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Podemos: novedad y confluencia

19/04/2016 07:11 CEST | Actualizado 19/04/2016 07:11 CEST
EFE

Son más que frecuentes dos falacias en nuestros debates cotidianos: la llamada bandwagon (o "subirse al carro") y la falacia de la polarización. En la primera, tendemos a adaptar nuestras opiniones a lo que pensamos que son las opiniones de nuestro grupo. En la segunda, tendemos a construir nuestra opinión en un lado de una dicotomía que parece resguardarnos de malentendidos y refugiarnos en un supuesto grupo propio. Las dos están muy relacionadas, pues quienes argumentan intentan situarse en una de las posiciones (en la que creen estar más acompañados) que previamente han construido para sentirse más acompañados. Algunos de los debates y representaciones en la prensa de lo que se han llamado las "dos almas" de Podemos parecen ser ejercicios de una o las dos falacias.

Dando por descontado que estamos ya en una nueva campaña electoral, se está creando la atmósfera tensa de la dicotomía entre transversalidad frente a confluencia que separaría, presuntamente, a un sector populista frente un sector de izquierda-izquierda.

Presuntamente, el primero no desearía ninguna alianza con organizaciones como Izquierda Unida, mientras el segundo estaría en franca migración hacia alguna recuperación del discurso fuerte que en su día representó Julio Anguita contra los renegados del PSOE. No diré que quienes vean así las cosas no se apoyen en ciertos signos visibles de controversia, pero me parece que hay razones para sospechar que es una conclusión falaz.

  1. Izquierda Unida ha abandonado de facto el famoso eje de tensiones izquierda/derecha tanto en la práctica como en la teoría. No me refiero ya al hecho palpable de que cuando IU en la práctica ha tenido poder de decisión o gobierno ha puesto en marcha políticas que difícilmente serían distinguibles de otras formas socialdemócratas "salvo en los detalles", como diría nuestro amado presidente. Me refiero a algo que me parece más significativo, y es el que la emergencia y apoyo que suscita Alberto Garzón y quienes le siguen se debe en gran medida a que ha seguido las pautas estratégicas y tácticas de Podemos de hablar a la gente en su lenguaje común y centrarse en los problemas concretos y abandonar las inútiles disputas de términos y eslóganes o arroparse en expresiones cargadas de historia izquierdista.
  2. El llamado "populismo" ha sido tan estigmatizado por todos los representantes del establishment mediático, económico, intelectual y político que es de facto percibido como la antesala de algún infierno revolucionario. Mientras los sectores tradicionales de izquierdas tienden a asimilarlo a la derecha, la tecnoestructura lo considera el ejemplo más radical y peligroso, como si con los de siempre (donde se incluye a los sindicatos de clase) fuese más fácil entenderse que con esta gente que habla un lenguaje extraño y viste de grunge. Sin embargo, fuera de Podemos, los votantes no formados políticamente no entienden las diversas retóricas internamente en el marco de un espectro derecha-izquierda, sino como lenguajes con los que no acaban de aclararse. Los entendidos, por el contrario, anclan demasiado rápidamente los significados a estereotipos históricos construidos en buena parte por los medios de un régimen de discurso que, en buena medida, ha creado una división izquierda-derecha como un artilugio de la Señorita Pepis para una democracia de juguete.
  3. Es de muy difícil valoración el argumento de que Podemos solamente ha ganado donde se ha dado confluencia con la izquierda. Allí donde se han producido confluencias, y allí donde se ejerce ya el poder de gobierno, el apoyo ha venido de una marea real de posiciones que -por si algunos lo interpretan como de frente popular de izquierdas- es más sensato calificar de convergencia de indignaciones heterogéneas, sentidos comunes de necesidad de cambio y de deseos de una nueva fraternidad. Justo lo que uno diría que es la aspiración estigmatizada ya con el ominoso término de populismo.
  4. Se puede entender por confluencia una simple negociación de nombres y de listas, pero sería el momento de entender que confluencia, como el nombre indica, implica muchas aguas en un río que convierta lo plural en acción, que, al fin y al cabo, es el objetivo de la democracia.
  5. Todo lo anterior me lleva a proponer una actitud sensata ante los duros días que se nos avecinan, donde el oráculo oscuro de la abstención y la esperanza de continuar el proceso de cambio democrático pueden crear tensiones insoportables en los responsables. ¿Por qué no construir sobre lo común? Es decir, sobre el reconocimiento de que Podemos ha sido respaldado en la medida en que ha sido percibido como una fuerza renovadora en el horizonte de expectativas de cambio, debido sobre todo a su transformación del lenguaje político, de las formas de organización y de la apertura de sus modos de funcionamiento y, de otro lado, de que la izquierda tradicional mayoritariamente se está renovando (excepto los anclajes discursivos generacionales, de difícil reforma, por las mismas razones por las que los viejos partidos tampoco entienden lo que ocurre) y que representa un potencial recuperable en un marco diverso, plural, tolerante, abierto y, sobre todo, radical en su compromiso de transformación del actual régimen en una democracia limpia?

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