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03/09/2013 19:55 CEST | Actualizado 04/09/2013 12:08 CEST

Terry Gilliam está enamorado de su smartphone (VÍDEO)

VENECIA.- Terry Gilliam está enamorado de su iPhone. Lo toma entre sus manos, lo gira varias veces con un habilidoso moviento de dedos y lo admira: “Lo amo. Es una de las cosas más bellas jamás diseñadas. Su peso, su tamaño, su textura… Es un impresionante objeto sexual”, culmina. ¿Es el director de la orwelliana Brazil (1985) la imagen de la nueva campaña de Apple? No. De hecho se limita, a través de la autocrítica, a exaltar el mensaje de su última película, The Zero Theorem, presentada en el Festival de Cine de Venecia.

“También amo el mundo real, la arquitectura, por ejemplo. Fui un niño con suerte que pudo disfrutar de esas cosas. De hecho me gusta presentar mis trabajos en Venecia para poder viajar aquí y disfrutar de su belleza”, ha asegurado hoy en la ciudad de los canales. La historia con la que compite en el certamen de cine italiano nos muestra a un Christoph Waltz convertido en un aislado genio de la informática cuya vida está pegada a la pantalla de un ordenador. El proyecto en el que participa pretende descubrir el propósito de nuestra existencia, por lo que espera permanentemente una llamada de teléfono que le dé respuestas.

Ayer, tras la proyección de esta cinta de ciencia ficción de bajo presupuesto, Gilliam reconoció que él también es en parte víctima de los riesgos de vivir en la sociedad online, como su protagonista. Admirado por el torrente de conocimiento que se puede encontrar en Internet, el cineasta se cuestiona si esa nueva vida virtual nos condena a relaciones irreales. “El amor, esa cosa tan peligrosa. Por eso somos tan cobardes y nos escondemos tras apodos para poder encontrarlo”, decía.

La sociedad corporativa que muestra en The Zero Theorem, también a través de los personajes de Matt Damon y Tilda Swinton, es, a su parecer, culpable del actual aislamiento social. "En la publicidad se muestra a gente como dioses, de belleza perfecta. Y no somos así. ¿Cómo nos comunicamos con otros si se espera eso de nosotros? A través de una pantalla", reflexiona.

Considera que esta película es necesaria en momentos en que "la primavera árabe se ha convertido en verano y también en invierno". Ante la existencia de este tipo de movimientos surgidos en la Red se muestra ponderado. "Tengo fe en esos movimientos. No sé si tendrán éxito, pero sí que es importante que ocurran. Pasó en los sesenta, la revolución en seguida se convirtió en una forma de vender cosas, como ocurre con Occupy Wall Street. No es una predicción es un hecho", dice.

En The Zero Theorem Gilliam presenta de nuevo un torrente de ideas en ocasiones complicado de asimilar para un espectador que queda con la sensación de que muchas de ellas quedan en el aire. "Quería dejar a la audiencia haciéndose algunas preguntas. No me interesa ese cine que consuela, que te da siempre pequeñas respuestas", dice.

El ex Monty Python echa de menos el universo creado en películas como El sentido de la vida (1983), La vida de Brian(1979) o Los caballeros de la mesa cuadrada (1975). “Ahora todo se piensa dos veces antes de decirse”, lamenta. Quizá por eso decidió que este proyecto de ciencia ficción no se rodara en formato digital, mucho menos en 3D, y que fuera "la primera película fullframe jamás hecha". Lo que quiere decir es que en ella se proyecta todo el ancho de imagen, tal y como lo capta la cámara, sin recortar los márgenes del negativo como se hace siempre para respetar una llamada distancia de seguridad. “En esta película no queremos ser seguros”, sentencia.

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