EL DESEO DE CREER
Se olvidan de la más importante y la más potente de todas las fuerzas: el deseo de creer. En lo que sea. En que Zapatero es una persona honrada.

A la hora de explicar el universo conocido, los físicos concentran en cuatro grandes fuerzas todo su funcionamiento: la fuerza de la gravedad, la fuerza electromagnética, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil. Se olvidan de la más importante y la más potente de todas las fuerzas: el deseo de creer. En lo que sea. En que Zapatero es una persona honrada, en que lo que hace Bad Bunny es música. En que el Dios de los católicos existe, en que León XIV es su representante en la Tierra designado por el Espíritu Santo. En que la selección española puede ganar el Mundial, en que la última película de Spielberg forma parte de la preparación de la población mundial para la inminente revelación del contacto que ya se ha establecido con los extraterrestres.
Todos los Vengadores de Marvel, aliados con la Liga de la Justicia de DC, podrán vencer a Thanos, el devorador de galaxias, y arrebatarle las Gemas del Infinito, pero no van a convencer a mi vecino Ricardo de que Luis de la Fuente no debió convocar a Borja Iglesias para la selección. Las fuerzas telúricas que durante millones de años sometieron a presiones planetarias a la materia orgánica hasta convertirla en petróleo no harían ceder un milímetro la convicción de mi prima Margarita de que el PSOE está siendo víctima de un golpe de Estado judicial por parte de jueces franquistas. “Pero, Margarita, si son los mismos jueces que hace ocho o diez años se cargaron al PP”. “Claro, lo hicieron para salvar las apariencias y poder tener cancha libre para acabar con un honrado gobierno de progreso diez años después”.
Uno cree cuando no sabe. Si sabe, ya no cree. Y, desde las cloacas hasta la Sagrada Familia, desde Shakira hasta el Instituto Gemológico Español, ésta ha sido una semana llena de creencias, es decir, vacía de sabiduría. La polarización no vuelve las opiniones cada vez más extremas, sino cada vez más emocionales. Y al leer o escuchar a un profesional del debate público, ya nadie duda acerca de las conclusiones a las que va a llegar, sino acerca del camino de retórica por el que va a llegar a ellas —exactamente el camino contrario que recorrería si el Fiscal General del Estado que firmó un auto contra la juez Biedma fuera del partido contrario, el líder religioso que visitó nuestro país durante esta semana fuera de la religión contraria o el penalty se pitase contra el equipo contrario—.
El efecto que buscan los que han convertido las opciones políticas en sectas es lograr que las opiniones dejen de ser algo que tenemos y pasen a ser algo que somos. Es de primero de Propaganda. De primero de Manipulación. De primero de Distopía. Ignacio de Loyola lo dejó claro: “Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad”. Sustituyan “Ignacio de Loyola” por “Óscar Puente” y “Señor” por “Pedro Sánchez” para pasar del siglo XVI al siglo XXI. Por eso, los intentos de convencer a alguien sobre política o religión tienen las mismas probabilidades de triunfar como los intentos de convencer a alguien de que se suicide. “Profe, si yo sé que usted tiene razón, pero si opino como usted me quedo sin amigos”, me dijo una vez un alumno. No conseguí convencerle.
El HuffPost no se hace responsable ni comparte las opiniones expresadas por los autores o colaboradores de esta publicación.
