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Las claves de la semana: Rajoy se encomienda a las Perseidas

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Abran los ojos, fijen la vista y estén atentos, porque ahí están cada agosto. Caen del cielo. Son las Perseidas. Para unos, es la lluvia de meteoros más popular del año. Para otros, las lágrimas de San Lorenzo, el santo quemado en la hoguera tras ser capturado por los romanos allá por el año 258.

El presidente echa el cierre

Elijan la versión que quieran. Pero no se olviden de pedir un deseo durante las madrugadas de este fin de semana cuando vean caer del firmamento una de ellas. El espectáculo promete. Seguro que Rajoy no se lo pierde. Por eso ha echado el cierre a La Moncloa y se ha marchado a Pontevedra. Si el cielo, para Warren Beatty, podía esperar, España también, aunque en la playa no se hable de otra cosa más que de que el país necesita ya un gobierno.

Parece que ya no hay tal urgencia. Por no haber, no habido esta semana ni Consejo de Ministros. El presidente en funciones anda tan relajado que se ha quitado hasta la corbata para sus "audiencias" con Albert Rivera. Ahora es el líder de Ciudadanos quien no prescinde de la tela al cuello ni en plena canícula agosteña. Para eso ha sido el artífice del "primer acto de responsabilidad política" desde las elecciones del 26-J, Felipe González dixit. Dícese de las seis condiciones impuestas para empezar a negociar un "sí" a la investidura de Rajoy y evitar unas terceras elecciones.

El líder del PSOE sigue tan rotundo en el "no" a Rajoy como en el "sí" al chiringuito

El hastío de González

Lo del otrora presidente fue tanto un panegírico a Rivera como un mandoble a Pedro Sánchez. Así lo percibieron en el PSOE quienes conocen de primera mano el hastío que González siente hacia el secretario general de su partido por dedicarse en plena crisis institucional a mirar al firmamento, y no precisamente a esperar la caída de una Perseida. O igual sí. Quién sabe. El playazo de Vera, donde a Sánchez le han cazado por segunda vez al sol almeriense, también es buen sitio para observar las lágrimas de San Lorenzo. El líder del PSOE sigue tan rotundo en el "no" a Rajoy como en el "sí" al chiringuito.

Un pacto de no agresión entre Sánchez e Iglesias

Se lo ha dicho al líder de Podemos: no habrá abstención de los socialistas ni en primera ni en segunda vuelta. El secretario general del PSOE no habla con los barones de su partido, pero sí mantiene una interlocución fluida con Pablo Iglesias que, pese a lo dicho u escrito, ni ha desparecido del mapa, ni está mudo, ni está deprimido. Está dedicado de lleno a la lectura en Madrid, desde donde hace alguna escapada de dos o tres días a Ávila o a Salamanca para visitar a su padre.

PSOE y Podemos, a la espera de un nuevo baile

¿De qué hablan? De la investidura, de Rajoy y de las dificultades de tejer una mayoría alternativa a la derecha. Pese a todo, y por lo que pueda pasar, ambos se han conjurado para un pacto de no agresión, a la espera de que, tras la investidura fallida de Rajoy, se abra un nuevo baile.

Sánchez no habla con los barones de su partido, pero sí mantiene una interlocución fluida con Pablo Iglesias que, pese a lo dicho u escrito, ni ha desparecido del mapa ni está deprimido.

¿Un gobierno de coalición progresista? Iglesias no ve a Sánchez capaz de convencer a su partido de que así sea. Y eso que le ha transmitido al secretario general de los socialistas que su partido no podrá en tiempo gobernar si no es con el apoyo de Podemos, y viceversa. Tampoco cree que la coyuntura catalana permita un acuerdo siquiera pasivo con los independentistas. Su conclusión es que la única salida para Sánchez sería precipitar unas nuevas elecciones, aun a sabiendas de que el PSOE y Ciudadanos serían, quizá, los más castigados en una tercera convocatoria.

Una reflexión que en absoluto comparten en la sede de la calle Ferraz, y en la que hay que contextualizar el movimiento de Rivera de esta semana para acabar de construir el relato del "sí", que desde hace semanas estaba más que cantado, si no acordado.

rajoy rivera

Un libreto escrito de antemano

Hace semanas que se veía venir que el líder de Ciudadanos necesita envolver con una solemne puesta en escena su revocación al veto a Rajoy, y había pedido tiempo para ello. Ahora es Rajoy quien aparenta, en un alarde nunca visto de democracia interna en el PP, que es su partido quien tiene que aceptar las condiciones del pacto. El libreto estaba escrito de antemano, incluido el apartado de la 'comisión Bárcenas' que, en esta legislatura, y dada la composición de la Camara, se hubiera constituido sí, sí o también, con el beneplácito del PP o sin él.

Pues eso, que todo hasta aquí era componenda, que la urgencia no era tal y que todo sigue igual que antes del grandioso "acto de responsabilidad política" de un Rivera trajeado y encorbatado: sin que el PSOE se haya movido un milímetro del "no". ¿Será ese el deseo que esta madrugada pida Rajoy a las Perseidas? Hará falta más de una lágrima de San Lorenzo para ello.

O eso, o que a Sánchez le asen en la parrilla como al santo y acabe su martirio con la misma frase: "Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho".