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Antonio Orejudo: "Mi generación es de chichinabo"

El escritor publica la novela 'Los cinco y yo'

07/04/2017 19:31 CEST | Actualizado 09/04/2017 11:30 CEST
EFE
El escritor Antonio Orejudo.

Cuando Antonio Orejudo se mira en el espejo de su generación, el reflejo que recibe es el del fracaso. Nacido en 1963, no tiene piedad con los de su época: "Es una generación de chichinabo"; "hemos sido cobardes y mansos"; "es la historia de una decepción y un desengaño". Lejos de la comodidad que proporciona la autocomplacencia, Orejudo ha sacado un sable en forma de novela para ajustar cuentas con los suyos: Los cinco y yo es ese espejo amargo y desconcertante que arranca como unas memorias de infancia y evoluciona hacia una ficción en la que lo narrado es tan verdadero como falso. "Si funciona en el libro y te lo crees, entonces es verdad", afirma rotundo este profesor de Literatura Española en la Universidad de Almería

En ese mundo vaporoso entre la realidad y la ficción, Orejudo encuentra algunas certezas incontestables. Por ejemplo, que es un autor lento a la hora de poner el punto y final a un libro. No exagera: en 20 años ha publicado cinco novelas, y esta que ahora presenta le ha llevado seis años. "Le doy muchas vueltas. Toco, pongo, quito... A veces en mitad del proceso creativo me autoconvenzo de que no soy un novelista y otros días pienso lo contrario. Es un poco neurótico", reconoce.

Si funciona en el libro y te lo crees, entonces es verdad

Los cinco y yo es una estructura cerrada y completa. Pero para llegar hasta ahí ha tenido que superar decenas de obstáculos y elaborar borradores de borradores de borradores que se han tenido que "peinar y pulir". "Es un lío y yo soy un puto desastre, exasperantemente lento", asume Orejudo, quien define todo este proceso de "perfeccionismo enfermizo". Le sucede lo mismo que a Toni, protagonista de su novela, que es Antonio Orejudo aunque no sea del todo él: "Como a Toni, en casa me metieron el virus de perfección y a veces tengo que negociar conmigo mismo para rebajar la exigencia".

-¿Qué es en realidad Los cinco y yo?

-Es la glosa de un libro de un amigo mío llamado Reig [uno de los mejores amigos en la vida real de Orejudo se llama Rafael... Reig] que ha publicado After Five, una novela en la que imagina qué ha sido de Los Cinco, los personajes de Enid Blyton que tan importantes fueron en nuestras vidas. Es como pasar lista a los antiguos compañeros del cole, y eso lo hace Reig en After five: qué ha sido de Julián, de Dick, de Jorge y de Ana... Glosar es un muy agradecido porque te da total libertad para ir, venir, hacer lo que quieras.

Orejudo ha encontrado un nuevo estilo narrativo, de cuyo resultado se siente satisfecho porque le permite ir dónde y como quiere. "Hombre, tengo que tener un poco de cuidado y el ritmo tiene que estar muy medido porque si te pasas o no llegas el lector abandona la lectura. Tengo que estar todo el tiempo contando cosas que interesen, pero que te permitan ir, venir, mezclar y terminar con un algo que uno no sabe si es verdad, si es ficción...". En realidad, no se diferencia demasiado con la vida que nos ha tocado en suerte: "Muchos días no sabemos si lo que vivimos lo estamos flipando o qué. Es esa sensación de perplejidad que tenemos porque asistimos a cosas que son muy difíciles de creer. Y eso es esta novela: una glosa de un libro que me permite introducir unas memorias, un ajuste de cuentas con los que nacieron en mi época, una generación de chichinabo que ni hizo la Transición por joven ni durmió en las tiendas de campaña de Sol por vieja".

No hemos tenido los huevecillos de plantar cara a nuestros hermanos mayores, y esa debería ser una obligación de cada generación

Incide Orejudo en ese autoanálisis nada benévolo, como si se expulsase un rencor fraguado con los años y que explota sin temor a dejar damnificados: "No hemos tenido los huevecillos de plantar cara a nuestros hermanos mayores, y esa debería ser una obligación de cada generación, rebelarse con los que te preceden en todos los ámbitos".

