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"Daba el pecho a todos los niños, no solo a los míos": así son las "tribus" de crianza colectiva en España

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CRIANZA
LA MAINADA
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De las redes sociales a la barra del bar, sin distinción. Todo el mundo ha leído o escuchado la palabra 'tribu' en las últimas semanas. Las declaraciones de la diputada de la CUP en el Parlament de Cataluña Anna Gabriel sobre la posibilidad de "tener hijos e hijas en colectivo" levantaron ampollas y abrieron debates en muchos casos politizados.

"En grupo, la concepción de la maternidad o de la paternidad no está tan individualizada, no se centra con un núcleo tan pequeño como aquí. Quien educa es la tribu. Son tan tuyos los hijos o hijas que has tenido tú como los que ha tenido el resto". Si nos quedamos única y exclusivamente con alguna de sus declaraciones, es fácil imaginarse a gente corriendo con un taparrabos o regresar a la época de los primeros kibtuz israelíes, esas comunas agrícolas nacidas a principios del siglo XX en las que los niños vivían todos juntos, separados de sus padres. Sin embargo, si bajamos a la tierra esa idea y la adaptamos a los tiempos modernos, lo que nos sale es otra cosa.

En primer lugar hay que asumir que cuando comparamos modelos de crianza de diferentes culturas "caemos en el gran error de descontextualizar la realidad", tal y como explica a El Huffington Post la psicóloga y antropóloga sociocultural Julieta París. Por eso, a su juicio, hay que anteponer el equilibrio psicológico de los mayores a cualquier modelo de crianza y conocer el concepto que cada sociedad tiene de la aloparentalidad -cuando el niño recibe cuidados por parte de personas que no son sus padres biológicos-. En su opinión, si todos los factores son propicios, la crianza por parte de varios adultos puede traer muchos beneficios siempre que se haga después de los primeros meses de vida del bebé, época en la que sí necesita un apego especial a una sola persona.

Tener varios referentes les puede hacer emocionalmente más fuertes y más seguros. De ahí que Ana González, psiquiatra infantil y terapeuta familiar, pida abiertamente "más tribu". No tiene miedo a pronunciar la palabra porque sabe lo que significa. "Cada familia, con sus circunstancias, construye su red o familia social. Sea vínculo biológico o social, cumple una función de apoyo ante el estrés, que es un factor de riesgo en la crianza. La tribu es esa red de apoyo mutuo", explica.

Además, González señala a "la tribu" como la principal causante de que los niños desarrollen vínculos altruistas y solidarios "basados en cuidados mutuos" que acabarán construyendo una ética ante la vida. "Ojalá haya más tribu", concluye.

Dafna Arad es una mamá de La Mainada en Barcelona, un proyecto que nació en 2012 como grupo de crianza que hoy funciona casi como una escuela libre. Los niños de sus doce familias pueden circular libremente por sus espacios comunes y decidir si desean participar o no en las diferentes actividades que se les proponen. Ellos gestionan su tiempo de juego y están siempre a cargo de las cuatro educadoras que tienen contratadas o de cualquiera de los padres.

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Los niños juegan en el patio de La Mainada

"Es prioritario que los niños se sientan en familia, o en tribu, cuando están a cargo de otras personas, ya sean sus educadores o amigos de la familia. Cuando dejamos a nuestros pequeños a cargo de otros nos gusta sentir que los tratarán como si fueran sus propios hijos, no priorizando a los suyos frente a los nuestros", añade.

A Dafna no le parece que hablar de "tribu" esté en absoluto fuera de lugar "porque necesitamos los unos de los otros". Reconoce que, en términos afectivos "de puro amor", le costaría mucho querer a otro niño tanto como al suyo, pero comprende el valor del significado de esa palabra y se enorgullece, entre otras cosas, de haber dado el pecho a niños que no eran los suyos. "En el primer grupo de crianza en el que estuve, las mamás que estábamos en cada momento dábamos el pecho a todos los niños y la gente se quedaba como en shock. ¿Qué tiene de perverso si es bueno para el niño? Para mí era algo muy natural".

Otro caso similar es el de El bosque de las caracolas, otro grupo de crianza compartida del barrio barcelonés de Poblenou. Su fundadora, María Pedrós, cuenta a El Huffington Post que es importante no distorsionar el debate y entender la importancia de crear redes de apoyo. "Un grupo de familias se juntan para crear un proyecto, retroalimentarse, crear vínculos y, sobre todo, respetar los procesos vitales de los niños", explica.

"No es una comuna, cada uno tiene su casa, pero somos diez familias sin red familiar aquí y tenemos mucho roce. Es un modelo que genera un vínculo muy fuerte entre todos y que favorece la apertura de los niños, la toma de decisiones cooperativas... Les da amplitud", defiende.

Las tribus del siglo XXI en España son familias creadoras de familias más grandes sin parentesco biológico, redes de apoyo que apuestan por una educación más libre, lejos de las normas y los horarios que marque una guardería, y con más referentes que los padres. Los expertos coinciden en que es imposible cuantificar si es mejor o peor que la crianza tradicional. Eso depende de múltiples factores. Lo único unánime es no rehuir la palabra prohibida, sino demandarla: "Más tribu, por favor", y para todos.

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