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¿Hacia un socialismo europeo?

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Foto: AFP/ERIC FEFERBERG

Poco tiempo después de los resultados electorales del 26j en España, en el momento en el que los partidos políticos se resituaban, se oyó hablar aunque fugazmente de la necesidad de renovar el proyecto socialista, elemento que en boca de algunos de sus dirigentes, parecía ser la tarea del PSOE en la legislatura por venir. Sin embargo y contrariamente a lo que mucha gente piensa, el futuro del socialismo en general y el del PSOE en particular, no se decide a nivel nacional. Esta batalla se juega a nivel internacional. Y esto es válido, para todos los partidos socialdemócratas europeos. Como bien ha explicado Juan Antonio Cordero Fuertes en un reciente artÍculo, "El socialismo será europeo o no será". Y hasta que no entendamos esa variable eminentemente global en toda su dimensión y profundidad, de nada valdrán otro tipo de consideraciones que siempre permanecerán cortoplacistas por definición.

En general, fuera de ámbitos académicos o teóricos, este tipo de consideraciones reclamando la importancia de lo internacional en la politica de los partidos políticos a nivel nacional se despachan rápidamente como demasiado idealistas, o ingenuas. Prima la política del día a día, cuando no el irritante politiqueo. Sin embargo, un simple vistazo al contexto socioeconómico actual y sus crecientes tensiones nos hará tomar conciencia inmediatamente de dónde y cómo se toman las decisiones realmente trascendentes a nivel político, económico y social. Las que realmente influyen en la vida de millones de personas, aunque no lo parezca a simple vista, y estas se toman cada vez menos de forma aislada en los distintos países cuyos ámbitos de decisión tienden a la irrelevancia para bien o para mal. Si a pesar de todo viene a darse el caso, las repercusiones, rara vez se circunscriben al propio espacio nacional, desbordándolo ampliamente. El Brexit es tan solo un reciente ejemplo más.

Si creemos en el proyecto europeo, y si pensamos que éste debe tomar un giro mas social para poder seguir adelante, como reclamaba Inerarity recientemente, resulta imperiosa la emergencia de una fuerza socialdemócrata que sea resuelta y genuinamente europea, un eurosocialismo que lleve a cabo la construcción de esa Europa Social. Un socialismo continental que trabaje para la implantación de políticas sociales a escala europea. No un simple club de partidos socialdemócratas a imagen y semejanza de la deriva intergubernamental de la Unión Europea actual, sino un partido socialista europeo, transnacional y de corte federal, con una política común y un líder de todos los socialistas europeos al frente elegido en primarias continentales. ¿Se imaginan?

La primera tarea que acometer es la elaboración de un Proyecto Socialista para la Europa del Siglo XXI, un proyecto claro con un mínimo denominador común para todos los países europeos, con especial énfasis en los derechos de ciudadanía y en los derechos sociales, para cimentar un auténtico demos social europeo. Una definición de los derechos y prestaciones sociales mínimas y armonizadas para todos los europeos, sin importar el país de residencia. Una Europa de las personas más que de los pueblos. Un proyecto socialista para todos los europeos. Esa es la gran tarea.

Por ir más allá de las simples declaraciones y acercarnos a los hechos concretos, y para echar a andar este inmenso tajo, convendría introducir reformas innovadoras en el propio funcionamiento de los distintos partidos socialistas europeos, y sentar así las bases de esta nueva dimensión. Desarrollando por ejemplo orgánicamente programas de intercambio entre socialistas de todos los rincones de Europa, para que militantes y cargos locales puedan intercambiar experiencias entre sí, y conocer de primera mano otras realidades y problemáticas sociales europeas que no deben parecernos ajenas, así como otras soluciones a problemas quizás no tan distintos como podamos creer, creando así una conciencia y una cultura común, socialista, europea y desde la base.

El socialismo debe transformarse interna y externamente, ampliar su escala y potencia, adaptándola a los nuevos tiempos, y debe convertirse en elemento vertebrador y cohesionador de una Europa hoy desnortada.

Este sería un trabajo que acometer anterior o simultáneamente a la fusión de los distintos partidos socialistas europeos en un único partido federal en toda Europa, con las mismas siglas y los mismos objetivos y el mismo programa marco en todo el continente.

En la actualidad, podemos analizar por separado los problemas del PSOE, del Parti Socialiste Francés o del Labour inglés, y luego divagar en abstracto sobre la crisis de la socialdemocracia europea (ese manido comodín...), o podemos interconectar las situaciones, hacer de la necesidad virtud y transformar la crisis de la socialdemocracia, y la de la Unión Europea, en oportunidad para devolver realmente a la política su preminencia sobre la economía y dotar, al fin, al continente de un proyecto social ambicioso, compartido y federador.

Ese es el auténtico reto al que nos enfrentamos, y no las distintas intrigas nacionales cuando no locales o feudales entre baronías con las que los medios nos mantienen obnubilados, o las distintas luchas de poder en el seno de la familia socialista de cualquier país, elevadas a rango de debate de ideas por falta de una auténtica perspectiva política a la altura de la situación que hay que enfrentar.

El tiempo de la inercia, los parches y los apaños debe dejar paso a un proyecto europeísta que devuelva la esperanza a los ciudadanos europeos. Hemos perdido ya demasiado tiempo. Necesitamos un proyecto europeo construido a base de acciones concretas y verificables en el presente y en el día a día, para construir un futuro mejor, que es de lo que se trata. Un proyecto global y local al mismo tiempo. Urge pasar pantalla de una vez.

Europa no es el problema, es la posible solución. Los problemas de nuestras sociedades son de raíz global, y las soluciones también lo deberán ser si se quiere que sean efectivas. El socialismo debe recuperar su matriz internacionalista y potenciarla, hacer de ella una autentica seña de identidad, un elemento fundamental de su discurso, de sus métodos, de sus propuestas y soluciones, y de su acción cotidiana también a nivel nacional y local.

El mercado europeo está construido, la Europa poíitica está a medio hacer, pero la Europa social no llega actualmente ni siquiera a boceto, y es dudoso que a la izquierda soberanista de Syriza, el Front de Gauche o Podemos le interese realmente el proyecto europeo tanto como para llevar a cabo su agenda social. Mientras tanto, los ciudadanos necesitan la Europa social, y los socialistas tenemos la obligación de construirla. De lo contrario, el sueño europeo derivará mas pronto que tarde en pesadilla colectiva, como ya da síntomas de estar haciendo.

El socialismo debe transformarse interna y externamente, ampliar su escala y potencia, adaptándola a los nuevos tiempos, y debe convertirse en elemento vertebrador y cohesionador de una Europa hoy desnortada. Lo hemos visto con la crisis económica, la crisis griega, con la inmensa tragedia de los refugiados, y ahora también con el Brexit: los desafíos están a nivel continental, y afectan a todos y cada uno de los ciudadanos europeos a través de un sinfín de problemas derivados. Por lo mismo, las posibles soluciones también están a nivel europeo, y es en ése ámbito donde deben buscarse.

Podemos epilogar hasta el infinito sobre los males que achacan a los partidos socialistas europeos en cada uno de sus países, o asumir de una vez por todas su decadencia y superarla haciéndolos "confluir", como se dice ahora, en un Partido Socialista Europeo digno de ese nombre y auténticamente capaz de ser una herramienta a la altura de los desafíos del mundo de hoy, que no son pocos. Eso sí que sería renovar y modernizar el socialismo, y rejuvenecer de paso la vieja socialdemocracia.

Se lo debemos a Jean Jaurès, a Olof Palme, a Enrique Casas, a tantos y tantas... también a Jo Cox.