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Terremoto en Ecuador: angustia tras una semana de búsqueda entre los escombros

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ECUADOR
Estado de la localidad de Portoviejo tras el terremoto en Ecuador | ALIANZA POR LA SOLIDARIDAD
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La voz angustiada de José Miguel Martínez, Picachú, desde la ciudad de Cuenca (Ecuador) se interrumpe de pronto y un extraño ruido se oye al fondo. “Acabo de sentir otro fuerte temblor”, dice cuando por fin recupera la voz para responder a través de un hilo telefónico que cose dos realidades separadas 8.700 kilómetros.

A José Miguel, colaborador de la ONG Alianza por la Solidaridad, el terremoto del sábado 16 de abril, de 7,8º de magnitud, le encontró en su casa de Portoviejo cuando iba a bañar a su recién nacida, Gema Michel, con apenas tres días de vida. “Y por poco no fueron los únicos. Parte de la casa se cayó, pero sin dañarnos. Tras pasar por una cancha habilitada de albergue, nos vinimos a Cuenca, a 382 kilómetros, porque allí comienzan a surgir infecciones y no hay lo básico para vivir, solo muertos por desenterrar entre los escombros”.

Una semana después la desesperación toma cuerpo entre la población, que ha sentido ya 700 réplicas de un seísmo que ha dejado la costa pacífica ecuatoriana sumida en la desolación. Las cifras oficiales hablan de 654 muertos y 58 desparecidos, pero las cuentas no les cuadran a los habitantes de Pedernales, de Manta, de Portoviejo, de Esmeraldas, de los lugares donde vieron desmenuzarse como azucarillos edificios de cinco plantas: hoteles, oficinas, clínicas; que saben que han desparecido familias enteras y aún buscan a sus conocidos. “Imposible. Serán casi 10 veces más, pero ocultan la magnitud de la tragedia para no alarmar mientras no llega ayuda internacional suficiente, ni son capaces de organizar los repartos”, se queja Martínez cuando recobra la calma tras ver moverse lámparas y mesas a su alrededor.

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Una de las carreteras de acceso, totalmente abierta tras el terremoto

Aún así, para Alianza, cuyo equipo ha trabajado en otras emergencias, la respuesta está siendo efectiva. Su coordinadora de Acción Humanitaria en España, Cristina Muñoz, considera “lógico que haya caos y sensación de lentitud entre la población porque es muy complejo restablecer el acceso a las zonas y se necesitan unos mínimos para poder distribuir ayuda y garantizar que llega a los más vulnerables”

Picachú y su esposa habían llegado días antes a Portoviejo desde Galápagos para que la practicaran una cesárea. Si la casa entera no se les vino encima, asegura que fue porque sobre el techo aún tenían vacío el tanque, de 2.500 litros, que suministra agua a la vivienda. Otros no tuvieron tanta suerte. Primos, tíos, amigos… Todavía no es capaz de hacer el recuento de muertos entre los suyos. “¿Cómo van a ser 654?”, insiste. “Ni siquiera cuentan a los fallecidos que se llevaron sus familias a sus casas la primera noche”.

Pasamos las noches sin dormir con los continuos seísmos, pensando que al siguiente se nos cae encima todo.

Desde Portoviejo, su hermano Cristian explica que el 70% de las edificaciones están destruidas. Las imágenes que envía hablan por sí solas. Son despojos de hormigón entre los que se ven largas colas de personas que esperan conseguir un poco de arroz, unas latas o agua para beber en un local habilitado para ello. Cristian reconoce que “va llegando ayuda, pero poca, y hay zonas donde no hay nada”. “Faltan medicinas y encima comienzan a haber asaltos y robos, porque los presos están libres y porque la gente desespera. Para colmo, pasamos las noches sin dormir con los continuos seísmos, pensando que al siguiente se nos cae encima todo”, añade. Su amiga María Eugenia, maestra, apunta otro dato: “Y tenemos problemas con las compañías telefónicas Claro y Movistar porque ya no hay donde recargar los móviles. Que nos dejen tarifa libre para saber de los nuestros”, reclama en la distancia.

