Javier, agricultor de remolachas: "La rentabilidad es poca para el trabajo que da"
Empuja a los agricultores a abandonar el cultivo.

La remolacha azucarera vive un momento crítico. Lo que durante años fue uno de los cultivos más representativos de provincias como Zamora se encuentra ahora en retroceso, atrapado entre precios hundidos, mayor competencia exterior y unas condiciones de mercado que dejan a los agricultores cada vez más indefensos.
Muchos productores que durante décadas han sostenido este cultivo empiezan a plantearse si merece la pena seguir sembrándolo. A la crisis general del campo se suma ahora la amenaza con hacer desaparecer este cultivo. “Antes este era un cultivo que daba mucho trabajo en Zamora, en Toro y Benavente sobre todo; ahora quedamos cuatro”, resume Javier Prieto, agricultor de remolacha en Peleas de Abajo al diario zamorano Enfoque.
Precios a la baja y márgenes al límite
El principal problema está en el precio que perciben los productores. Las cooperativas ofrecen actualmente en torno a 55 euros por tonelada. Se trata de cifras muy ajustadas que, según los agricultores, rozan o directamente cruzan el umbral de la rentabilidad. “El precio de la remolacha funciona por temporadas. A veces está alto y a veces bajo. Ahora estamos en lo bajo”, explica Prieto.
El sistema de precios cerrados deja poco margen de maniobra. “Es o lo tomas o lo dejas”, lamenta el agricultor, que subraya que la remolacha exige casi un año completo de trabajo, desde la siembra hasta la recolección. “La rentabilidad es poca para el trabajo que da. Debería ser mayor, pero son las condiciones que hay y es complicado negociar”, añade.
De campañas rentables a números en rojo
La caída de los precios ha sido clara en los últimos años. Hace apenas tres campañas, la tonelada se pagaba a unos 75 euros, veinte más que ahora. Para explotaciones medias, como la de Javier Prieto, con producciones de alrededor de 7.000 kilos, la diferencia entre una campaña y otra puede superar los 10.000 euros.
Ahora, la producción ha aumentado. Este año se están obteniendo unas cien toneladas por hectárea, frente a las noventa de hace tres años. “Se pagaba más cuando había menos”, dice el agricultor, apuntando a que el mercado penaliza al productor cuando la oferta crece.
La competencia exterior
Desde el sector señalan directamente a la entrada masiva de azúcar de caña procedente de países como Brasil o India. “Llega mucho azúcar de caña, miles de toneladas, que se refinan aquí y se venden como si fuera de aquí, cuando no lo es”, denuncia Prieto. Incluso con los costes de transporte, a las empresas les resulta más rentable comprar fuera que apostar por el producto local.
Las organizaciones agrarias comparten el diagnóstico. Según El Enfoque, Lorenzo Rivera, de COAG, advierte de que la remolacha “va camino de ser un producto prácticamente desaparecido” si no se frena la llegada de azúcar de terceros países. La posible importación de 190.000 toneladas desde Brasil, señala, podría ser “la puntilla” definitiva para el sector.
Contratos obligatorios
A esta situación se suman los contratos de Cultivos Agroindustriales Sostenibles firmados con la Junta de Castilla y León, que obligan a cultivar remolacha durante cinco años. En campañas de precios bajos, esta obligación supone, según las organizaciones agrarias, sembrar a pérdidas y contribuir además a que el exceso de producción siga hundiendo los precios.
UPA y COAG reclaman que no se obligue a los agricultores a cumplir contratos “ruinosos” y recuerdan que la ley impide pagar por debajo del coste de producción, algo que, aseguran, ya estaría ocurriendo en las explotaciones más pequeñas.
