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No hay mal que por bien no venga (en las plazas africanas)

No hay mal que por bien no venga (en las plazas africanas)

"España es un país democrático, y frente a la inmigración solo cabe una respuesta acorde con los principios humanitarios que hemos adoptado inflexiblemente".

Los entre 3.500 y 5.000 migrantes, según el Gobierno de Ceuta, que aún no han retornado a Marruecos, malviviendo en las calles de la ciudad, el 3 de agosto de 2026.
Migrantes en CeutaReduán / EFE

El célebre refrán español, «no hay mal que por bien no venga», tiene raigambre antigua. Miguel de Cervantes la utiliza en el capítulo XXI de la primera parte de Don Quijote de la Mancha (1605), cuando pone en boca de Sancho Panza, con esa lucidez rural que lo caracteriza, esta afirmación lapidaria: «No hay mal que por bien no venga, ni desgracia que no traiga consigo alguna buena ventura».

El aforismo es humilde y, por irrespetuoso, no suele caber en las grandes ocasiones. Que yo recuerde, solo una vez en las últimas décadas ha resonado públicamente en los trances grandilocuentes que hemos vivido. Fue, nada menos, el general Franco quien sorprendentemente usó el refrán cuando, tras el asesinato del almirante Carrero Blanco a manos de ETA, nombró a Arias Navarro en su lugar presidente del Gobierno de la dictadura. Nadie entendió bien aquella sorprendente laudatio, pero muchos descreídos pensamos que el almirante muerto se había removido en su féretro al escuchar aquella monumental falta de respeto a su sacrificio supremo.

Acabamos de asistir a la pacífica invasión de Ceuta por una tranquila horda juvenil sin que sepamos a ciencia cierta las principales claves del suceso. Es obvio que una tropa de tal magnitud no se prepara sin conocimiento de la jefatura del Estado marroquí, que es una dictadura como nadie ignora. Pero también lo es que tan colosal esfuerzo no resulta inteligible. Al margen del centenar de muertos (a quienes nadie parece prestar gran importancia) que ha costado la operación, no acaba de entenderse ni el móvil ni el objetivo ni la autoría real de la misma. Y sin embargo, procede claramente aplicar el refrán quijotesco: "no hay mal que por bien no venga".

Efectivamente, el suceso ha rendido dos importantes servicios a este país, como ahora mismo trataré de demostrar.

Uno primero es la conclusión de que las plazas africanas no generan una situación estabilizada de la que podamos desentendernos con tal que les prestemos una rutinaria y vaga atención. La realidad es otra: como es bien sabido, Marruecos las reivindica, con la razón que le proporciona la geografía frente a la historia que esgrimimos los españoles. Y tal reivindicación es utilizada esporádicamente por los Estados Unidos —el gran sostén de Mohamed VI— para presionar a España siempre que lo necesita. Ya es hora de que las fuerzas vivas españolas, PP y PSOE en primer lugar, interioricen que cualquier gesto de aproximación a Argelia o a las tesis del Frente Polisario será respondida gentilmente por la otra parte mediante un alarde multitudinario. De hecho, el gran precedente de la invasión ceutí es la «marcha verde», organizada por el padre del actual monarca, tan ladino y astuto como su malencarado vástago, habitual de las noches parisinas.

Hay que reconsiderar, pues, toda nuestra estrategia a medio y largo plazo. Replantear la defensa de las plazas. Analizar la conveniencia o no de mantener la soberanía a toda costa. Cómo habremos de abordar la inmigración que inevitablemente se generará en estos puntos, etc. No es serio, en fin, que nos encontremos una mañana con casi cien mil marroquíes en la sopa sin habernos dado cuenta siquiera de que se acercaban.

La segunda cuestión que cabe obtener del incidente es de consumo interno. Podemos hacer planes inefables sobre la inmigración, pero a la hora de la verdad el asunto es muy simple porque se ubica mediante unas coordenadas elementales: primera: habrá presión demográfica siempre, tanto mayor cuanto más alto sea el gradiente de renta entre la orilla norte y la orilla sur del Mediterráneo. Esto es, mientras Europa sea el paraíso del infierno africano, los flujos no cesarán.

Segunda coordenada: España es un país democrático, y frente a la inmigración solo cabe una respuesta acorde con los principios humanitarios que hemos adoptado inflexiblemente, irrenunciablemente. De momento, en varias comunidades autónomas el PP ya ha pactado con VOX una política migratoria inaceptable porque choca con el bagaje ético y constitucional del régimen. No es posible que las decisiones en este ámbito las adopte una formación xenófoba y racista. Y que nadie espere por tanto que la opinión pública permanezca pasiva si alguien tiene la tentación de no atender a los menores no acompañados o de no salir en socorro de pateras en dificultades, pongamos por caso.

Es cierto que algún país díscolo, como Italia, ocasionalmente en manos de la extrema derecha, está intentando fórmulas exóticas para sacudirse el peso de la impopularidad. Pero ya empieza a ser evidente que la solución de almacenar inmigrantes en Albania no es atinada, entre otras razones porque la opinión pública italiana condena ya masivamente esta evasiva.

El camino de allanar la relación Norte-Sur entre Europa y África no pasa por alzar muros, por amurallar las costas o por hundir salvajemente las pateras como ha propuesto algún descerebrado español. La UE ha de pensar y aplicar una onerosa política basada en criterios de integración y trato humanitario. Los genocidios y los disparates étnicos ya se cometieron en el siglo XIX en África pero hoy, felizmente, Europa no tiene más remedio que demostrar que los tiempos han cambiado. Y VOX, junto a sus sospechosos aliados, no será capaz de impedirlo.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

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