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La abstención y la conciencia

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En muy pocas ocasiones los parlamentarios socialistas han tirado de la conciencia para justificar un voto contrario a las resoluciones emanadas de los órganos de dirección del PSOE que, por cierto, fue el partido que los incluyó en sus listas. En esas circunstancias, la dirección socialista supo respetar esa ruptura de la disciplina parlamentaria, llegando como mucho a imponer una sanción de carácter económico al infractor.

En la votación en la que había que exteriorizar el voto abstencionista en la investidura del candidato popular a la presidencia del Gobierno para evitar la tercera repetición de elecciones generales, un grupo de quince diputados, encuadrados en el Grupo Parlamentario Socialista, eludieron el mandato del Comité Federal, decantándose por el voto negativo. Unos, los parlamentarios del PSC-PSOE (así se llamaba el partido de los socialistas catalanes después de 1978), argumentaron para su defensa que siguieron las instrucciones emanadas de los órganos de dirección de su partido en Cataluña. Ellos vieron lógico seguir la disciplina del PSC, pero no vieron razonable acatar la disciplina del PSOE, de lo que se deduce que existe un problema en la configuración de ese Grupo Parlamentario. Lo sorprendente es que la resolución adoptada por el Comité Federal del PSOE no fue producto del capricho de nadie, sino la consecuencia de una votación en la que participaron todos los socialistas de España, incluidos los socialistas catalanes que, como perdieron la votación, decidieron, siguiendo la escuela democrática de Trump, que no aceptaban un resultado adverso.

Y dentro de esa escuela, y siguiendo los pasos del presidente electo de EEUU, un grupo de ocho diputados de PSOE votaron 'no' en lugar de abstención, desobedeciendo así las instrucciones emanadas del máximo órgano de decisión del PSOE. Algunos o algunas manifestaron con ese gesto un total desprecio a los hombres y mujeres que militan en el PSOE que, sin quererlos en sus listas, acataron disciplinadamente lo que votó ese Comité. Porque el mismo Comité que ordenó la abstención de los diputados socialistas fue el que ordenó la inclusión de esos diputados en las listas electorales de ese partido.

Quienes sostienen que la Gestora socialista trata de eludir el voto de los militantes del PSC para evitar candidaturas a la Secretaría General poco deseadas ignoran la historia.

Algunos de los negacionistas venían avalados por sus federaciones provinciales, pero otros venían impuestos por la voluntad del entonces secretario General. Unos y otros sabían que la aceptación para ir de candidato implicaba acatar la disciplina del grupo. Si se hubiera sabido que no lo iban a hacer, seguramente, a estas horas, no serían diputados del PSOE. Cuando el militante y diputado Pedro Sánchez decidió dejar su escaño antes que traicionar al partido, implícitamente estaba llamando traidores a quienes no haciendo lo mismo que él, prefirieron echar a pasear su conciencia y su compromiso con los electores, olvidándose de su compromiso con el partido que los incluyó en sus listas.

No se entiende que Pedro Sánchez haya pagado con su renuncia su coherencia y que los quince negacionistas sigan tan ricamente en sus escaños, alardeando de exceso de conciencia, cuando en otras ocasiones, algunos de ellos, no tuvieron inconveniente en pactar con el PP alcaldías, presidencias o nominaciones judiciales. Cuando Pedro Sánchez intercede por ellos y solicita a la Gestora que dirige el partido que no les aparte de sus cargos en el Congreso por haber roto la disciplina de voto, ¿qué está diciendo? ¿Que se puede romper impunemente la disciplina de voto? Entonces, ¿por qué dijo él que dejaba el acta porque no podía votar contra su partido? ¿Él no y los demás sí? ¿Por qué?

Ya sé que lo educado y elegante es decir que aquí no ha pasado nada y que pelillos a la mar, para evitar sanciones que dejaran en su lugar la autoridad de quienes tienen la responsabilidad de velar para que el PSOE parezca un partido y no una partida. Seiscientos euros de sanción es una afrenta para el resto de diputados, de parlamentarios autonómicos y de concejales socialistas que día a día mantienen la cohesión de sus respectivos grupos. El Grupo Mixto debería ser el lugar natural de quienes se niegan a devolver el acta de diputado a su verdadero propietario. Así se hacían las cosas cuando el PSOE era el viejo partido. "El Grupo Socialista se quedaría con menos diputados que Podemos", dicen quienes creen que el objetivo del partido socialista se reduce a ganar a Podemos. ¿Y qué? Un partido democrático no puede aceptar en sus filas a quienes desprecian la democracia.

La Gestora socialista y el PSC se reunieron durante hora y media para acordar que ocho personas se encuentren para ver qué se hace con la relación entre esos dos partidos. Dependerá de quienes conformen la delegación del PSOE para saber por dónde irán los tiros. El socialismo del centro-norte de España es posible que no sienta la necesidad de reflexionar seriamente sobre los beneficios y perjuicios que pueden ocasionar a sus federaciones la actual relación entre ambos partidos, en las que uno -el PSC- no acepta la disciplina del PSOE y mantiene pronunciamientos sobre la estructura del Estado que desborda al PSOE, no por la izquierda, sino por el nacionalismo más rancio. El resultado electoral obtenido en esas zonas no parece que vaya a ser peor independientemente de lo que se decida en estos dos meses que se dieron de plazo Javier Fernández y Miquel Iceta. Pero el socialismo del centro-sur sí puede ver diezmadas sus expectativas electorales si la marca PSOE se ve adulterada por definiciones nacionales y el debilitamiento del principio de solidaridad que constituye uno de los ejes básicos del pensamiento socialdemócrata.

Quienes sostienen que la Gestora socialista trata de eludir el voto de los militantes del PSC para evitar candidaturas a la Secretaría General poco deseadas ignoran la historia. Desde finales de los ochenta, los socialistas extremeños presentaban en todos los Congresos Federales la propuesta para revisar una relación entre los dos partidos que no gustaba. Siempre perdieron, pero por aquel entonces, los socialistas extremeños no adivinaban que habría una Comisión Gestora tratando de cerrar el paso a alguien. ¡Cosas de tertulianos!