Caroline, 52 años, tiene fobia al calor: "Para mí, el calor empieza por encima de los 22 grados. Es como si todo mi cuerpo entrara en ebullición"
Un umbral especialmente bajo que modifica su rutina durante buena parte del año.
Hay quienes esperan el verano durante todo el año y quienes cuentan los días para que llegue el frío de nuevo. Una cuestión de gustos que suele dividirnos cada vez que suben las temperaturas, aunque este año parece haber algo en lo que muchos coinciden: el calor está apretando más de la cuenta. De hecho, para algunas personas no se trata solo de una cuestión de incomodidad, sino de un auténtico problema.
Es el caso de Caroline Capodanno, una francesa de 52 años que asegura tener una auténtica fobia al calor. La resistencia a las altas temperaturas no es igual para todo el mundo y depende de numerosos factores, como la edad, la condición física, el estado de salud o la hidratación. En su caso, el umbral es especialmente bajo: a partir de los 22 grados, asegura que empieza a sentirse realmente mal.
Para Caroline, las altas temperaturas no se traducen simplemente en una mayor incomodidad, sino en una sensación física difícil de soportar que condiciona incluso su día a día. “Para mí, el calor empieza por encima de los 22 grados. Es como si todo mi cuerpo entrara en ebullición”, explica en declaraciones recogidas por Le Parisien, describiendo así cómo vive una temperatura que para muchas personas todavía resulta agradable.
Irritabilidad, impaciencia y ansiedad
Por ello, el calor modifica su rutina durante buena parte del año. Caroline asegura que ya en abril empieza a asumir que llega “la mala parte del año”, una época en la que las temperaturas condicionan desde la ropa que utiliza hasta los lugares en los que prefiere vivir o pasar sus vacaciones. Su objetivo es evitar, en la medida de lo posible, aquellos ambientes en los que sabe que su cuerpo reaccionará peor.
La situación también tiene un componente psicológico, ya que el aumento de la temperatura puede provocar irritabilidad, impaciencia y una sensación de pérdida de control en personas especialmente sensibles al calor. Además, en algunos casos el bochorno puede intensificar síntomas relacionados con la ansiedad, como las palpitaciones, la sensación de ahogo o el malestar físico.
Este verano, por ejemplo, las temperaturas están poniendo a prueba a buena parte de la población, con episodios de calor especialmente intensos en distintos puntos de Europa. En España, las olas de calor pueden llegar a generar condiciones capaces de dificultar incluso la regulación natural de la temperatura corporal. Una situación que para personas como Caroline convierte los meses de verano en una auténtica carrera por encontrar alivio y escapar de las altas temperaturas.