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¿Qué enseñó el 20-D a quienes hacen encuestas? "Tenemos que tener cuidado"

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JENNIFER
JENNIFER TAPIAS
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“Este fin de semana he aprovechado para ordenar el trastero y han aparecido los escaños de Ciudadanos de los que hablaban las encuestas”. La frase está sacada de un tuit del usuario Erofernin, pero podría ser de cualquier otro. Porque los principales sondeos previos a las elecciones del 20-D daban al partido de Albert Rivera resultados muchos mejores que los que obtuvo en realidad. Y esa diferencia es objeto de mofa constante en las redes sociales desde hace meses.

Algunos van más allá de las bromas y acusan a las empresas demoscópicas de manipular los datos para condicionar el voto de la gente. Y se apoyan en los datos: hubo varias encuestas que incluso situaban a Ciudadanos como segunda fuerza, sólo por detrás del PP y con porcentajes de voto de hasta el 23,3%. Finalmente, la formación naranja fue cuarta con un 13,93%. Con Podemos pasó justo al contrario: los sondeos daban a los de Pablo Iglesias resultados sensiblemente peores de los que acabó logrando.

¿Por qué ocurrió eso? De entrada, las empresas demoscópicas niegan cualquier intencionalidad y señalan que se trata de algo más complejo que tiene que ver con aspectos técnicos y políticos. “No es que las empresas diéramos más a Ciudadanos, sino que en ese momento lo tenían. Semanas antes de las elecciones tenían mayor intención de voto”, afirma Manuel Mostaza, director de operaciones de Sigma Dos, quien señala que en la campaña ya se vio que la tendencia del partido era “a la baja”. “Entró fuerte, se fue deshinchando por los motivos que fuera y acabó como acabó”, subraya.

Con Podemos, apunta, pasó lo mismo pero justo al revés. “Hicieron una campaña buena, movilizaron una parte de su electorado potencial y les fue bien”, explica mientras recuerda que las encuestas no predicen resultados, sino que sirven para ver “una tendencia, hacia dónde se está caminando”.

José Pablo Ferrándiz, investigador principal de Metroscopia, coincide en ese análisis e indica que últimamente los electores retrasan cada vez más la decisión de a quién votar. Eso se une a que los sondeos sólo pueden reflejar la tendencia hasta cinco días antes de los comicios, puesto que luego está prohibido publicar encuestas. Además, afirma que con Ciudadanos hay una complicación añadida a la hora de calcular la intención de voto porque es el partido que tiene “el electorado menos sólido, menos firme ideológicamente, con la menor intención de ir a votar”.

“Es gente que te dice que va a votar a Ciudadanos, pero, cuando luego le preguntas cuál es su intención de acudir al colegio electoral, son los que menos claro lo tienen”, asegura. Ferrándiz insiste en que esos potenciales votantes de Albert Rivera tenían intención de votar a un partido nuevo, pero que finalmente no se atrevieron a dar ese paso.

Y lamenta que la experiencia del 20-D no haya servido para aclarar ese punto. El porcentaje que obtenga Ciudadanos sigue siendo “la gran incógnita” de los sondeos actuales. “La experiencia de diciembre no nos dice mucho. Sólo que tenemos que tener cuidado. No sabemos cuál será el factor que les haga ir o no a votar a quienes dicen que van a apoyarles. Por más que intentamos mirarlo, no lo sabemos”, lamenta.

Pero la experiencia y los errores del 20-D sí que sirven a las empresas de sondeos para afinar más el tiro. José Ramón Lorente, analista principal de Celeste-Tel, insiste en que Podemos y Ciudadanos fueron los partidos que tenían un mayor porcentaje de voto procedente de nuevos electores y de “votantes intermitentes”, aquellos que no habían ido a las urnas en 2011 pero sí pensaban hacerlo en diciembre. Ese voto, afirma, fue muy difícil de contabilizar y de cuantificar. “Pero en estas elecciones ya está controlado. Va a votar muy poca gente que ha cumplido sus 18 años ahora y muy poca gente que no votó el 20-D va a votar ahora”, explica.

La última semana es el momento en el que hay que ampliar el tamaño de la muestra e intensificar la labor de análisis

Sara Morais, responsable de investigación de GAD3, reconoce que la experiencia de diciembre les enseñó que durante las últimas semanas el voto se mueve mucho y, por lo tanto, “es el momento en el que hay que ampliar el tamaño de la muestra e intensificar la labor de análisis”. Subraya que, además, desde el 20-D cuentan con el patrón de voto por circunscripción de los dos nuevos partidos -Podemos y Ciudadanos-, “lo que facilita bastante la estimación de escaños”.

Por tanto, esa experiencia de diciembre ayuda en cierto modo a hacer ‘la cocina’ de los datos, un proceso que consiste en transformar las respuestas que las empresas obtienen al hacer las encuestas en una estimación de voto, que es el resultado final que publican los medios. En ese proceso subjetivo tratan, por ejemplo, de asignar a los indecisos un voto basándose en algunas variables como, por ejemplo, lo que recuerdan que votaron en elecciones anteriores, el resultado real de las mismas, la fidelidad tradicional del votante de cada partido…

Pero, últimamente, algunas empresas como Metroscopia habían descartado el recuerdo de voto como variable de interpretación para hacer la estimación debido al nuevo escenario político y a los partidos emergentes. Ahora, con unas elecciones tan recientes, la empresa vuelve a tener en cuenta ese factor. Aunque José Pablo Ferrándiz no echa las campanas al vuelo: “El 20-D nos ha reducido bastante algunas incertidumbres, pero se han abierto otras que vuelven a hacer de la estimación del resultado electoral algo apasionante”.

Por ejemplo, dice que las empresas demoscópicas siguen en “terreno inhóspito”: es la primera vez que se repiten elecciones con una diferencia de seis meses porque no se ha conseguido formar gobierno. Y la realidad ya les ha empezado a desmontar teorías. Como la que decía, apoyada en las encuestas, que los electores premiarían a quienes intentaran formar un Ejecutivo: “Estamos viendo lo contrario, que el PSOE, que ha sido el más protagonista en este intento de formar gobierno, es el que no se está beneficiando. Al igual que Ciudadanos”.

La clave va a estar en la participación, que es lo más difícil de estimar, pero que es el dato fundamental para dar el dato electoral

“No es sencillo no sólo porque el panorama sea inédito, sino porque el escenario es cambiante. Hace unos años, con sólo dos partidos y con unos bloques que se movían poco, era relativamente fácil estimar cuál era la intención de voto. Ahora todo ha cambiado con un electorado que se está moviendo, con flujos entre unos partidos y otros”, avisa Manuel Mostaza, de Sigma Dos.

Y hay otro elemento clave que desazona a los expertos en encuestas: cómo va a reaccionar el electorado a una repetición de elecciones. “La clave va a estar en la participación, que es lo más difícil de estimar, pero que es el dato fundamental”, asegura Ferrándiz, quien admite que estimar ese factor “es más complejo que en otras ocasiones”.

Reconoce que las encuestas, por ahora, dan una participación menor que en diciembre, pero advierte de que la campaña puede cambiarlo todo. Manuel Mostaza añade otro elemento que hace más complejo calcular la participación: son unos comicios muy tardíos. “Hay puente en Cataluña y en algunos otros lugares, es la fiesta de San Juan y son prácticamente en julio...”, avisa.

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