regionales, a los proxy. A cambio, Irán recuperaría el acceso a divisas, estabilizaría su economía y desmantelaría el sistema de sanciones.
Matiza que ni en lo nuclear y en lo armamentístico tiene hoy Irán el poder de otro tiempo pero, aunque "estas capacidades ya no garantizan influencia ni inmunidad", sí "aseguran que el régimen siga siendo un actor letal incluso cuando su posición se deteriora". El autor califica esta vía como "salida", pero por ahora no cala.
Aunque sean opciones distintas, insiste Doran, "ninguna preserva el régimen tal como existe actualmente". "El colapso es posible. El declive severo es inevitable", sentencia. Pero, a la vez que reconoce ese hundimiento, alerta del peligro de esta nueva situación: "Como un perro rabioso, se está muriendo, pero sigue siendo extraordinariamente peligrosa. Irán conserva una importante fuerza de misiles balísticos, una capacidad nuclear residual y un compromiso ideológico con la destrucción de Israel y la expulsión de EEUU de Oriente Medio. Un régimen moribundo no se vuelve cauteloso por defecto".
El papel del príncipe Pahlavi
Irán exhibe este enero muchas de las condiciones clásicas para una revolución: del colapso económico a la humillación militar, pasando por la erosión de la legitimidad y el aislamiento externo. Pero carece de un catalizador "decisivo": un liderazgo revolucionario organizado. A base de pena de muerte o cadena perpetua, a base de eliminación de posibles líderes y de exilio, la oposición prodemocracia carece hoy de un abanderado. Hay muchos rostros visibles, hay muchas historias heroicas, pero nada que aglutine a un pueblo entero detrás.
Al calor de estas protestas, sin embargo, ha cobrado protagonismo la figura de Reza Pahlaví (Teherán, 31 de octubre de 1960), el hijo mayor del sha Mohammad Reza Pahlaví y de su consorte, la emperatriz Farah. El príncipe heredero si aún hoy hubiera monarquía en el país. Pahlavi, que se hace fotos hasta con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu (se alinea con Tel Aviv, al igual que con Washington), ha apoyado la dureza de las amenazas de Trump porque entiende que busca proteger a los civiles y da "mayor fuerza" a los manifestantes.
Está haciendo llamamientos a la huelga, conversa con países occidentales desde su exilio en EEUU y trata de mostrarse como una figura sobre la que cerrar filas. Pero parte una base de barro: su padre fue expulsado por voluntad popular y él se ve como un extranjero, no como quien brinda democracia.
"La participación de Pahlavi no refleja realmente su popularidad, sino más bien la comprensión de que los cánticos a favor de su regreso son una burla al régimen. Es dudoso que quienes gritan estas consignas quieran el regreso de la monarquía a Irán", expone Danny Citrinowicz, investigador del Programa Irán y el Eje Chiíta del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS).

¿Pero quién es este hombre emergente?
- Su nacimiento fue considerado un acontecimiento de importancia nacional. Los medios de la época informaron de multitudes alineadas a lo largo de kilómetros entre el hospital y el palacio real para celebrar la llegada del heredero. Mohammad Reza Pahlavi, el sha de Irán, había tenido por fin un hijo que, según la Constitución, podía sucederle como rey.
- En 1978, el príncipe heredero abandonó Irán para asistir a una escuela de aviación en EEUU. Un año después, su padre huyó del país al inicio de la Revolución Islámica, que triunfó poco después y depuso el sistema monárquico. El sha murió en el exilio poco después.
- La responsabilidad simbólica recayó en su hijo mayor. El día de su 21 cumpleaños, declaró su "disposición a aceptar sus responsabilidades y compromisos como rey legal de Irán".
- Tras completar los cursos necesarios para pilotar aviones de combate, inició estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Massachusetts. Más tarde, se licenció por correspondencia en la Universidad del Sur de California.
- Durante la guerra Irán-Irak, impulsado por lo que describió como un "deber nacional y patriótico", envió una carta al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, a través de la Embajada suiza en El Cairo, ofreciéndose como piloto de caza. Nunca recibió respuesta.
- Con el paso de los años, Reza Pahlavi se consolidó como una destacada figura opositora entre los sectores monárquicos y llegó a anunciar la creación de un Gobierno en el exilio. Su protagonismo político ha sido limitado durante años.
- Repite que no busca necesariamente la vuelta de la monarquía, sino el derrocamiento del régimen actual y la celebración de un referéndum.
Nninguna otra fuerza opositora en el exilio ha logrado consolidarse como alternativa creíble. La Organización Mojahedin-e Khalq u Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán, el grupo más estructurado fuera del país, carece de legitimidad entre amplios sectores de la población debido a su ideología, sus prácticas internas y su colaboración con Sadam Husein durante la guerra Irán-Irak. También ha sido catalogada como terrorista por varios países, incluido EEUU (hasta 2012). Otros intentos de coalición, como la alianza surgida tras el movimiento Mujer, Vida, Libertad, en 2022, se disolvieron rápidamente por desacuerdos internos.
A la espera de acontecimientos, hoy es más probable que veamos primero un cambio dentro del régimen, en lugar de un cambio de régimen. Es dudoso que el régimen ceda fácilmente su control sobre Irán y, menos, sin ayuda externa, de la naturaleza que sea, y sin un líder sólido.
