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Cataluña y algo más...

11/09/2017 07:21 CEST | Actualizado 11/09/2017 11:40 CEST

Cuando Juan Carlos Monedero escribe o habla no lo hace a vuela pluma ni a humo de paja. Lo que cuenta siempre forma parte de lo que ronda por la cabeza de Pablo Iglesias o sirve de avanzadilla de la estrategia de los morados. En la última entrada de su blog en el diario Público pueden encontrar un último párrafo con algunas pistas:

"Va siendo hora de que los parlamentos y gobiernos del Reino de España se parezcan más a las españolas y españoles, y no sólo a una parte. Se participe o no en la movilización del 1-O, más allá de cómo procesemos las barbaridades que promete hacer el gobierno de Rajoy y de los juicios de intenciones de los convocantes, lo relevante es el día siguiente y que todos los demócratas tengamos un horizonte que se convierta en un mandato a la política: sentémonos de una maldita vez a hablar".

Monedero habla de Cataluña, del abrazo de Podem -la marca catalana de Podemos- a la causa independentista, de la importancia del 1-O, de la "prudencia" de los alcaldes catalanes ante la consulta, de la responsabilidad del PP en el problema catalán, de la necesidad de que los morados atiendan la organización interna después de Vistalegre II y hasta de la refundación de la marca que lidera Pablo Iglesias.

Sánchez e Iglesias avanzan en su alianza anti-PP más allá de la agenda social

Y todo para concluir que el desafío catalán es "inviable", que en cierto modo se presenta agrandado "por interés propio y ajeno" y que hay que mirar hacia delante con una única certeza: que "nada de lo viejo puede escribir el futuro".

Dicho de otro modo, que la solución al problema de Cataluña, que es el de España, no vendrá de la mano del PP ni del PdeCat, a quienes une un "estremecedor historial de corrupción", sino de un cambio político que siente las bases de la España plurinacional en la que deben encontrarse, además de PSOE y Podemos, ERC y PNV, pero también Ciudadanos. Sí, han leído bien, Ciudadanos. Por primera vez, los morados no ponen vetos a los naranjas y se muestran dispuestos a explorar el acuerdo que no se pudo o no se quiso alcanzar hace un año.

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Sobre todo ello ya han hablado Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ambos dispuestos a consolidar una alianza anti-PP, más allá de la agenda social que comprometieron antes del verano. La reunión que mantuvieron la semana pasada sirvió para analizar la situación de Cataluña y los posibles escenarios ante el 1-O, pero sobre todo para esbozar soluciones a partir del 2-O.

Los tiempos y las posibles salidas no son los mismos para uno que para otro, si bien el objetivo para ambos pasa por desalojar cuanto antes a Mariano Rajoy de La Moncloa. Si de Iglesias dependiera, mañana mismo España afrontaría una nueva moción de censura con candidato socialista. Un escenario que, por el contrario, no está el horizonte más cercano de la dirección socialista. Pero que no esté hoy no quiere decir que más adelante no pueda estarlo.

De momento, Sánchez está empeñado en hacer de la comisión de estudio parlamentaria para la reforma y modernización del modelo territorial el espacio de diálogo que ya buscó sin éxito el PSOE en anteriores legislaturas. Y, aunque el PP, a diferencia de antaño, está hoy dispuesto a sentarse, nada hace pensar que el PdCat o ERC vayan a hacer lo propio después del 1-O y mucho menos que haya un acuerdo de todos ellos que desbloquee la situación actual.

Los líderes de PSOE y Podemos hablaron de listas electorales conjuntas para el Senado, de una reforma electoral que aumente a 400 el número de diputados y de una nueva moción de censura

De ahí que Iglesias le haya planteado la posibilidad de impulsar una nueva censura de carácter instrumental con la que configurar un gobierno capaz de sacar adelante media docena de medidas de regeneración democrática. Entre ellas, una reforma de la ley electoral para ampliar a 400 el número de diputados -lo que daría al sistema mayor proporcionalidad-, e inmediatamente después activar una nueva convocatoria de elecciones. Ambos líderes hablaron también de la posibilidad de presentar listas conjuntas al Senado para acabar con la actual mayoría de bloqueo del PP en la Cámara alta.

Nada está cerrado, aunque sí esbozado porque Pedro Sánchez tiene que hacerse aún con un partido que en buena parte no piensa como él ni sobre la plurinacionalidad de España ni sobre cómo deben ser las relaciones de su marca con Podemos. Si bien el secretario general del PSOE tiene claro que, con el actual mapa político, nunca llegará al Gobierno si no es con el apoyo de los morados. De ahí su tránsito en menos de un año desde el fallido pacto de investidura con la derecha liberal de Ciudadanos a la actual estrategia de acercamiento a los de Pablo Iglesias.

Todo ello al tiempo que está empeñado en hacer crecer ante el electorado una imagen de dirigente responsable que hasta el 1-O estará del lado del PP en los asuntos de Estado. Después, tendrá que elegir entre nadar y guardar la ropa, esto es entre seguir al lado del PP o construir la alianza de izquierdas que está convencido de que le llevará en volandas a La Moncloa. En política, como en la vida, tampoco se puede nadar y guardar la ropa al mismo tiempo. Pues eso. Que habrá que estar atentos a partir del 2-O.