Esto tiene que acabar ya. España es un integrante destacado de la Unión y no puede ser uno de los adalides de la reincidencia en el error. Y si todo lo ocurrido es una oportunidad para terminar con ese coladero de recursos que son los paraísos fiscales dentro del territorio de la UE, pues que se haga con firmeza, y que se haga ya.
A diferencia de Chipre, Argentina buscó proteger a sus entidades financieras, más allá de las arduas discusiones entre los banqueros y las autoridades. Dos de los principales del país estaban en serias dificultades. Otros, antes de cerrarse por insolvencia, fueron adquiridos o absorbidos por sus competidores.
No hay que romperse la cabeza: el Gobierno debe pedir de una vez por todas la línea de crédito preventiva para la compra de deuda por el BCE y la Comisión Nacional del Mercado de Valores tiene que prohibir indefinidamente las operaciones especulativas en la Bolsa.
Es cierto que los resultados electorales del 21-O refuerzan la imagen de Alberto Núñez en el PP de cara al futuro. Un eventual fracaso del Gobierno de Rajoy pondría en apuros su liderazgo, pero ligar este fracaso de forma automática con un ascenso de Feijóo a la cúpula del partido plantea, cuando menos, algunos interrogantes.
El pasado viernes se publicaron los resultados del nuevo proceso de recapitalización bancaria. La exhaustividad del proceso y la cuantía obtenida suponen dos elementos claramente diferenciales. Ambos atributos permiten pensar que no estamos ante una nueva venda.
El Gobierno debería dar el paso ya y dejarse de marear la perdiz, algo que nos está restando credibilidad internacional y europea y que, a cambio, no sé qué magros beneficios políticos a corto plazo puede dar al partido mayoritario en las cercanas convocatorias electorales.
El Gobierno tiene varios frentes abiertos, y con la reforma del Código Penal y la cadena perpetua revisable apuesta sobre seguro de cara a su electorado; pero no podrá jugar la baza de la mano dura en los otros frentes que tiene abiertos; Cataluña y la UE.
Que no se engañen ni Monti ni Rajoy: así lo único que van a conseguir es que a los países que gobiernan les pase lo mismo que al del cuento de "que viene el lobo" y, desde luego, que los especuladores vuelvan a la carga.
Los grandes banqueros centrales siempre han cuidado mucho sus palabras. No es así el caso de Draghi. Donde dije digo, digo Diego. Entretanto, el desasosiego y el sufrimiento crecen. Cada día, más parados y menos perspectivas.
Con una pequeña compra, los especuladores recibirían un fuerte correctivo y pondrían pies en polvorosa. Recordemos que este lunes solo se movieron 150 millones de euros en el mercado de deuda, frente a los 7.000 de algunos momentos de 2011.
Las palabras de Luis de Guindos, en las que aseguraba que "el Gobierno ya ha hecho todo lo que tenía que hacer", ratifican que el Ejecutivo ya ha tirado la toalla y que hemos entregado nuestro futuro a Bruselas y Berlín.
Meter dinero en entidades financieras deja en evidencia otra flagrante injusticia, que es la de las empresas o autónomos que deben a esas propias entidades por no haber podido pagar, al igual que su Bankia de turno.
No podemos eludir la responsabilidad de reformular los conceptos políticos para sobrevivir con dignidad. Tampoco estamos bien dotados de pensadores que nos dibujen el rumbo.
El Ejecutivo tiene que asumir su propia y exclusiva responsabilidad en la orientación de las mismas y dejarse de echar las culpas al maestro armero o al empedrado comunitario.
Como en otros episodios de la crisis reciente, lo necesario no siempre es lo suficiente. Y en este momento, la urgencia exigida para la concreción de las decisiones acordadas es máxima: está en juego la viabilidad del proyecto de unión monetaria a medio plazo.
Ha habido un avance en una hoja de ruta para la integración del proyecto europeo que puede y debe llevarnos a la Unión Política. Sería la recuperación de la coherencia en la construcción europea y -esto sí- la única vía para salvar la moneda única.