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Hasta dónde hay que tener miedo

19/11/2015 21:56 CET | Actualizado 19/11/2016 11:12 CET
AFP

Es el miedo una pasión extraña, y los médicos afirman que ninguna otra hay más propicia a trastornar nuestro juicio. En efecto, he visto muchas gentes a quienes el miedo ha llevado a la insensatez, y hasta en los más seguros de cabeza, mientras tal pasión domina, engendra terribles alucinaciones.

Los atentados de París han reactivado el miedo que el filósofo francés, Michel de Montaigne, describió hace más de cuatro siglos. Sin obviar la amenaza real, algo que en España sabemos desde el 11M, el relato en directo de los atentados de París, la tentación política de rentabilizar el terrorismo y la insistencia mediática en repetir sin cesar las mismas informaciones, contribuyen a crear un clima social en el que el miedo colectivo es protagonista.


"La respuesta política (tanto gubernamental, como de la oposición) y la mediática (prensa, radiotelevisión e internet) a la crisis terrorista siempre abre una oportunidad de ganar (aunque también de perder) que sería irracional desaprovechar. Por eso resulta inevitable que traten de explotar la crisis sacando partido", opina el catedrático de sociología Enrique Gil Calvo, que considera que "la respuesta estatal (administraciones públicas) no puede buscar rentabilidad alguna, pues lo suyo es actuar de oficio, activando los servicios públicos (policía, judicatura, sanidad...) para ponerlos en guardia, restableciendo la seguridad pública. Aquí, el único criterio a valorar es la eficacia y rapidez de la respuesta, así como la obtención de resultados (detención de culpables, reparación de daños...)", añade.

La suspensión de partidos de fútbol por problemas de seguridad, y el presidente francés declarando la guerra -para regocijo del ISIS y de las empresas armamentísticas, que se han disparado en bolsa- mientras sigue vendiendo armas a Arabia Saudí, han logrado ya lo que Hobbes, padre de la teoría política moderna, apuntó: el hombre cede gustosamente libertad a cambio de seguridad.

El 73% de los franceses comulga con la merma de derechos que supone el estado de excepción y que Hollande no habría logrado aplicar en otro momento.

Así, el 73% de los franceses comulga con la merma de derechos que supone el estado de excepción y que Hollande no habría logrado aplicar en otro momento, como registros sin orden judicial o disolución de grupos de personas -por lo pronto, se han prohibido las manifestaciones por la Cumbre del Clima que se celebrará en París para exigir que los gobiernos reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero-, así como la alianza con Putin, que hasta hace nada habría dado nauseas a cualquier demócrata.

"Hobbes dice que el Estado se monta sobre la ansiedad y el miedo del hombre. Ahora mismo, estamos ante sociedades en estado de ansiedad por el miedo que han generado los atentados, y el Estado se fortalece para darte sensación de seguridad, porque estar inseguro es lo que afecta a tu vida personal cómoda, cotidiana", explica el catedrático de ciencia política Fernando Vallespín.

"A la hora de analizar la respuesta de Hollande hay que tener en cuenta que está condicionado por Le Pen y Sarkozy, y tiene que competir con los mensajes que lanzan sus rivales. Sin ese condicionante, yo creo que no necesitaría hacer lo que está haciendo. El miedo ya estaba latente antes en Francia, en la Unión europea, era el miedo al emigrante, al refugiado, es el miedo atávico al extraño, a perder lo ya conocido", añade Vallespín.

Policías con metralleta en las esquinas más concurridas de las grandes ciudades españolas, tres cordones de seguridad previstos alrededor del estadio del Real Madrid el próximo sábado, con más de 1.300 agentes entre policías, antidisturbios y de información, desalojos de espacios públicos ante la más mínima sospecha, como el de la madrileña plaza de Cuzco, generan inevitablemente un clima de preocupación.

La proximidad electoral está empujando al Gobierno a ser cauto, pues tiene la experiencia del 11M y la gestión de Aznar demasiado frescas.

Entre las fuerzas de seguridad, corre la teoría de que, tras los atentados en París, lo lógico habría sido elevar el nivel de alarma antiterrorista del 4 al 5 (máximo nivel), pero que la proximidad electoral está empujando al Gobierno a ser cauto, pues tiene la experiencia del 11M y la gestión de Aznar, en la que también participó Rajoy, demasiado frescas, y no quiere correr riesgos.

Quizá por esa razón, Moncloa está tratando de negociar con el resto de partidos políticos una postura consensuada sobre la guerra al ISIS. "Ningún gobierno en su sano juicio en estos momentos favorecería el miedo entre la ciudadanía con este tema. Y menos aún el Gobierno de Rajoy, quien tiene muy presente en la cabeza que no puede cometer ningún error porque él experimentó que los fallos en estos asuntos pasan unas facturas imposibles de asumir", aduce José Enrique Serrano, el impulsor del pacto antiyihadista en el PSOE.

