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No a la universidad 'fast food'

21/09/2017 07:22 CEST | Actualizado 21/09/2017 07:22 CEST
AFP/Getty Images

Todos los años tengo al menos dos o tres alumnas que llevan pañuelo, estudiantes musulmanas o de familia musulmana que se integran como pueden, que me cuentan los problemas de discriminación que sufren con mayor o menor frecuencia, que me hablan de su cultura o de las políticas de sus países. Aprendo mucho. Una alumna siria me dijo, sencillamente, cuando pregunté por la situación de su país: «Estoy muy preocupada por la familia que tengo allí».

Es importante que todos sus compañeros oigan esto. A menudo desayuno o tomo una cerveza con algún compañero de los Departamentos de Filología Árabe o de Filología Hebrea y me cuentan sobre la historia de diferentes conflictos, la situación internacional o el día a día de los estudiantes.

Estas personas y mis ex-estudiantes son mis únicos contactos con esos universos culturales.

Es un ejemplo de humanidades, pero multiplícalo por todas las disciplinas que se estudian en la Complu, por todas las personas que acuden a estudiar a ella porque algunos conocimientos solo se estudian allí, quizás por unos pocos estudiantes al año.

La Universidad Complutense de Madrid es en este momento la universidad con mayor diversidad cultural y de conocimiento —de ciencias técnicas y teóricas, de ciencias sociales, de humanidades— en España y una de las mayores de la Unión Europea.

Gracias a esto y a su personal, en ninguna universidad he visto tantas facilidades para organizar unas jornadas, un congreso, un recital de poesía a los que acuden cientos de estudiantes. Otro motivo por el que apenas conozco lugares de una diversidad cultural como la de la universidad pública.

Eso es lo que se quiere eliminar, porque se cree que no es rentable.

Se quiere reducir profesorado por necesidades docentes: si se tienen pocos alumnos, se elimina la asignatura. O se externaliza un máster a un centro adscrito que solo quiere dinero. Precisamente ese sería el error en la Complu, como eliminar las notas a pie o las fórmulas en los libros científicos para ser más comerciales. La diversidad y la grandeza culturales son nuestros valores, lo que nos caracteriza, lo que debemos defender, de lo que estamos orgullosos.

Si la Complu fuera privada, si se recortan aún más sus estudios, si se continúa con esta película de valorar el interés de una disciplina por los estudiantes que hay en clase cada curso, poco a poco esa diversidad se perderá. La universidad pública se convertirá poco a poco en un conjunto de lugares especializados donde solo se impartirá aquello que dé más dinero o que tenga más demanda de plazas, sin importar el interés y alcance de lo que se enseñe o se investigue.

Pondré un ejemplo: ¿recuerdas ese comercio donde vendían unos productos geniales y, tras convertirlo en franquicia, bajó la calidad de todos ellos y desaparecieron algunos realmente buenos, pero de baja demanda? Sí, ¿verdad? Aplica a eso al conocimiento humano.

Dejemos la cultura del pelotazo que nos ha llevado a la crisis y reformemos las universidades para que mejoren la calidad y nuestra sociedad desde la diversidad del conocimiento.

¿Dejas de estudiar a Dante, dejas de estudiar ciertos microorganismos del océano, dejas de estudiar la filosofía del derecho, dejas de estudiar astrofísica, dejas de estudiar historia del periodismo..., porque no hay demanda masiva? ¿Dejas de estudiarlos y conviertes todos los estudios en una formación profesional de lo más demandado? ¿Sabes qué? Para eso no hacen falta universidades públicas. Bastan las privadas, donde jamás se estudia nada que no aporte pasta. Hay que ser muy, muy ignorante para no darse cuenta de que a medio y largo plazo el descenso de la diversidad docente e investigadora conlleva el descenso de la cultura de un país, de sus posibilidades, de su entendimiento de la realidad, de su posibilidad de entenderse con otras culturas y con otras realidades de nuestro medio ambiente.

Si en la universidad no se habla de ciertos temas, si en la universidad no se reúnen ciertas personas de diferentes ámbitos... es muy difícil que se consigo en otro ámbito.

Que tu hijo vaya a la Universidad Complutense —o la de Barcelona o a la de Valencia o a la de Málaga— quizás le facilite la posibilidad de un mejor sueldo cuando sea adulto. Quizás. Pero también dispondrá de más facilidades para algo más: que se convierta en una persona más completa por haber accedido a mayor diversidad que la existente fuera de ella. No vas a encontrar lo mismo en una universidad privada, ni de lejos.

¿Encuentras personas muy abiertas y sabias que no han ido a la universidad pública? Muchas, muchísimas, tú quizás, pero vuestras posibilidades de conseguirlo fueron menores y vuestras dificultades para ello, mayores. Lo sabes: cuando acabas los estudios y entras en el mundo laboral, disminuye increíblemente el acceso a la diversidad cultural, al aprendizaje intelectual, y te limitas mucho al aprendizaje técnico. Solo unos pocos, muy pocos abogados, periodistas, profesores... consiguen trabajar en un entorno de gran diversidad. Ya nunca más con la ayuda de expertos en diferentes áreas.

Caer en el concepto «Universidad Fast Food» —unos estudios rápidos y meramente técnicos, sin diversidad cultural, sin historia del conocimiento, solo para aprender un empleo— será una tragedia para España.

No deberíamos degradar la Complu, ni ninguna otra universidad pública con unos pocos títulos para estudiantes especializados. Ojalá algún día el Rector de la Universidad de Barcelona pudiera burlarse sanamente mientras está de cañas con el de la Complu: «¡Vuestra Complutense ha superado a la Universidad de Barcelona en los rankings! ¡Te jodes! Solo servís fast food». Si en un ranking estás arriba, se debe a que tiene menos posibilidades de mejorar los ciudadanos y el futuro de tu país, porque te habrás centrado solo en medallas y beneficios económicos, más dos o tres investigaciones punteras que se llevarán todo el presupuesto. Nada más.

Antes de que me vengas con lo de «No te importa nada lo que cuesta esa diversidad», te recuerdo: todo municipio sabe que albergar una universidad va a hacerle rico, que todos los comercios y viviendas de la zona se van a revalorizar porque va a entrar una pasta en muy poco tiempo y para siempre. Si eres tan ignorante como para calcular los costes económicos de la universidad solo por lo que pagan de tasas los estudiantes, te invito a decir al alcalde de Getafe, al de Alcalá de Henares, al de Morgantown, al de Varsovia, al de Aquisgrán, al de Toulouse... qué cerrarás las universidades de sus ciudades por «ser demasiado caras».

Lo mismo les da un infarto ahí mismo.

El enriquecimiento económico y el cultural tienen algo en común: son mayores y más firmes cuando se contemplan a largo plazo.

Dejemos la cultura del pelotazo que nos ha llevado a la crisis y reformemos las universidades para que mejoren la calidad y nuestra sociedad desde la diversidad del conocimiento.

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