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El hundimiento

08/02/2016 14:45 CET | Actualizado 08/02/2017 11:12 CET

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Foto: EFE

De entre todos los resultados que depararon las elecciones del 20 de diciembre, uno de los menos analizados ha sido la salida de Unión, Progreso y Democracia del Congreso de los Diputados. Cómo un partido puede pasar de 1.140.000 votos a 153.000 en tan solo cuatro años a pesar de una sobresaliente labor parlamentaria. Cómo la formación pionera en hacer bandera de la regeneración democrática puede pasar del 13,7% de intención de voto en el sondeo de Metroscopia de abril de 2013 al 0,6% actual. Frente a las explicaciones de sus dirigentes, culpando de la debacle a una gran conspiración de la que formarían parte los medios de comunicación, las empresas de opinión, el IBEX 35 y el resto de la clase política es posible que otras circunstancias expliquen en parte como llegaron, o llegamos, hasta aquí:

El hiperliderazgo. Desde que Rosa Díez abandonó su escaño como eurodiputada del PSOE y comenzó un mes más tarde a liderar el partido recién creado, su figura quedaría ligada para siempre a la de UPyD. Su carisma fue clave para que, por primera vez en décadas, una nueva formación entrase en el Congreso de los Diputados en el año 2008, manteniéndose posteriormente durante años como la líder política mejor valorada. Con el nuevo escenario que se abrió con la irrupción de Podemos, la importante caída en su valoración que mostraban las encuestas parecía señalar que una parte importante de la sociedad quería pasar página respecto a la generación de políticos que nos acompañaba desde la Transición. Sin embargo, y a pesar la de los pésimos resultados que arrojaron las elecciones anticipadas en Andalucía, Rosa Díez prefirió no asumir responsabilidades, huir de cualquier tipo de autocrítica y cortar el paso a otras figuras políticas que pudiesen hacerle sombra mientras preparaba el camino al que sería su sucesor.

La incapacidad para situarse en el nuevo tablero político. Es de justicia reconocer el papel pionero de UPyD en la lucha contra la corrupción, la transparencia institucional, la independencia de la justicia o la reforma de la Ley Electoral, pero no es menos cierto que ha sido incapaz de transmitir un programa de gobierno alternativo. UPyD se refugió en la "transversalidad" como enganche para aglutinar lo mejor de la izquierda y de la derecha. Sin embargo, más allá de las etiquetas, ocho años después, muchos españoles siguen sin conocer qué proponía UPyD en temas tan importantes como Sanidad o Educación. Por si no fuera suficiente, tras las elecciones europeas, el eje izquierda- derecha se ve superado por el eje nuevo-viejo. Frente a la "casta" de PP y PSOE, surge la "nueva política" de Podemos y Ciudadanos. La paradoja de UPyD radica en que, a pesar de ser un partido relativamente reciente (constituido un año después que Ciudadanos) ,el hecho de que siguiese liderado por Rosa Díez lo situó más cerca de lo viejo, dificultándole encontrar su hueco entre las nuevas opciones políticas.

La no unión con Ciudadanos. Fueron varios los intentos de que ambos partidos se uniesen en uno solo. Para la sociedad, el único culpable de que esto no sucediese, sea cierto o no, ha sido la intransigencia de UPyD. Las muestras de rechazo a una formación a todas luces similar llegaron al absurdo con el artículo de Rosa Díez publicado el pasado mes de marzo en El País titulado Diez diferencias entre UPyD y Ciudadanos. Por supuesto que existían diferencias, pero en un tiempo en el que se demandan grandes consensos, el rechazo de plano a cualquier entendimiento se castiga electoralmente. La estrategia de UPyD en los últimos meses de atacar constantemente a Ciudadanos ha sido diametralmente opuesta a la de IU hacía Podemos, y seguramente esa sea una de las razones por la que una formación haya sobrevivido y otra no lo haya hecho al empuje de los "partidos emergentes".

Una desastrosa gestión interna. La que fue cuarta fuerza política en España nunca superó los seis mil afiliados. Una cifra irrisoria si se tiene la ambición de transformar un país, pero perfecta si lo que deseas es un control férreo de la organización. UPyD ha demostrado que no por hacer centenares de procesos de primarias un partido político es más democrático si estas se limitan solo a los cabezas de lista o si la ausencia total de avales lleva a tener que elegir entre decenas de candidatos con una desequilibrada asignación de recursos y sin posibilidad de segunda vuelta. Del mismo modo las listas abiertas se quedan en un simple reclamo cuando el número de votos a emitir es tan grande que impide a los afiliados de base conocer a los delegados y permite que las listas de recomendación de voto promovidas desde el "aparato" copen todos los órganos del partido. UPyD erró también al no premiar con mayores responsabilidades a los centenares de profesionales que, en su primer contacto con la política, desinteresadamente y ocupando su tiempo libre, se encontraban detrás del gran trabajo institucional. La lista a las elecciones europeas de 2014 que, con una media de edad de 60 años en sus cinco primeros puestos, incluía hasta tres personas que ya habían pasado previamente por varios partidos políticos fue un reflejo de lo que no eran las bases del partido.

Una mala estrategia de comunicación. La formación magenta, en sus comienzos, fue ejemplar en la utilización amateur de las redes sociales, generando una corriente de simpatía sin la cual nunca hubiese triunfado. Sin embargo, la última encuesta del CIS le situaba como el partido político que mayor rechazo generaba entre los españoles a pesar de éxitos innegables como la querella contra Bankia. Negarse a acudir a determinados medios o a determinadas tertulias políticas por no estar a la altura, mantener una actitud desafiante hacia los periodistas o rechazar las invitaciones a comentar la actualidad son solo algunas de las decisiones equivocadas que convirtieron a UPyD en un partido huraño y alejado de la sociedad. Cuando el número de competidores políticos aumentó, era ya demasiado tarde para reconducir el rumbo.

Seguramente, cada uno de los que en algún momento formamos parte de UPyD tendremos nuestra visión del hundimiento. Sirva este análisis para que los partidos que se dicen nuevos, o los que puedan surgir en un futuro, no cometan los mismos errores y no den la oportunidad al bipartidisimo de resurgir de nuevo. Sirva también como asunción de responsabilidades por haber sido particípe de muchas de las decisiones equivocadas que malograron un proyecto tan ilusionante y que podría haber cambiado la política de nuestro país.

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