Serrano, que vivió desde dentro las consecuencias del atentado terrorista en Madrid como jefe de gabinete de Zapatero, sabe que el candidato del PP no se quita de la cabeza a Aznar y al 11M, porque estaba allí y vivió de cerca lo que significó para España, y en concreto para el PP, todo lo que sucedió: "Empiezas por cultivar el miedo y la situación se te va de las manos". Un consejo que le vendría bien rumiar a Ciudadanos, a quien el miedo a no transmitir una imagen presidenciable le ha llevado a proponer intervenir las redes sociales en nombre de la seguridad.

"Si para el Gobierno un buen atentado representa un filón, para la oposición resulta un castigo de dios, ya que les condena a algo peor que el olvido y la indiferencia", considera Gil Calvo.

Y es que un atentado, tal y como dice Gil Calvo, reduce a figurantes el papel de la oposición, mientras potencia el gubernamental: "El Gobierno se encuentra ante una oportunidad de oro para recobrar máximo protagonismo, adoptando la máscara teatral del Héroe Viril (hombre de acción) que defiende al Pueblo enfrentándose al Villano. Y en esta representación dramática, toda sobreactuación le parece poca, pues sabe que todo le está permitido por el insuperable miedo ciudadano".

"De ahí que tiendan a caer en la tentación de portarse como un Putin anabolizado que abomba el pecho, ahueca la voz, proclama el estado de excepción, y saca sus bombarderos a pasear en una declaración de guerra, para demostrar con un golpe de autoridad sus dotes de mando. Todo con tal de evitar la imagen de claudicación o debilidad, lo que sería inmediatamente aprovechado por la oposición para acusarle de pasividad o impotencia, arruinando su erosionada reputación todavía más. Pues, si para el Gobierno un buen atentado representa un filón, para la oposición resulta un castigo de dios, ya que les condena a algo peor que el olvido y la indiferencia, que es obligarle a actuar como coro de seguidores que avalan la hercúlea tarea del héroe gubernamental", expone Gil Calvo.

Los efectos de rentabilizar el miedo tienen tanto alcance como una bomba atómica. Hace menos de un mes, Tony Blair ha pedido perdón públicamente por llevar a su país a la guerra de Irak basándose en información errónea sobre la existencia de armas de destrucción masiva, siendo consciente, 12 años después, de la responsabilidad que la intervención ha tenido en la creación del Estado Islámico.

"Se produce una confluencia sinérgica de intereses comunes entre los poderes políticos y los mediáticos, pues unos y otros saben que van a sacar partido del magno acontecimiento", advierte Gil Calvo.

En La doctrina del shock, Naomi Klein pone en evidencia cómo el uso político del miedo otorga carta blanca a los gobiernos para institucionalizar cambios que habrían sido respondidos inmediatamente por los ciudadanos si no fuese por el estado de confusión en que se encuentran tras un desastre.


Enrique Gil Calvo analiza el comportamiento de los medios en situaciones de crisis como la de París: "Los medios tampoco pueden dejar pasar la ocasión de hacer su agosto. Y para ello, suspenden por un tiempo su programación habitual y escenifican una superproducción destinada a retransmitir en directo el luctuoso acontecimiento histórico, según constató la Teoría de los Media Events (acontecimientos mediáticos y hoy ciberacontecimientos) propuesta por Dayan y Katz".

"Ni que decir tiene que, además, se produce una confluencia sinérgica de intereses comunes entre los poderes políticos y los mediáticos, pues unos y otros saben que van a sacar partido del magno acontecimiento. Y de ahí que estén ambos interesados en escalar el nivel de emergencia para realimentar el alarmismo que atemoriza al público, prolongando ininterrumpidamente el suspense de una cadena de trágicos sucesos que no se sabe cómo ni cuándo puede alcanzar algún digno final. Que la fiesta fúnebre parezca interminable, como una serie de televisión, para que el pingüe negocio político y mediático no decaiga", detalla.

"Si debatimos para no tener miedo, si apelamos a la razón y concluimos que lo que nos protege es un Estado juntos, tenemos una oportunidad de oro para impulsar el proyecto europeo", propone Vallespín.

"Y mientras tanto, el atemorizado público espectador se queda pasmado ante las múltiples pantallas que le protegen del caos exterior, como si fueran las placas acorazadas de un blindaje ciudadano, hasta que la creciente redundancia del reiterado montaje mediático le deja sumido en un morboso sopor tan estólido como estupefaciente, incapaz de prestar oído a las escasas voces que denuncian el revés de la trama", explica Gil Calvo.


Sobre cómo protegerse de la manipulación del miedo, Vallespín propone convertir la razón en "nuestra principal arma, porque de todo esto se puede sacar una parte buena. Si debatimos para no tener miedo, si apelamos a la razón y concluimos que lo que nos protege es un Estado juntos, que la amenaza del ISIS es una amenaza real para toda la Unión Europea y, por tanto, que somos una misma cosa, una cultura que se llama Europa, tenemos una oportunidad de oro para impulsar el proyecto europeo, pero sin caer en ese marco de que esto es la guerra".

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