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El Gobierno ha brillado en Barcelona por su ausencia

29/08/2017 08:01 CEST | Actualizado 29/08/2017 13:10 CEST

EFE

El zarpazo del terrorismo ha vuelto a azotar con fuerza nuestro país, los ataques en Barcelona y Cambrils pretendían sacudir a nuestra sociedad y lo que representa: una democracia liberal. Trascurrido un tiempo prudencial, considero necesario analizar el papel del Gobierno de España en la gestión comunicativa de los ataques, un papel absolutamente secundario que ha permitido que el Govern de la Generalitat haya pretendido actuar como un Estado capaz de hacer frente a uno de los mayores retos a los que se enfrentan los sociedades occidentales del s.XXI.

El primer ataque se produjo sobre las 17:00 en el corazón de Barcelona, en las Ramblas. Lo habitual en otros países europeos que han sufrido ataques de similares características es que los presidentes del Gobierno o primeros ministros comparezcan a las dos horas, tiempo más que suficiente para recabar los primeros datos e informar a la sociedad. Los ejecutivos son conscientes de la necesidad de ofrecer con rapidez las primeras informaciones oficiales para transmitir un mensaje de tranquilidad y toma de control de la situación frente al caos que provocan estos hechos. En esta ocasión, Mariano Rajoy no se desplazó a Barcelona hasta casi la media noche y compareció transcurridas más de 5 horas desde el suceso, 3 horas más tarde de los informativos, 2 horas más tarde del conocido como "prime time" televisivo y, por lo tanto, relegando las explicaciones públicas para el día siguiente, en el mejor de los casos sustituidas por varios tuits. Rajoy realizó una comparecencia en la Delegación del Gobierno, sin visitar ninguna institución de Gobierno catalán, tras una reunión con un equipo sin integrantes de las instituciones autonómicas, enviando un mensaje de compartimentación entre ambos niveles administrativos que únicamente refuerza el marco fomentado desde la Generalitat en su andadura independentista: la desconexión es un hecho, son dos administraciones distintas, separadas y autónomas. En aquella comparecencia, Mariano Rajoy decretó el luto oficial y avanzó la reunión del pacto antiterrorista, pero no contestó pregunta alguna de los profesionales de la información, una actitud que podía confirmar la teoría de falta de información en detalle sobre el suceso.

No fue hasta el día siguiente, 20 horas más tarde del primer atentado, cuando las administraciones realizaron una reunión conjunta en la Consellería de interior con los dos presidentes, consellers y ministros. Fue una reunión breve, más simbólica que operativa, que pretendía enviar un mensaje de unión frente a la barbarie y que más tarde se amplió a toda la sociedad e instituciones con el minuto de silencio convocado a las 12:00 en Plaça Catalunya, donde estuvieron presentes el jefe del Estado, los líderes de los principales partidos nacionales, representantes de todos las administraciones catalanas y la sociedad civil. Tras el minuto de silencio, Rajoy regresó a Madrid, como si su estancia en Catalunya se le estuviera haciendo larga, y la vicepresidenta y el delegado del Gobierno en Catalunya volvieron a tomar las riendas de la presencia del Ejecutivo español en Catalunya.

El Gobierno de España, sorprendentemente, no ha estado presente en Cataluña con la intensidad e implicación que requiere unos atentados como los ocurridos.

La reunión del pacto antiterrorista no se celebró en Barcelona, un gesto que podría haber reforzado la voluntad del Ejecutivo por ampliar su presencia en Catalunya. Zoido compareció tras el pacto, sin poder ofrecer detalle alguno de los dispositivos policiales, aludiendo vagamente a la cooperación entre cuerpos e intentando descolocar a algunas fuerzas políticas por no firmar el pacto y ser meros observadores. Tras esta intervención, el miércoles 23 de agosto, viajó a Paris para encontrarse con su homólogo en una reunión que estaba prevista de antemano. Durante la rueda de prensa, el ministro se limitó a negar que la Guardia Civil y la Policía Nacional hubieran recibido mail alguno de Bélgica pidiendo información sobre el imán de Ripoll, en un ejercicio de comunicación que lo único que transmitió era su falta de control y descoordinación sobre las informaciones de los Mossos d'Esquadra, un cuerpo policial que opera en territorio nacional del cual él es responsable. El mismo día, la alcaldesa Colau reunía a la Junta de Seguridad de Barcelona, que contó con la presencia del delegado del Gobierno, Enric Millo, en lugar del secretario de Estado, algún ministro o incluso la vicepresidenta que, durante esos días, permanecía en Catalunya.

La imagen de la gestión comunicativa de la crisis la ha liderado la Generalitat de Catalunya con dos protagonistas, el conseller Forn y el major Trapero y una presencia muy destacada del president de la Generalitat y la alcaldesa de Barcelona. El Gobierno de España ha brillado por su ausencia. Si Rajoy y Zoido han hecho apariciones contadas, el secretario de Estado de Seguridad, del cual depende el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) y la dirección, impulso y coordinación en materia de terrorismo, continúa sin dar la cara.

Mientras preparaba este artículo, el presidente del Gobierno ofreció la primera rueda de prensa tras el atentado, 8 días después. En ella, se esforzó en señalar la implicación de su Gobierno en la gestión de los atentados y subrayar el papel de los Mossos d'Esquadra y del resto de cuerpos policiales. Esta aparición por sorpresa parecía querer recuperar el protagonismo que los días anteriores había tenido la Generalitat, y procurar un ambiente de concordia en la manifestación del pasado sábado en Barcelona, aunque luego esta brillara por su ausencia. El Gobierno de España, sorprendentemente, no ha estado presente en Cataluña con la intensidad e implicación que requiere unos atentados como los ocurridos. No se puede jugar con la seguridad nacional ni realizar estrategias políticas en función de desavenencias políticas -no se me ocurre otro motivo-. Y es que una presencia tan mínima del Gobierno en una Comunidad que ha sido azotada por el terrorismo islámico no la imagino en otra del territorio español.