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Colas para poder acceder a algunas provisiones y agua

Personal de Alianza por la Solidaridad ya se ha desplazado a esta zona desde Quito para comenzar a distribuir paquetes de alimentos y objetos de primera necesidad, sumándose así a otras organizaciones y a ecuatorianos que, como Picachú, ante lo que consideran lenta respuesta oficial, también llevan productos básicos. “Hay que comprar chocolate y copos de maíz para los niños, que son muy energéticos; lo malo es que han cerrado tiendas y que hay delincuentes sueltos. Una amiga psicóloga está anonadada después de descubrir que han violado a niñas en los albergues”, asegura antes de partir, hoy lunes, con un vehículo cargado hacia algunas pequeñas comunidades.

José Miguel, que ha trabajado con Alianza en proyectos de residuos, antes de abandonar Portoviejo hace pocos días afirma que ya vió casos de disentería. Con la basura acumulada en las calles y cadáveres aún entre las ruinas ya en descomposición, crece su temor a que prendan epidemias como el cólera. Otro riesgo que ve venir tiene que ver con las construcciones. Y es que en todo el municipio sólo había dos edificios con medidas antisísmicas -uno oficial que estaba en obras y el del Banco La Previsora-, pero lo que sí tenían casi todos era amianto, un material cancerígeno ya prohibido. Convertido ahora en polvo, nadie se protege de él cuando rebusca sus pertenencias entre los cascotes.

Es la diferencia entre un país rico y que se prepara y otro que no lo es ni lo hace, así que se derrumba.

Es una situación muy distinta a la que generó en Japón, apenas dos días antes, un terremoto algo menor, de 7,3º de magnitud. Dejó 47 muertes. “Es la diferencia entre un país rico y que se prepara y otro que no lo es ni lo hace, así que se derrumba”, apunta Picachú. Ahora, si teme que muchas casas -hoy en un equilibrio de funambulista-, sigan cayendo aún tiene más miedo a esos enemigos invisibles que no salen en las fotos y que pueden causar estragos: las enfermedades infecciosas.

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Edificios totalmente derrumbados en Portoviejo

Entre la basura, que se recoge con total descontrol, menciona el riesgo de los residuos tóxicos que quedaron entre los cascotes de hospitales y centros de salud y que requieren un tratamiento especial. Es un asunto en el que Alianza va a participar directamente, dada su experiencia de casi dos décadas con proyectos de gestión de residuos en Ecuador, incluidos los peligrosos, para más 500.000 personas.

Esta es la razón por la que el Gobierno ecuatoriano ha encargado a la ONG española la tarea de colaborar no sólo en ayuda de emergencia, sino también en la prevención de epidemias, poniendo en marcha sus protocolos de trabajo con estos materiales infecciosos. La ONG se encargará de su recogida en los puntos de atención médica, su tratamiento y su posterior depósito en lugares adecuados.

Además, participará en la gestión de las basuras que generan las personas desplazadas. Los datos oficiales señalan que 1.125 edificaciones han desaparecido y 829 están afectadas, obligando a más de 25.000 personas a vivir en albergues pero, como pasa con los muertos, es un número que todos creen que va a seguir creciendo si no para de moverse el interior de la Tierra. Que su entorno no sea enfermizo, apuntan, es una tarea humanitaria imprescindible para evitar males mayores.

Y mientras, las medidas de Correa para poder pagar la reconstrucción, una vez que las placas tectónica encuentren un nuevo equilibrio, no convencen a todos “Muchos ecuatorianos no entendemos porque el Gobierno va a subir impuestos como el IVA a quienes estamos sufriendo este desastre. ¿Por qué no lanza una alerta internacional reclamando ayuda?” se pregunta Picachú. “Mira el Facebook de mis vecinos, está lleno de lazos negros y críticas”, asegura antes de un nuevo silencio. “Perdona, tengo que dejarte. La casa vuelve a moverse”.

PARA APOYAR A ALIANZA POR LA SOLIDARIDAD EN LA EMERGENCIA DE ECUADOR:

Puedes apoyar nuestro trabajo en la Emergencia Humanitaria del terremoto Ecuador en estas cuentas que hemos abierto. Te necesitamos:

SANTANDER: ES87-0049-0001-56-2010086860
LA CAIXA: ES19-2100-3945-69-0200075407
BBVA: ES09-0182-2370-44-0208516859
TRIODOS: ES97-1491-0001-26-1008852822

Puedes enviar un SMS con la palabra ALIANZA al 38014. Donarás 6 euros que se destinarán directamente a la Emergencia por terremoto de Ecuador.

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