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La serena inquietud de Grace Paley

18/12/2016 10:22 CET | Actualizado 18/12/2016 10:22 CET

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Foto: YOUTUBE

Una fotografía. A veces, con ella es suficiente porque hay fotografías que lo dicen todo, que lo explican todo. O casi. Si se observa con detenimiento una fotografía de Grace Paley, ya casi convertida en una anciana, podrá entenderse su manera de posicionarse en el mundo. En esa foto se podrán apreciar muchas cosas. Destacaré dos: la inquietud y la serenidad. No son conceptos incompatibles en modo alguno. Esas dos cosas que se observan en la fotografía de Paley ya casi anciana son las que, precisamente, destacan en este ensayo que tengo entre manos, La importancia de no entenderlo todo (Círculo de Tiza). La firmeza con la que Paley, feminista y pacifista, defiende sus teorías proviene de esa inquietud que desprende. Y la manera en que está escrito, rotunda e irónica en ocasiones pero sin levantar la voz con la intención de molestar o agredir, proviene, creo, de esa serenidad, que no es otra cosa que sabiduría y experiencia acumulada con el paso de los años. No es poca cosa, desde luego.

Mezcla en estos ensayos apuntes biográficos y buena parte de las ideas por las que luchó a lo largo de su vida. No se desliga en este caso, como también ocurre en la mayoría de sus cuentos, la vida y la obra, las aspiraciones y las experiencias vividas, las posiciones vitales y la lucha por tratar de conseguir un mundo mejor. Así, por ejemplo, en uno de los textos más terribles y lúcidos del libro, el que se refiere al aborto, muestra Paley una cordura y un equilibrio, una firmeza y una naturalidad, que conmueven. No hay lugar para las medias tintas o las tonterías: hay sinceridad y una manera clara de llamar a las cosas por su nombre. Considera el aborto como algo fundamental para las mujeres, pero no le gusta la consigna "Aborto a voluntad" (tampoco a sus amigas). Lo que sí considera "a voluntad" son los métodos anticonceptivos. Creo que el razonamiento no puede ser más sensato y adecuado.

Especialmente gozoso para la persona que lea este libro es el capítulo que la autora dedica a su paso durante seis días por la cárcel por manifestarse contra la guerra de Vietnam. Y digo gozoso por la forma en la que Paley, pese al mal trago de estar allí encerrada y lejos de sus hijos, le da la vuelta a la tortilla y saca lo positivo de la experiencia: conocer a las mujeres que están con ella, encerradas, prostitutas negras y puertorriqueñas en su mayoría, y que de no haber sido detenida, jamás hubiese tenido oportunidad de conocer. ¡Y sus únicas lágrimas son porque, debido a su estancia en prisión, su hijo no podrá ir al campamento de verano! Resume a la perfección el espíritu de esta escritora tan original como rebosante de talento, tan deseosa de batallar por los derechos que cree imprescindibles como de luchar por sus ansias de ser una buena madre.

Son sólo algunos ejemplos. El libro está repleto de experiencias y lucidez. Todo ello contado con un lenguaje sencillo y cercano, que araña la realidad y la convierte en literatura. Y termino, como hace Elvira Lindo en su preciso prólogo, con unas palabras de la propia Paley, casi al final de su intensa vida (murió a los 85 años, peleando contra la guerra de Irak) y que son una buena declaración de principios: "La idea de que me iré de un mundo que está cada vez peor no me gusta, porque siempre pensé que era mi deber dejar el mundo mejor de lo que lo había encontrado. Si se tiene el hábito de ver cada día como una jornada completa, envejecer es interesante. Todos los días se conoce a una persona nueva, una puesta de sol nueva. Todos los días pasan cosas hermosas".

En serio, no se la pierdan.

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