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Otra burbuja económica: el dragado del Guadalquivir

18/03/2015 07:01 CET | Actualizado 17/05/2015 11:12 CEST
EFE

El Puerto de Sevilla está dispuesto a hacer lo que sea por conseguir los permisos que le permitan hacer el dragado del río Guadalquivir. Poco le importa a la Autoridad Portuaria que esta faraónica obra suponga el colapso del 'Río Grande' y vertebrador de Andalucía -como han anunciado que sucedería las eminencias científicas que lo han estudiado- o que afecte gravemente a la biodiversidad de Doñana, o que implique la desaparición de los arrozales sevillanos, de los que viven miles de familias y la economía de pueblos enteros. Para el Puerto de Sevilla esos serían, en todo caso, daños colaterales de esta estafa a los ciudadanos, porque el Guadalquivir, mal que le pese a la Autoridad Portuaria de Sevilla, es patrimonio de la ciudadanía y no sólo de las élites y sirve para mucho más que para hacer dinero (o cobrarlo de Europa). Pero es que los números además no salen. Las cuentas que hace el Puerto de Sevilla hacen aguas. Todo parece una burbuja de intenciones que, como viene siendo habitual en los megaproyectos acabamos pagando después entre todos.

Entonces, ¿a qué se debe este empecinamiento por hacer el dragado del Guadalquivir? Un proyecto con tanta polémica y críticas, al que se han sumado incluso alcaldes ribereños a las voces ecologistas, científicas y académicas que dan la alarma sobre los efectos letales de este pretendido dragado, ¿no debería dejarse en suspenso atendiendo, al menos, al principio de precaución? No. No hay tiempo. El Puerto de Sevilla empezó la casa por el tejado, construyendo una esclusa descomunal apoyada en los euros que llegaban de Bruselas. Una obra que no serviría para nada si no se aumenta la profundidad del río. La voracidad portuaria por coger el dinero europeo podría volverse en su contra si antes de que llegue el 31 de diciembre de 2015 y suenen las 12 campanadas no tienen hecho, por lo menos, una primera parte del dragado. De no ser así, probablemente tendrían que devolverse los millones de euros a Bruselas porque la esclusa estaría condicionada al dragado del Guadalquivir para aumentar su profundidad. Si no para que hacer una esclusa para barcos de más calado si por donde no caben es por el río. Han creado otra burbuja económica que prefieren seguir hinchando porque no se atreven a cargar con la responsabilidad de explotarla.

La pesadilla del Puerto de Sevilla comenzó cuando el estudio científico encargado al prestigioso catedrático y experto en dinámicas fluviales Miguel Angel Losada y a un nutrido equipo de científicos, revelaba que el dragado que quería hacer el Puerto de Sevilla, en las condiciones actuales del río Guadalquivir, supondrían su colapso. Era incomprensible para el Puerto de Sevilla que los científicos a los que había pagado el estudio le llevaran la contraria. Pero, como ha dicho en muchas intervenciones el profesor Losada: la ciencia es la ciencia. No parece pensar lo mismo la Autoridad Portuaria de Sevilla que ya anda reclutando científicos a golpe de contrato público a dedo para que digan que el dragado es posible y que no pasa nada. Avales científicos que paracen cortinas de humo, ya que fue el Puerto de Sevilla quien retiró del río las estaciones de medición que permitían extraer datos de la evolución del río. Ojos que no ven...

Sin embargo, el debate del dragado del Guadalquivir va más allá de lo que digan los científicos. "No hay soluciones científico-técnicas, sino aportaciones al debate social", explicaba el catedrático de Geografía de la Universidad de Sevilla Leandro del Moral ante un auditorio que llenó el salón de plenos de Coria del Río (Sevilla). En un tono conciliador y dialogante, este profesor estrechamente vinculado al movimiento de la Nueva Cultura del Agua, cambiaba la perspectiva del problema del dragado: "el error es pensar que es un asunto local". En efecto, el Puerto de Sevilla no cesa de decir que el dragado del Guadalquivir es crucial para la supervivencia económica de Sevilla. ¿Y los demás pueblos ribereños? ¿Y Cádiz, con su puerto marítimo y, sobre todo, sus caladeros donde muchas de las especies comerciales dependen del estuario? ¿Y los puertos de Huelva (a menos de una hora de distancia por carretera de Sevilla) y de Algeciras (cuyos enlaces ferroviarios para las mercancías se han potenciado desde las administraciones)?

Hay múltiples enfoques. También sectorialmente. Para el Puerto de Sevilla el Guadalquivir es sólo la vía navegable E-60-02. Pero el Guadalquivir es mucho más. Del río viven arroceros, agricultores, acuicultores, pescadores, las salinas, el marisqueo, el turismo, otras industrias...

Y además, está Doñana. Un símbolo de la sostenibilidad que el dragado que quiere hacer el Puerto de Sevilla podría en serio peligro, como adelanto la comisión de la Unesco que visitó recientemente el espacio natural. Un dragado es todo lo contrario a algo natural: es el parche que se le pone a una dinámica fluvial alterada, una acción quirúrgica y artificial en contra de lo natural, de una actuación adaptativa. Da igual que se hable de un metro y medio más de profundidad o de hacerlo en dos fases... Es otra vuelta de tuerca a un proceso de transformación que ha ido estrangulando al río hasta el punto de que apretar más supondrá su asfixia.

Pero ante todo, está la ciudadanía. Esa ciudadanía a la que le han robado este debate sobre su río las élites: la política y la económica. El Puerto de Sevilla se reúne con representantes políticos, empresariales y hasta sindicales. Todos se frotan las manos pensando en la parte del pastel que les va a tocar en el reparto del dinero que viene de Bruselas. Mientras el Puerto se permite declarar indeseables en las reuniones a aquellos que osan criticar una obra que sólo se mide en euros. No se admiten ciudadanos, no se reconoce la valía de informes científicos independientes y, sobre todo, no se permite mirar más allá del ombligo sevillano.

En el Puerto lo han reducido todo a la mínima expresión que establece la Declaración de Impacto Ambiental: proteger las márgenes del río de la erosión. Pero pensar que la actuación para proteger los márgenes del río y gozar del aplauso de los científicos a sueldo que dicen que esta actuación no afectará al Guadalquivir ni a Doñana, es demasiado simplista y, sobre todo, es un cheque en blanco que podemos acabar pagando todos. Eso sí, al Puerto de Sevilla le salvaría de tener que devolver el dinero europeo o de dar explicaciones de una obra faraónica, la esclusa, que no sirve para lo que se construyó y sólo es un nuevo monumento al despilfarro que se suma al de tantos aeropuertos sin aviones que a los gestores de lo público les ha dado por construir. Tal vez entonces digan como Les Luthiers: "Que alguien me explique qué tienen de faraónicas estas pirámides". El problema es que lo estarán diciendo gestores de dinero público y no cómicos.