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Hanussen y el huevo de Jordi Pujol

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Ilustración: Alfonso Blanco

La política es tan caprichosa, tan arbitraria, intervienen en ella tantos factores contradictorios, que los poderosos no pueden resistirse muchas veces a buscar el asesoramiento de los personajes más extraños. No, no me refiero a los gurús electorales, expertos demoscópicos y pedrosarriolas de turno, sino a los que supuestamente pueden ver más allá del tiempo y el espacio, los magos, mentalistas, médiums, quiromantes y demás fauna. Dicen que Mitterrand consultaba sus decisiones más peliagudas con la vidente Elisabeth Tessier, a la que acudían también Hassan II, Hafez al Assad y hasta el mismísimo rey emérito Juan Carlos I. Fidel Castro, como Hugo Chavez, encontraba inspiración entre los tambores de la santería cubana y los modernos kremlinólogos especulan con que Vladimir Putin continúa utilizando a los expertos en parapsicología de la antigua KGB en las cumbres internacionales para leer la mente de otros líderes internacionales.

Y es que desde que el mundo es mundo, los reyes y políticos han buscado en el más allá respuestas que se le escapaban en el más acá. El Oráculo de Amón le confirmó a Alejandro Magno su origen divino, Julio César no se cuidó de los Idus de marzo y así le fue. Cagliostro estaba detrás del asunto del collar que manchó para siempre la reputación de María Antonieta y, como todos saben, la revolución rusa debe mucho a un mujik llamado Rasputín, que empezó curando y aliviando los ataques hemofílicos del zarévich y acabó destituyendo ministros.

Dado lo imprevisible y volátil de la actual situación política española, no puedo dejar de preguntarme si nuestros líderes no estarán echando mano en estos momentos de lo sobrenatural para orientar sus estrategias.

Uno de los personajes de este tipo más fascinantes, y probablemente uno de los más desconocidos, fue Erik Jan Hanussen, al que acabo de dedicar mi novela histórica El mentalista de Hitler. En el Berlín de comienzos de los años 30 era lo más parecido a una estrella del rock de la época: adivino y clarividente de enorme éxito, no solo era inmensamente rico sino que tenía un club con más medio millón de seguidores y era propietario de dos periódicos de gran tirada. A través de una de sus profecías entra en contacto con los nazis, pero su gran momento llega a finales de 1932, cuando los nazis pierden dos millones de votos en las elecciones y algunos díscolos empiezan a pedir desde dentro del partido la cabeza del Führer para sustituirlo por otra cara más amable. Hitler, desesperado, amenaza con suicidarse si le echan. Durante días no sale de su despacho. Finalmente recibe a Hanussen y, al parecer el mentalista le convence de que un sortilegio le impide llegar al poder. La única forma de romperlo es arrancar una raíz de mandrágora que crece en el patio trasero de la casa natal de Hitler la noche de fin de año y Hanussen se ofrece a hacerlo. A partir de ese momento y de forma improbable, los astros se alinean y el 30 de enero de 1933, solo un mes después, el presidente alemán, el mariscal Hindenburg nombra a regañadientes canciller al antiguo cabo chusquero.

El caso más similar a este que hemos vivido por estos lares es el de Jordi Pujol y la bruja Adelina. Como muchos recordaréis, hace un par de años salió a la luz que en sus años gloriosos, el molt honorable, se desplazaba regularmente a ver a esta gallega a Andorra, quizás para así matar dos pájaros de un tiro y aprovechar el viaje para sus gestiones bancarias. Para eliminar los males de ojo, Adelina le pasaba un huevo por la espalda, que quedaba completamente negro por las malas energías, y el señor Pujol salía del principado limpio como la patena, tan contento que recomendaba la bruja a todos sus amigüetes.

Dado lo imprevisible y volátil de la actual situación política española, no puedo dejar de preguntarme si nuestros líderes no estarán echando mano en estos momentos de lo sobrenatural para orientar sus estrategias. ¿Llamará Rajoy a las meigas para que remuevan los obstáculos a su deseada gran coalición? ¿Pinchará agujas Pedro Sánchez en un muñeco adornado con algunos pelos de la coleta de Pablo Iglesias? ¿Invocará este a la sanadora Talisa de Juego de tronos? ¿Consultará Albert Rivera su política de pactos con la línea de atención telefónica de Rappel? Todo es posible, la desesperación lleva a esas cosas y peores. No creo que la película acabe como Alemania en 1933, pero más vale no tentar al diablo. Claro que si la cosa se pone fea, siempre podremos echar mano del huevo de Adelina para que nos quite el mal de ojo que parece perseguirnos desde el 2008 . A Pujol no le fue mal. Hasta que la bruja se enteró de que el president se quedaba con la mitad de lo que cobraba a los amigos a los que recomendaba los servicios de Adelina. Qué país este.