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Apología del onanismo

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Yo a una isla desierta me llevaría un dildo, pilas a discreción y una almohada.

Los dos primeros fueron fáciles de elegir, creo que tardé aproximadamente una milésima de segundo en decidirme. Sin embargo, el tercer acompañante sí que ha sido objeto de largas deliberaciones.

En principio, pensé en llevarme un cargador solar para las pilas, pero me dio por pensar que probablemente no me darían a elegir una isla en la que siempre hiciera buen tiempo.

También se me pasó por la cabeza llevarme un consolador de repuesto. Sin embargo, acababa de ver un reportaje sobre la obsolescencia programada (sí, yo también veo los documentales de La 2), y me di cuenta de que, efectivamente, he tenido que hacer "operación renove" aproximadamente cada dos años. Y como no sabía cuánta vida útil habrán decidido darle los fabricantes a mi último vibrador, ni por cuánto tiempo tendría que estar en la isla, finalmente me decidí por la almohada.

No precisa de fuente de energía, no se estropea, y es un valor seguro entre mis piernas. Por si eso fuera poco, optimizaba recursos, porque no nos engañemos, una isla sin un Robinson en ella, debe dar mucho sueño.

Lo que no dudé en ningún momento es que no hay mejor forma de pasar el tiempo con uno mismo que masturbándose.

Tengo muchos placeres solitarios; las palomitas de microondas, tocar el violonchelo, las tarrinas de helado de frambuesa, planear en mi nube. El Canon en re mayor de Pachelbel. Disfrazarme de hada traviesa y pintar corazones con acuarelas de colores. Soñar despierta. Me deleito por igual con estos y otros muchos entretenimientos, pero si tuviera que elegir uno, sólo uno, me entrego al onanismo sin dudarlo.

Tengo un amigo budista que está convencido de que he encontrado mi forma de meditación activa, que no es otra cosa que olvidarse por un instante de todo aquello que nos preocupa.
He intentado meditar pensando en una flor, pero siempre termino distrayéndome con alguna mariposa que pasaba por allí. Vamos, que lo que no he conseguido con el yoga, lo he logrado a través de la auto complacencia: quedarme en encefalograma plano. Cero. Finito. Y concentrarme en algo muy concreto: mi cuerpo. Y ese momento de placer extremo en que no hay nada más, sólo yo conmigo misma.

Bueno, siendo honestos, lo de sola, sola, en realidad tiene truco. Porque mi fantasía recurrente incluye siempre 4 hombres. Sé dónde está situado cada uno de ellos, qué hace exactamente, en qué momento y cómo. Con los años se ha convertido en una coreografía perfectamente ensayada en la que nuestros movimientos están totalmente sincronizados. Últimamente han empezado a rebelarse y a hacer cosas que no están previstas en el guión, pero en el fondo no me importa, me gustan las sorpresas.
No les pongo cara, desconozco si tienen vello en el pecho, no me sé de memoria sus lunares, ni tengo la más remota idea de cuáles son sus zonas erógenas. Ni falta que hace. Están ahí para mí y por mí. Verme disfrutar es el único placer que tienen permitido.

Ahora que lo pienso, mi segunda fantasía más utilizada también incluye compañía, aunque en esta ocasión no hay ningún tipo de contacto físico. Es un vecino voyeur muy atractivo (de él sí que tengo visualizados los abdominales y los hombros perfectamente torneados). Invade mi intimidad desde su ático del edificio de enfrente. Y yo me dejo invadir, y nos espiamos mientras llegamos al clímax al mismo tiempo.

En cuanto al lugar, me es bastante indiferente, no soy quisquillosa. Es raro, porque me encanta el sexo outdoors, pero cuando estoy sola, no necesito ningún escenario especial, me basta con mis 'maromos' ya no tan sumisos.

¿La frecuencia? Leí en una revista de mujeres, que si necesitabas masturbarte una vez al día, significaba que eras adicta. Me declaro culpable, y no puedo imaginarme un vicio más sano. Así que no, gracias, no quiero "curarme".No me causa sentimientos de arrepentimiento, culpa o preocupación, sino más bien todo lo contrario.Tampoco es una adicción que me suponga algún tipo de problema en mis relaciones sociales, excepto en contadas ocasiones, como cuando he tenido que ir corriendo al baño en medio de una reunión, y volver con una sonrisa de oreja a oreja (hay hombres a los que el traje les sienta verdaderamente bien).

La masturbación, ese momento personal, íntimo e intransferible.También puedes jugar a practicarla en pareja, pero insisto, para mí no es lo mismo, no me puedo dejar llevar de igual manera. De hecho, he oído hablar de los teledildonics, y del morbo de que alguien te de placer a distancia y con control remoto. No sé si es que soy rara, pero prefiero estar a solas. Es mi espacio. Es mi tiempo. Y no quiero compartirlo con nadie.

En definitiva, el onanismo, ese gran placer reservado para unos pocos afortunados... Espera, que es gratis, accesible para todos y lo puede practicar cualquiera!

Que paséis un buen día ;)