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Hillary Clinton: toda una vida por llegar a la presidencia

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Abogada de derechos civiles, ex primera dama de Arkansas, ex primera dama del país, exsenadora y ex secretaria de Estado. Hillary Rodham, ahora Hillary Clinton, es una de las candidatas a la presidencia de Estados Unidos más preparadas de la historia. Y pese a ello su campaña no ha sido un camino de rosas, más bien al revés. Y ha sido así pese a que su oponente ha sido Donald Trump, cuya moral y capacidad para el cargo se ven cuestionadas a diario. Pero si algo ha demostrado Hillary a lo largo de todo este tiempo es que no se rinde y que es capaz de levantarse una y otra vez. Quizá este martes 8 de noviembre sea la definitiva y vea hecho realidad el sueño por el que lleva luchando media vida: ser la primera presidenta de Estados Unidos.

Sus vínculos con la política vienen de lejos, así como su interés por el bien público: mientras estudiaba derecho en la Universidad de Yale decidió viajar por el país para ayudar al registro de votantes, una tarea complicada que a día de hoy sigue echando para atrás a quienes dudan si ejercer o no su voto. Le acompañaba por aquel entonces su novio, también estudiante de leyes: Bill Clinton. Junto a él ya dejó claro qué tipo de persona quería ser: de las que saben lo que quieren y van a por ello cueste lo que cueste. Junto a Bill también fue labrando su futuro político, mientras, eso sí, le cedía a él todo el protagonismo, pero sin perder ni un ápice de independencia. Consciente de a quién tenía a su lado, en la campaña presidencial de 1992, Bill Clinton pronunció aquella archifamosa frase de: “Si me apoyáis a mí, tendréis dos por el precio de uno”. Y así fue: el fenómeno 'Billary' había llegado para quedarse.

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El matrimonio Clinton baila en 1997 con motivo del Día de los Veteranos

Un año más tarde, ya como primera dama, Hillary Clinton dijo abiertamente que no iba a dedicarse a “hacer galletas y tomar té”. Su marcada personalidad y estilo la han convertido en uno de esos personajes políticos que o se aman o se odian. Eso es algo que dura hasta el día de hoy: uno de sus grandes problemas es que no consigue empatizar con su electorado. Ni con las mujeres. Hillary no ha podido sacudirse nunca esa fama de mujer dura, fría, calculadora y ambiciosa. Tal y como expone Cristina Crespo en el libro Hillary, el poder de la superación, "No se trata de una líder innata, sino de una líder que se presenta a través de su experiencia y su compromiso social avalado por su trayectoria profesional".

Hillary ha intentado suavizar su imagen, pero sin renunciar a sus aspiraciones: durante su etapa en la Casa Blanca luchó por cambiar las políticas federales o por impulsar una reforma sanitaria - llamada 'Hillarycare'- que, aunque en ese momento no fraguó, más tarde tuvo su gran oportunidad de la mano de Barack Obama. Al final de mandato de su marido, se presentó como senadora por Nueva York (2001-2008), desde donde logró una pequeña victoria en esa materia al extender el acceso a la salud a los más pequeños. Eso y la defensa de los derechos de los niños y de las mujeres desde un punto de vista más ejecutivo, le ha valido el sello de confianza en su labor por las familias del país.

La mayor prueba a su resistencia fue el escándalo Lewinsky, en 1998. Haciendo de tripas corazón, la primera dama perdonó a su marido y se quedó a su lado. Siguió luchando y trabajando, de hecho un año más tarde es cuando da el pistoletazo de salida a su carrera política en solitario, apoyada por su marido. El gran salto lo dio en 2008, año en el que se presentó a las primarias demócratas frente a Barack Obama. Pero la política también le tenía reservado un gran golpe: su derrota, en aquellas primarias, ante el que más tarde sería el primer presidente negro de la historia de EEUU. Tampoco se rindió. En su libro Hard Choices se refiere a ese momento y lo define como una "formación": "Ya no me importaba mucho lo que las críticas decían sobre mí. Aprendí a tomármelas en serio, pero no de forma personal, y en esto la campaña me ayudó". siguió de su mano como secretaria de Estado (2009-2013), cargo que le ha servido para aumentar su currículum en una materia tan trascendental como la política exterior de EEUU.

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Clinton durante su etapa de secretaria de Estado, en 2009

En el plano de la salud, Hillary también ha tenido que hacer frente a las múltiples especulaciones vinculadas a su salud. En 2017 cumplirá 70 años y a sus espaldas pesan momentos duros, como el coágulo en el cerebro del que tuvo que ser operada y que le tuvo apartada de la vida pública en plena secretaría de Estado o la neumonía que ha padecido durante esta campaña. Esto ha sido aprovechado por su oponente Trump y sus detractores, quienes se han servido de esos momentos de debilidad para cuestionar su capacidad para aguantar la presión de ser presidenta.

No todo son obstáculos ni su carrera es intachable: Hillary también ha cometido errores. La gestión del ataque a la embajada estadounidense en Libia -en el que murió el embajador de EEUU en Bengasi- todavía le persigue. Como le persiguen los asuntos de faldas de su marido o la polémica que más daño está haciendo a su candidatura: el escándalo por su uso de un servidor privado de correo electrónico mientras era secretaria de Estado (2009-2013).

Aunque la Justicia decidió no procesarla a unas semanas de la Convención Nacional Demócrata en julio, la semana pasada, cuando las encuestas le auguraban un final de campaña tranquilo, el escándalo resucitó con la decisión del director del FBI, James Comey, de investigar nuevos documentos encontrados en otro caso y que, según notificó al Congreso, podrían estar relacionados con Clinton.

Ella ha pedido perdón una y otra vez y ha justificado sus acciones, las mismas que, por otro lado, hacen que sea identificada como la candidata del establishment. Este 8 de noviembre se sabrá si sus cuatro décadas de experiencia política y una agenda y objetivos en sintonía con los de Barack Obama pesan más que sus debilidades y errores.

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