Asegura que el autor de Ventajas de viajar en tren que lo que marca a esa generación sin relevancia histórica es la cantidad: son muchos. "Nos encontramos con las universidades llenas, con los bares de copas llenos, con los puestos de trabajo copados... Porque ahora se habla mucho del 25% de paro que sufre España, pero cuando yo terminé la carrera había una tasa de paro similar y muchos nos tuvimos que ir al extranjero, no por ansias de conocer mundo, sino porque no había curro".

Esa es la realidad, que se contrapone a una ficción de la que Orejudo cada vez se siente más alejado. De ahí que haya optado por "espesar" a los personajes de Los cinco y yo.

TUSQUETS

-¿Espesar?

-Sí. Si en vez de llamar a los personajes Reig y Toni les llamo Rogelio y Dalmancio tú no te lo crees tanto. Tendré que convencerte, hacer un esfuerzo de credibilidad. Sin embargo, si al personaje le llamo Toni lo vas a relacionar con Antonio Orejudo y así espeso el libro. Ya no tengo que convencerte, entras al trapo.

Esa técnica es una estratagema para huir de la ficción pura y dura. Un género que "ha perdido mucho peso porque la gente ya no valora los productos de la imaginación" como hacía antes, durante esos años en los que los jóvenes con la misma edad que Orejudo bajaron los brazos incluso para dar la batalla literaria contra sus mayores. "Creo más en la lucha generacional que en la lucha de clases. Los jóvenes tienen que matar al padre y decir 'Los libros que vosotros decís que son importantes son una puta mierda'... Decían que teníamos que leer a Faulkner y Joyce y nosotros respondíamos 'Sí, sí, hay que leer a Faulkner y a Joyce'. No dijimos que nuestra propuesta de lectura era otra... Eso me avergüenza un poco".

-¿Contra quién debería luchar la generación actual?

-Es que siguen vigentes los valores de mis padres, porque nosotros, los de mi generación, no significamos nada. Si nos quitan no pasa absolutamente nada. Eso se percibe muy claramente en la política. ¿Contra quién se ha rebelado Pablo Iglesias? Contra Felipe González. Su batalla ideológica es contra un señor que es su padre. Nosotros estamos en medio pidiendo turno y nadie nos hace caso. Por eso digo que somos un poco patéticos. En literatura pasa lo mismo: los de mi generación somos inexistentes para los jóvenes escritores. La buena literatura es Proust, Joyce, Faulkner... cuando es evidente que si alguien escribiera un libro como Faulkner no lo leería nadie.

-Rebélate: ¿Qué novelistas actuales están sobrevalorados?

Me voy a rebelar no contra los padres, sino contra los hijos. Son dos de los venerados por muchos escritores jóvenes que, a mi juicio, están muy sobrevalorados por la muerte: David Foster Wallace y Roberto Bolaño. ¡La muerte es cojonuda, superefectiva! Los santos Foster Wallace y Bolaño, que parecen los nuevos García Lorca... El proceso de beatificación de Bolaño no lo entiendo, de verdad que no. Es que te mueres y aunque escribas 2666 triunfas, aunque sea una novela sin terminar. Pues aun así ahora es una cumbre literaria.

Siguen vigentes los valores de mis padres, porque nosotros, los de mi generación, no significamos nada

Antonio Orejudo destrona mitos literarios con la misma facilidad con la que reconoce que la parte de la novela en la que se narran las ínfulas literarias de Toni y Reig son calcadas a las que tuvieron Antonio Orejudo y Rafael Reig. El camino al parnaso literario era pan comido, pensaban con plena soberbia. "Estábamos tan convencidos de que íbamos a triunfar que el pequeño detalle de crear la obra se nos olvidó [risas] Pensábamos que un día nos levantaríamos de la cama y, como si fuera una secreción, se nos aparecería la novela y diríamos: ¡Anda, mira, ya ha salido!".

Y es que, en fin, el lector no sabe en qué momento Toni es el propio Orejudo o una creación de Orejudo. Por ejemplo cuando Toni deja la escritura para volcarse en las inversiones financieras. "Me parecía muy provocador construir ese personaje que deja de ser escritor para invertir y ser superfeliz", explica el autor.

Y no, el Orejudo real no está pensando sustituir la literatura por los productos financieros. O eso al menos asegura la persona que también es personaje y que unas veces es Antonio y otras Toni.

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