Hace un tiempo, apreciado lector, te expliqué el caso de Dawid Zapisek, un chaval polaco de 14 años, seguidor de la selección española y que padecía una enfermedad degenerativa muy cabrona que no le impidió asistir a la final de la Eurocopa en Ucrania. El 18 de septiembre murió.
No son pocos quienes sueñan la Edad Media como un territorio de placeres bestiales, con sirvientas pechugonas y mesas interminables de jabalíes que crujen esponjosos cuando les arrancas una pata. Si usted desea bañarse en vino y masticar hasta que la salsa le resbale de la barbilla al pecho, con dos leones gruñendo a los lados, Lviv es su ciudad.
Somos muchos (y muchas) los que echamos de menos aquellas equipaciones de los años 80, que lucían alegremente los futbolistas -Del Bosque entre ellos- que les "obligaban" a marcar paquete, sin percatarse de que años después serían vistos casi como exhibicionistas.
El fútbol es tan poderoso que tiene la capacidad de afectar a la gente hasta puntos insospechados. Ahora nos codeamos en la historia con los creativos, los imaginativos, los que tienen estilo, elegancia. La fuerza bruta se la dejamos a otros.
El caso de Dawid es un ejemplo de lo que se puede conseguir si se tienen sueños que cumplir y se vive con la ilusión de alcanzarlos. Desfallecer cuando las cosas van mal te lleva a sucumbir. Tener ilusiones te da vida.
Es fácil despertar el patriotismo y hacer equipo al lado de los hombres de Del Bosque.
Dice el poeta que el legendario carácter competitivo de los italianos nace de las múltiples invasiones sufridas por esa península. Esas cosas, a la larga, curten.
Se perciben ganas de buenas noticias, un deseo de ilusión que nada tiene que ver con una sociedad abatida o resignada. Con todas sus paradojas, la calle nos ha lanzado estos días un mensaje, casi una súplica, que no podemos ignorar.
No tengo miedo a equivocarme cuando digo que España ya es socia del club de los buenos, de Argentina, de Brasil, de Alemania, de Italia.
No es la victoria de la furia, sino de la inteligencia, del esfuerzo, del talento individual puesto al servicio de un equipo.
Se suponía que nada estaría terminado a tiempo, que las carreteras serían un absoluto caos, que los trenes no saldrían de las estaciones.
A muchos Italia nos parece un conjunto temible pero no admirable, efectivo pero no envidiable, como resultan los verdaderos villanos.
Los apostantes creen que España es "mejor", ya que tendría una probabilidad de ser campeona del 61,3% frente a tan solo un 38,7% para Italia.
Arbeloa desata en el espectador un tierno cariño, ganas de abrazarle, de hacerle unos buenos macarrones. Es aquel de nosotros que para colgar un cuadro se trepana una falange.
La muerte de James Nolan ha sido muy sentida en Polonia. Los hinchas irlandeses que estos días han visitado el país han dejado una profunda admiración entre los polacos.