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20-N, un año de fraude y castigo

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Hoy martes, día 20 de noviembre, se cumple el primer aniversario de la incontestable victoria electoral de Mariano Rajoy. Aunque parezca mentira, sólo ha transcurrido un año desde que los populares accedieron a la Moncloa con la esperanza de que con ellos retornaría la confianza perdida y que sus políticas incentivarían la economía española y crearía empleo.

Lejos de conseguir la confianza que prometieron que rescatarían del naufragio provocado por la crisis, los populares cerrarán su primer año en la Moncloa con casi medio millón más de desempleados que en 2011 y con una caída en picado de todos los indicadores económicos.

La herencia recibida y el desvío del déficit en más de tres puntos en las cuentas de 2011, con un cuantioso coste para las arcas públicas, han sido los salvavidas a los que ha recurrido insistentemente el PP durante su primer año en la Presidencia para justificar sus políticas opuestas a lo que prometieron a los españoles, pero su oleada de reformas, casi una cada viernes, no ha servido para contener la sangría y sus propuestas para incentivar el mercado laboral se han traducido en más paro y en una frenética sucesión de expedientes de regulación de empleo en el sector público y privado.

Cuando Rajoy tomó posesión, el número de parados en España era de 5.273.600 personas, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Una cifra que no ha parado de crecer hasta alcanzar los 5.778.500 hombres y mujeres que carecen de empleo. Con casi medio millón más de personas más sin un puesto de trabajo, se han incrementado los niveles de pobreza y las administraciones públicas se han visto obligadas a asumir un mayor gasto social para atender a los más de ocho millones de ciudadanos que se han visto forzados a recurrir a los servicios sociales municipales para recibir apoyo.

Un análisis somero de este primer año arroja un aumento del paro, un descenso de todos los indicadores, la credibilidad de la economía española sigue por los suelos y, a todo ello, se han sumado medidas que prometieron que nunca harían como el incremento de los impuestos, entre ellos el IVA, además de cruzar determinadas líneas rojas como el copago de los medicamentos, el hachazo a las prestaciones por desempleo y los fuertes ajustes en materia educativa y sanitaria. Un año en el que el programa del PP ha quedado reducido a la nada y los ciudadanos han sido simples testigos de un fraude electoral masivo que ha desencadenado dos huelgas generales, miles de manifestaciones y una contestación social sin precedentes.

Hemos aceptado como parte de nuestras vidas una prima de riesgo sin rostro que los populares decían que, en nuestro país, llevaba el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero. El pago de los intereses por la deuda provocado por la escalada de la prima de riesgo ha deparado un escenario inédito en las cuentas estatales: pagaremos más por este concepto que por las prestaciones por desempleo en un año en el que habrá una cifra récord de parados.

Después de tres reformas del sistema financiero, una reforma del mercado laboral y una caída sin precedentes en la inversión pública, el Partido Popular celebra el primer año de su victoria sin ni un solo motivo para festejar un triunfo que, según ellos, representaría el principio del fin del drama de la crisis. Y no ha sido así.

El Gobierno se ha atrincherado en la Moncloa y ha optado por aplicar un plan de medidas que en nada se parecen a las que prometieron hace un año. Políticas que han podido llevar a cabo gracias a su holgada mayoría absoluta en las dos Cámaras, en las que existe un erial de diálogo y debate ante una apisonadora que ha desnaturalizado en apenas doce meses la esencia de lo que debe ser la representación soberana del pueblo.

Con una política informativa opaca, marcada por las continuas ausencias del presidente del Gobierno y la celebración de ruedas de prensa forzadas en las que se han negado a responder a preguntas de los periodistas, el Gobierno se ha ganado a pulso el descrédito de la ciudadanía y la creciente desconfianza que existe con respecto al futuro. No existe un guión. La incertidumbre forma parte del castigo.

Con un Gobierno atado de manos por Bruselas y Berlín, nadie sabe con certeza a qué nos enfrentaremos a partir de ahora. Los Presupuestos de 2013, que ahora seguirán su curso en el Senado, no contemplan medidas que inviten al optimismo. Al contrario, se alejan aún más de los incentivos y de las recetas que nos permitirían alejarnos de la recesión brutal que vivimos.

Los fuertes recortes aprobados en Madrid afectarán en cadena a las Comunidades Autónomas, Cabildos, Diputaciones y Ayuntamientos. Ninguna administración se salvará de una quema que nos retrotraerá en el tiempo en la calidad de los servicios públicos.

Hoy somos más pobres que hace un año, hay casi medio millón de personas más en el paro y los organismos internacionales señalan que en 2013 el panorama será mucho peor que este año. No veremos la luz hasta 2014, pero cuando lo hagamos las cifras serán tan dramáticas que la salida del túnel se producirá después de un infierno para muchas personas y familias.

Ha sido un año de fraude y desesperanza. Un año en el que hemos vivido situaciones dramáticas impensables hace tan sólo un lustro. Situaciones que se alargarán si no hay un giro en la errónea política de austeridad que está poniendo en jaque los servicios públicos y que está alargando la agonía a una economía a la que le costará mucho recuperar las constantes vitales y salir de la UVI. El Partido Popular, por su parte, una vez agotada la excusa de la herencia de los socialistas, se enfrentarán a partir de ahora a la responsabilidad de tener que asumir las consecuencias de sus propias políticas.

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