La fábrica española que hace zapatillas desde 1915 en La Rioja: quebró en 1999 y hoy vende en 56 países con una sede que genera su propia energía y no necesita calefacción ni aire acondicionado
Nacida de un gesto de amor y en medio de la Primera Guerra Mundial, la marca es hoy ejemplo de negocio y eficiencia energética, pero también de legado tras más de un siglo de historia.

El mundo sufría los embates de la 'Gran Guerra', cuando Gregorio Esparza tuvo una idea que cambiaría algo más que su propio mundo. Este empresario ideó unas zapatillas que más de un siglo después siguen de plena actualidad: las Victoria.
Con 'adn' español, más concretamente de La Rioja, Gregorio tuvo algo más que una visión comercial. Porque a la zapatilla que acaba de crear le puso "el nombre de su primer amor, su mujer Victoria". La importancia del gesto es tal que aparece a modo de filosofía de la empresa en su propia web.
Su sueño creció y creció, hasta hacer de Victoria una marca fundamental en la España de mitad de siglo en adelante.
111 años después de nacer al mundo, Victoria es un negocio redondo con extensión en 56 países. Con el cambio de siglo llegó el gran despunte internacional y hoy, la empresa concentra sus principales beneficios entre España, Francia, Inglaterra e Italia. Como detalla El País, estos cuatro mercardos concentran el 75% del negocio, mientras que el 25% restante se reparte en algo más de una cincuentena de países.
Pero a esta historia hoy floreciente le preceden episodios críticos, como los que se vivieron justo antes del cambio de siglo y milenio, allá por 1999.
Entonces, Victoria pasó de ser un motor local a niveles de empleo y reputación a sufrir una crisis que pudo costarle su propia superviviencia. Como relatan sus responsables a El País, en 1999 y tras una suspensión de pagos de la familia fundadora, "nace un proyecto renovado bajo Calzados Nuevo Milenio".
"Este nuevo grupo asumió el reto de rescatar la compañía de una estructura industrial obsoleta que lastraba cualquier posible beneficio”, relata el actual director ejecutivo, Javier Garrido.
Cambiaron muchas cosas, pero no dos elementos nucleares de la empresa y de lo que significaba. Por un lado, su nombre, Victoria; por otro, su concepto. El objetivo de los nuevos responsables era volver a la esencia que en su momento catapultó a la marca.
"Hemos ido recuperando piezas para ver cómo una tendencia actual puede alinearse con cosas que ya hicimos en el pasado”, apunta el propio Garrido, cuya relación con Victoria va más allá de lo empresaria, al tener raíces familiares en las factorías de la zona.
En 2019, Victoria vivió otro hito con la inauguración de su enorme sede. Esta tiene características propias más allá del tamaño. No en vano, genera su propia energía gracias a los 300 paneles fotovoltaicos que 'cubren' la fábrica.
Está configurada para mantener una temperatura casi constante en la que no hacen falta ni la calefacción ni el aire acondicionado, lo que aporta una eficiencia energética máxima y facilita un ahorro millonario que se reutiliza en proyectos de I+D.
